A veces crees que eres una mierda

¡Hola! Escribí la entrada de “A veces todo es una mierda” con la intención de ayudar a alguien, y resulta, que a quién ayudó fue a mí. Me liberó de una serie de sensaciones, como si contándolo pusiera el punto y final a una época. Y me gustó tanto que decidí intentar hacer lo mismo con otra de mis oscuridades del pasado, porque aunque a veces la tenga presente, ya no es lo mismo. Así que, si me lo permitís, os usaré de terapia…

Young and beautiful – Lana del Rey

Tenía 7 años, era una niña menudilla, de paletas grandes y un poco salidas. Nunca fui gordita, bueno, ahora que veo las fotos sé que no lo era. Tenía 7 años, mis padres habían organizado una barbacoa con varias parejas de amigos, tenía 7 años y una mujer al despedirse de mi mejor amiga le dijo que siguiese así de guapa, tenía 7 años y esa mujer al despedirse de mí dijo palabras textuales: “Contrólate un poco que te estás poniendo muy gordita”. Tenía 7 años y mi profesora de baile me dijo: “Contrólate que estás echando buche de pájaro”. Tenía 7 años y esas mujeres me sentenciaron a una vida llena de inseguridades, me sentenciaron a una vida viendo mi cuerpo distorsionado. Yo no entendía que no me pasaba nada, no tenía herramientas para superar ese tipo de comentarios, no tenía una imagen concreta y segura de mí misma, tenía 7 años, joder, no tenía una imagen de nada. Así que comencé a meter la barriga, no sé lo que es ir por la calle con los músculos del estómago relajados. En los campamentos de verano me esperaba para ducharme la última para que me vieran lo menos posible sin ropa.
Empecé a masturbarme, empecé a entender mi sexualidad, a desear estar con un hombre. Era una niña de 11 años que odiaba su pelo por ser demasiado encrespado, odiaba sus dientes por ser demasiado grandes, odiaba su cuerpo amorfo. Y lo pensé, creeréis que no, pero lo pensé de una manera seria, que de mayor ningún hombre querría estar conmigo, pero yo lo necesitaría, así que mi conclusión fue que tendría que hacerme prostituta. Es más, no sé cómo supe que había unos sitios en los que te dominaban si pagabas. Me imaginé soltera, volviendo del trabajo un viernes, ganando un dinero que gastaría el sábado en un lugar para que me ataran, me golpearan y me follaran.

Crecí un poco más y noté que sí le gustaba a los chicos, pero tenía el autoestima tan hundida que basé mi seguridad en que cualquiera me dijese dos palabras medio bonitas. Hice cosas de las que me arrepentiré siempre. Tenía 15 años, hice cosas de las que me arrepentiré toda la vida. Es curioso porque a esta edad se me desarrolló un sentimiento extraño, los hombres se sentían muy atraídos por mí, mi tío me dijo una vez que era una Lolita. Yo lo sabía y ese sentimiento de que acabaría sola porque daba asco se transformó en una lucha interna: sólo les gusto por mi cuerpo, no tengo nada más que aportar, pero sé que no soy perfecta, que tengo grasa y un poco de celulitis, pero les gusta mi cuerpo y lo sé, sé que me desean pero no creo que lo merezca, soy imperfecta y no estoy tan delgada como querría.
Me gustaría decir que cuando empecé con Él esto desapareció, pero no fue así. Es algo que me ha acompañado toda la vida, sólo hasta hace un año y medio más o menos he sido capaz de ver que soy mucho más que un cuerpo.
Estaba enferma, y no, no he sido bulímica ni anoréxica, aunque reconozco que en cierta época envidié a las que lo eran. Yo me abrazaba al wáter, me metía los dedos, pero a la primera arcada me asustaba. Me controlaba la comida, pero nunca hasta no comer nada.

Los embarazos no ayudaron mucho, si ya tenía distorsionada la imagen de mi misma, los cambios en mi anatomía fueron el colmo. Cuando tuve a mis hijas había perdido la proporcionalidad de mi cuerpo, no sabía si era ancha de caderas, si era gorda o flaca, y para que entendáis mejor la locura que era, os diré que justo después de parir pesaba 53 kilos, lo máximo que he pesado en mi vida. Nunca dejé de usar mi ropa normal, incluso había personas que no se daban cuenta de que estaba embarazada. Pero yo me veía inmensa. Y llegaron los peores años de esta mierda, conseguí llegar a los 48 kilos, pero no estaba contenta, quería 47, eso decía, consciente de que cuando los consiguiera querría los 46 y así… Mi Amo no sabía qué hacer conmigo, me castigaba por ello, mis amigos estaban hartos de decirme que no me entendían, que estaba perfecta… pero no, no lo estaba, no en mi cabeza. Y digo en mi cabeza, porque no era algo que hiciera porque considere que la delgadez es sinónimo de belleza, en esto me ha pasado como con muchas cosas, que en los demás algo me parece bonito pero en mí no lo soporto. Una amiga me dijo que la ofendía siendo así, las personas con este problema tendemos a crear rechazo y críticas. A mí ella y su cuerpo me encantan, la veo guapa y una mujer muy atractiva. Pero no lo hacía por estética, lo hacía porque creía que era lo único que podía hacer para valer, era más fácil controlar la comida que enfrentarme a mis demonios.
Mi padre siempre ha sido un hombre con carisma, un hombre atractivo, mujeriego y muy sexual. Un hombre que le decía a mi madre una y otra vez que quería que estuviese más delgada, que tuviese el pelo más largo y más rubio, sí, que se pareciese más a Pamela Anderson. Creo que esto también me ha afectado mucho. Cuando voy a ver a mi padre me gusta ponerme muy guapa, me gusta que me mire y me diga lo espectacular que soy, lo orgulloso que está de mí por no haberme abandonado después de mis hijas. Le da igual a qué precio haya sido eso…

Un día, hace un año y medio, decidí que así no podía vivir, no sólo por estar siempre triste y con una angustia horrible, ni siquiera por mi Amo que demasiado me aguantaba, sino porque tenía dos hijas y no quería verlas pasar por lo mismo, dos niñas que me imitarían, que aceptarían mis estereotipos como válidos. Con eso no podría, no quería que pasaran por lo mismo que yo. Así que tomé una de las mejores decisiones de mi vida, pedí ayuda a un profesional. Y así fue como la vida puso a otra persona maravillosa en mi camino, que me enseñó que yo valía mucho más que la grasa que hay en mi cuerpo, que mi marido está a mi lado no sólo por mi cuerpo, sino por mil cosas que yo no veía. Me enseñó que mis defectos no eran tan horribles como yo imaginaba, al fin me hizo comprender qué era eso tan especial que los demás veían en mí y que, por supuesto, no era mi cuerpo. Me enseñó todo lo que soy capaz de hacer.
Llevo un año y medio sin pesarme, aún no confío en que esos malditos números no me afecten. Me gustaría decir que ya no me preocupa nada, pero no. Aún hay días que sin motivo me quedo enganchada en que he visto una molla en cualquier sitio insospechado, o que me he visto más mofletes, o he comido demasiado chocolate… pero no es lo normal, por lo general me siento bien, puedo disfrutar de la comida, saber cuáles son las proporciones de mi cuerpo, he aceptado cómo soy y me gusto. Por ahora voy ganando todas las batallas, aunque la lucha sea dura.
Sé que le gusta como soy por dentro, que me ama por la persona que soy, pero también sé que mi cuerpo lo vuelve loco, que adora verme desnuda, que se excita sólo con verme en ropa interior… y esto es un arma de doble filo. Y entonces lo sé, sé que aún no estoy curada del todo porque me asusta dejar de gustarle, dejar de controlarme y que mi cuerpo deje de gustarle, por más que me diga que le gustan las mujeres con curvas, que odia los huesos marcándose. Me da mucho miedo pensar en el futuro, en si me querrá cuando ya no sea joven y hermosa…
La imagen es la peste de ésta época, y lo digo yo teniéndola encima. Hace que las mujeres nos pasemos la vida buscando y anhelando una belleza que no existe, queriendo llegar a unos límites generalizados que no se adaptan a las características de cada una. Y si eres capaz de encontrar tu belleza, nos condena a pasarmos la vida preguntándonos si nos querrán cuando ya no seamos jóvenes y hermosas…

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6 respuestas a A veces crees que eres una mierda

  1. judith dijo:

    Impresionante.
    Lo que cuentas y cómo lo cuentas.
    Acabo de encontrarte.
    Quiero leerte entera.
    Gracias por compartirlo.
    Insuperable tu confesión. Preciosa!
    Tu seguidora de hoy en adelante.

    • Pelusilla dijo:

      Muchas gracias!! Sé bienvenida, me ha encantado eso de “quiero leerte entera”, me ha llegado al corazón jaja
      Un besazo

  2. Elisa dijo:

    No hay nada que pueda comentarte a esto, es un placer poder leerte así, descubriéndonos quién eres, desnudándote.
    Eres preciosa, por dentro y por fuera, y me alegro de que poco a poco lo descubras.
    Yo llevo queriendo dejar de crecer desde los dieciocho años, desde que me empezó a parecer que mi única virtud es ser joven y tener una cara dulce. Me aterra envejecer. Me aterra ver cómo cambio, cómo pierdo el poco atractivo que tengo. Es la peor lucha, la lucha contra el tiempo. Siempre ganará él.
    Un besito.

    • Pelusilla dijo:

      Como siempre, muchas gracias. Quizá nuestro problema es que nos aferramos a una de nuestras virtudes y nos da miedo perderla, y estamos tan obsesionadas que no vemos las mil cosas más por las que valemos. Tú también eres preciosa, por fuera y por dentro, y estoy segura de que eso no va a cambiar.
      Un besazo

  3. Cristina dijo:

    Después descubrir el blog de Anpoulain y leer la entrada de ayer, ahora leer esta. Qué daño hace la gente sin darse cuenta. ¡Qué daño hace la sociedad!

  4. Pingback: Soy fuerte, humílleme | Azote y Café

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