Adicta al dolor

Sucker for pain – BSO Suicide Squad

Cierro los ojos y mil historias vienen a mí, no son cuentos, cada una de esas historias me trae una emoción, una sensación, estoy vinculada a esas personas ¿Soy yo? En cada una de esas historias hay un tipo distinto de dolor, y es que soy adicta al dolor. Tortúreme, hágame olvidar y recordar el dolor del pasado, el dolor del futuro. Un día me golpeaba la boca, el sabor de los golpes invadieron mi lengua, mi nariz, era un dolor familiar, tan familiar que no me gustaba pero no quería dejar de sentirlo, me ataba a un lugar lejano, a un lugar oscuro pero que era mío, era mío porque en él me crié en algún momento de mi recorrido. Cómo no querer recordar quién fuiste, cómo no volverte adicta a la locura de conocer a cada una de las personas que has sido. Estaba follando y las imágenes, los recuerdos de una niña que fui, de los golpes que recibió, de un dolor más oscuro que escondía se me aparecieron como una macabra y preciosa visión. Soy adicta al dolor, al dolor del pasar de los siglos, soy adicta pues en cada vida he crecido gracias al dolor, quién despierta cuando sueña cosas hermosas, y quién es el valiente que no despierta ante una horrible pesadilla. No llores pequeña niña conozco tu dolor, es el mío, es un dolor que se me agarra al pecho, el dolor más horrible que he sentido en esta vida, y es tuyo, pero a la vez es mío, lo arrastro. Vi morir a mi pequeña hermana entre mis brazos una húmeda y oscura noche, y escribo esto llorando amargamente, porque me haces recordar el momento en que te arrancaron su inerte cuerpecito de tus brazos, y te quedaste sola, nos quedamos solas, te rendiste, nos rendimos, y ahora yo tengo que retomar el camino, no quisiste ser lo que debías ser y aquí estoy yo llorando tu pena que es nuestra, doliéndome de tu vacío, tu impotencia, de tu abandono…

Me torturas, me asustas, no quiero encontrarte en mi pasillo, porque ahí estás, aún rondándome, recordándome que mi alma es adicta al dolor. Mi alma es adicta al dolor. Las fieras que me devoraron mientras miraba al cielo pidiendo clemencia a Dios, preguntándome dónde estaba, teniendo una crisis de fe en mitad de un circo. Amé al señor de mi domus, él amó mi pelo rojo, mi cuerpo recio y robusto, él me amó, pero soy adicta a dolor y por eso la esclava murió sola en un rincón, rogando que apareciese, que su amo apareciese para no morir en soledad. Sentí las llamas devorando mi cuerpo, las siento cada vez que me ducho con el agua hirviendo, siento las llamas consumiendo la desesperación de ver que lo entendieron todo al revés. Fui la que vio como su soldado partía para no volver… Somos lo que fuimos, los miedos irracionales que nos acompañan son recuerdos, pues antes de recordar lo que ahora recuerdo ya tenía miedo a la guerra por no soportar verlo partir, ya me asustaba que mis hijas murieran repentinamente en la oscuridad, ver sus cuerpecitos inertes como el de mi pequeña hermana en aquella vida. Pero es que soy adicta al dolor, porque quien no se duele no gana, quien no sufre no despierta, quien no se plantea qué es el mundo no se da cuenta de que no es más que un campo de ensayo, un teatro en el que interpretar papeles, de malos y buenos, de putas y santas, pero que eso no es más que un papel, que el bien y el mal no existe, muere quien tiene que morir cuando tiene que morir, y no se va para siempre. Soy quien fui, soy el dolor que arrastro, soy la desesperación del dolor de los azotes, esos que me hacen crecer en esta vida, una vida de ajustar cuentas, de recordar, de recordar a la noble egipcia que murió sin pena y sin gloria, de recordar a la musa del pintor, sí, ese pintor que dejó plasmadas mis vidas, esas que yo le contaba.

Es una puta locura, todo esto es una puta locura, pero ya lo llevo avisando, id acostumbrándoos porque lo que ahora clama mi voz es gritar todas esas cosas ilógicas, todas esas sensaciones que me convierten en loca para vosotros y que le dan vida a una luz de mi pecho, una luz que es cada vez más grande, que me hace ver las cosas con más perspectiva, que arranca el miedo de cuajo.

Soy adicta al dolor, porque quiero crecer, quiero despertar del todo, quiero alcanzar todo mi potencial. Tiradme palos y piedras, rechazadme, insultadme, me dolerá, pero es que soy adicta al dolor, nada puede dañarme solo me hará crecer. Quien no se duele no gana, quien no se duele no despierta.

Soy adicta al dolor, a la melancolía que me provoca el country, a la tristeza que a veces me asalta y no sé de dónde viene, una tristeza de otras vidas, la tristeza que guardan mis células humanas. La tristeza que me da no poder traducir en palabras lo que siento, la tristeza…

Y ahora me golpea, y me hace recordar, me folla y me hace viajar por el tiempo. Me abraza y me recuerda lo que no tuve tiempo atrás… Lo miro dormir y recuerdo nuestro acuerdo, ese que hicimos antes de ser carne, antes de coger nuestro disfraz: “Te ayudaré, pero dolerá” y qué coño importa si mi alma es adicta al dolor, qué es una correa frente al rendirse de una niña, frente a la impotencia de saber que vas a vivir muchos años en una vida que ya no quieres vivir, qué es una correa frente al llanto que me nace del corazón, frente al dolor de mi pecho cuando recuerdo esa cama solitaria y fría, frente al dolor de saber que mis manos y pies estarán fríos las vidas futuras porque sin ella ya nadie me las calentaría…

Escribir esto me está costando, publicarlo me costará aún más. Lucho contra mis propios filtros, los filtros del miedo, esos filtros que ya poco puedo mantener en firme, filtros que he decidido romper, aunque convierta este blog en un cúmulo de locuras que nadie cree, yo las creo y es lo que importa.

Me dolerá, pero mi alma es adicta al dolor, porque quién no se duele no despierta.

Me asomo a la ventana del castillo para contar esto, pues no quería despedir el año de forma común, quería hacerlo rompiendo con el miedo, haciendo algo que no habría hecho la Ángela del 2016, pues este año que empieza es el primero de esta nueva etapa, de esta nueva vida dentro de mi vida. Esto es sólo un símbolo, uno de esos que necesito para coger impulso y ser valiente, esos que necesito para sentir que estoy siendo honesta.

Feliz Año Nuevo. Empiezan los “sinsentidos”…

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2 respuestas a Adicta al dolor

  1. Manolo Blog dijo:

    La vida está llena de contradicciones y de incoherencias…

    Quizás es posible convivir con ellas…

    … pero es mejor, de vez en cuando, poner algo orden dentro del caos.

  2. Tony Simba dijo:

    Feliz Año Nuevo 2017, Ángela!
    Feliz Renacimiento.
    Comienza otra etapa. Sabes que estoy aquí.

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