El viejo Amo

Cortaba las verduras meticulosamente, ensimismada, poniendo la atención necesaria para no cortarse. Una rodaja de calabacín, otra, otra, otra… estaba tan en su mundo que no notó que Él había entrado a la cocina, no se dio cuenta hasta que notó Sus manos subiendo por sus muslos. Paró en seco ante el tacto de Su piel, se quedó petrificada. Las manos subieron hasta poder penetrarla con los dedos. Ella echó la cabeza para atrás, dejó el cuchillo a un lado y se entregó al disfrute…

Ava Adore – The Smashing Pumpkins

¿Recuerdas aquel día en la cocina? Mientras cortabas las verduras para el guiso y yo llegué por detrás, te agarré tus tersos muslos con fuerza, los pellizqué como solía hacerlo ¿Recuerdas tus gemidos entre mis dedos, recuerdas cómo los mojabas? Y ahora estás seca, seca y vacía. Hace mucho que no pruebo tu sabor, hace tanto que no muerdo tu carne, pero es que ni tú tienes ya carne, ni yo dientes, tu eres pellejo y yo… ¿Recuerdas cómo te estremecías cuando escuchabas la hebilla de mi cinturón? Recuerdas ese día, sí ese en la cocina, que pasé mi correa por tu cuello, que la apreté lo justo para que sintieses la presión, para que notases el palpitar de tu corazón en cada poro de tu piel… ¿Recuerdas cómo lamía tu oreja desde atrás, cómo te susurraba que eras mía, solo mía? Te estremecías de una manera tan deliciosa. Estábamos llenos de vida y pasión, tú creías morir de placer, de asfixia, de vida… ¿Recuerdas cómo te follé en la encimera? Tirando de la correa que rodeaba tu delicado cuello ¿Recuerdas cómo te clavabas los huesos de las caderas contra el granito?¿Recuerdas cómo las verduras acabaron esparcidas por el suelo, por el fregadero? ¡Qué imagen tan encantadora! Tú corriéndote sobre la comida, babeando como una zorra sobre el cuchillo. Qué hermoso fue correrme en tus entrañas, llenarlas de mí, conquistando cada recoveco de tu coñito que era fruta tierna y madura, fruta que abrazaba mi polla dura, llena de sangre, de vida… Y ahora… ahora ya no eres fruta, no eres vida, estás seca y yo… a mí ya sabes que no se me levanta desde hace mucho.

¿Recuerdas tesoro? ¿Nos recuerdas desnudos frente a la chimenea? Yo sentado en mi mecedora y tú con la cabeza apoyada en mi regazo ¿Recuerdas cómo era el tacto de mis dedos en tu suave pelo? ¿Recuerdas cómo era ser mi perra? ¿Recuerdas lo que era la vida? ¿Recuerdas lo felices que éramos? No, ya estás seca, estás seca de sangre flujo y recuerdos.

Tienes la mirada perdida, noto que me miras y no me ves. Hace mucho que no puedo exigirte, que no puedo mandarte, hace mucho que lo único que puedo hacer por ti es cuidarte, acariciarte la cabeza pero esta vez de ternura, limpia y sin intención. Sigues siendo mi perrita, una perrita perdida y anciana, una perrita que ya no ve, casi no oye y no recuerda. Pero sigo siendo tu dueño aunque haga mucho que no te folle. Aquí sigo mi amor, a tu lado, da igual que tu carne ahora sea pellejo, da igual que mis dientes ya no estén para marcar tu carne, aquí sigo a tu lado mi vida, no te abandoné, espero que puedas ser consciente de ello, espero que en el fondo de esa cabecita ya perdida, haya una neurona que sea consciente de que tu Amo estuvo contigo hasta el último suspiro, que te limpió, te mi mimó, te agarró la mano mientras te perdías sin que yo pudiera hacer nada. Y no lo sabes tesoro, no sabes lo terrible que es haberte guiado, saber que yo tiraba de tu mano, y ver cómo te ibas sola sin que yo pudiese ordenarte parar… a quién quiero engañar, sí te lo ordenaba, pero tú ya no podías obedecerme. El día que comprendí que ahora era yo el que tenía que quedarme a los pies de tu cama, que ahora era yo el que debía apoyar mi cabeza en tu regazo, que tú ya no lo harías más, el día que supe que no volverías a llamarme Amo, comprendí que serlo no era una respuesta a tu comportamiento, comprendí que no importaba que tú no volvieses a reconocerme como tal, comprendí que yo soy tu dueño inevitablemente y hasta el final… Así que aquí estoy mi vida, viendo cómo te consumes, viendo la hermosura de tus ojos ya vidriosos, llorando mientras recuerdo cómo éramos antes, contándotelo en un intento de que salgas de tu letargo, que algo te haga volver… Qué triste es esto ¿Por qué no podía durar eternamente?¿Por qué no pudo ser así hasta el final? No te preocupes tesoro, lo único que deseo de corazón es que de verdad no recuerdes todo lo que te cuento, porque nunca me gustó verte triste y sé que si lo recordaras te pondrías tremendamente triste, te sentirías realmente mal por no poder reconocerme, por no poder llamarme Amo.

Y al final me convertí en uno de ellos, en uno de esos ancianos que se levantan para cuidar de su animalillo, que creen que cuidan de su vieja perra sin querer enfrentarse a la realidad: Cuando la perra muera, morirá el Amo…

¿Recuerdas tesoro? ¿Recuerdas aquel día que tú partías verduras en la cocina?¿Recuerdas el tacto de la correa en tu cuello?¿Recuerdas cómo te follé contra la encimera?¿Recuerdas que acabamos comiendo pizza frente a la chimenea?¿Me recuerdas, mi vida?

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4 respuestas a El viejo Amo

  1. Espartana dijo:

    Totalmente conmovida Ángela, era incapaz de contener las lágrimas mientras lo leía.
    No podías expresar mejor la intensidad de la relación verdadera AMO-sumisa.
    En mi cabeza no paro de repetirme un AMO sin su sumisa es como un jardín sin flores, me reconforta y me llena de fuerza.
    Enhorabuena!!

  2. avefenix dijo:

    Que maravilla y que placer para los ojos leer algo tan hermoso…Gracias por compartirlo

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