La despedida

Him & I – Halsey ft G-Eazy

Hay una habitación en la que Él y ella están haciendo el amor. Ella subida sobre Sus caderas lo mira y Él le devuelve la mirada, nadie puede entender qué ve cada uno en los ojos del otro, ni siquiera ellos. Nada hay en el mundo en esos momentos, solo las sensaciones, los sentimientos y el placer a borbotones.

Azotes, mordiscos, besos, caricias, sexo desmedido y sexo suave y profundo, palabras obscenas y las palabras de amor más hermosas y sentidas que jamás nadie ha escuchado… todo se mezcla en la locura de esa cama, todo se siente en el universo que es esa cama.

Han pasado por muchas fases, necesitaron un tiempo de mostrarse, necesitaron un tiempo de aceptarse, necesitaron un tiempo en el que gritarle al mundo que no eran demonios, que eran seres amándose de la forma más auténtica que podían.

Él la agarra de la nuca mientras la penetra “No dejes de mirarme a los ojos” a ella no se le había pasado por la cabeza ni siquiera pestañear, cómo dejar de perderse en el negro de Su iris, en los secretos que oculta Su pupila. Son solo Él y ella, no hay mucho que argumentar, poco hay que contar más, no tienen nada de especial y lo tienen todo. Son solo Él y ella, humildes y tremendamente poderosos, Él y ella, solo dos personas, con sus virtudes y sus defectos, dos humanos luchando por llegar al origen de todo esto que sienten… Follan para sentirse lo más cerca de la magia que se han sentido nunca. ¿Por qué se entrega ella? ¿Por qué la domina Él? Qué más da, qué le importa a nadie ¿Cómo se entrega ella? ¿Cómo la domina Él? Qué importa, nunca se trató de eso, nunca importaron las formas ni los motivos, solo importaban Él y ella, ahora lo saben, ahora ella al fin lo sabe…

Hay una habitación con vistas a la ciudad de noche, una cama en la que el demonio y Su bruja follan, unas sábanas bajo las que el humano y Su diosa, bajo las que el dueño y Su perra se aman sin miedo a descubrir dónde les llevará eso, sin miedo a qué descubrirán bajo cada capa de piel que se arrancan. Hay una habitación que poco a poco va desapareciendo tras un telón de esos de teatro antiguo, tras el que Él y ella seguirán amándose mirándose a los ojos, tras el que Él y ella seguirán amándose como animales, dejando al instinto hablar, manejar sus caderas… Se cierra el telón pero ellos nunca dejarán de ser Él y ella, nunca dejarán de ser.

 

Me despido de esta etapa, se cierra el telón para mí en este blog. Llevo mucho tiempo intentando entender mis sentimientos respecto a él, mi falta de inspiración y motivación. He necesitado un tiempo en el que alejarme de todo y fluir, dejar a la vida que me hable, para poder comprender que esto ya no tiene sentido para mí. Comencé este blog para comenzar a aceptarme, lo hice para desahogarme en ese proceso… pero han pasado los años, he ido avanzando hasta aceptar esta parte de mí del todo. Y si ese proceso termina lo lógico es que este “diario” en el que lo plasmaba termine también. No soy solo lo que muestro aquí, soy mil cosas más y esta parte está tan integrada en mi vida, es ya tan natural, que pasa desapercibida entre las demás… No me queda nada pendiente con ella, nada más que vivirla, solo vivirla. Ha llegado el momento en el que nuestras cosas sean solo nuestras, el momento en el que cerrar este capítulo y seguir adelante explorando otras posibilidades, otras temáticas y formas de expresarme. Seguiré escribiendo pero ya no aquí, seguiré con mis cuentos que es lo que realmente me motiva, quiero comenzar a sentirme escritora de verdad, no una persona que escribe solo por necesidad de expresar su proceso. No puedo estar más agradecida a lo que este proyecto me ha dado: personas, palabras, seguridad, confianza, aceptación… He descubierto tantas cosas escribiendo para llenar este lugar… Pero ahora toca empezar de cero, no os negaré que asusta, pero sé que tengo a la vida de mi lado, sé que voy en la dirección correcta.

Gracias a todos los que me habéis leído, gracias a todos los que me habéis dejado formar parte de vuestras vidas o procesos de alguna manera, gracias a todos, os deseo lo mejor en vuestros caminos.

 

Publicado en Uncategorized | 7 comentarios

Los inicios

Son muchas las personas que me han escrito pidiendo consejo sobre cómo iniciar una relación D/s. La mayoría son parejas como lo fuimos Él y yo, con un recorrido previo como pareja “normal”. Tengo la sensación de que a lo largo del blog ya he contado cómo lo hicimos nosotros, pero quizás sea necesario un recopilatorio para que quede más claro.

Ya dije que no iba a contestar más mails de forma personal, por ello escribo esta entrada, para que quede aquí reflejado. Esto no es una Biblia, ni una fórmula mágica, no es lo que pienso que haya que hacer, simplemente es lo que he ido viviendo, los fallos que cometimos y los aciertos, y quizá se me escape algún consejo fruto de la experiencia… A nosotros nos ha funcionado, pero cada pareja es un mundo, influyen tantas cosas en cada relación que es imposible asegurar que lo que le funciona a unos le vaya a funcionar a otros.

Nuestros inicios fueron muy lentos, empezamos viendo películas juntos, leyendo algún artículo suelto de algún blog que encontraba. Dialogamos muchísimo, Él no tenía ni idea de BDSM y yo descubrí que no tenía ni idea de lo que de verdad quería. Cuando te tiras tantos años anhelando algo y fantaseando tanto, tiendes a creer que necesitas exactamente lo que fantaseas, cuando en realidad buscas algo más profundo. Por otro lado cuando sueltas la bomba “Quiero que me domines” das un poco por hecho que la otra persona lo va a entender, pero debes contarle tus fantasías, qué cosas de la dominación te gustan y cuáles no, qué límites no estás dispuesta a cruzar etc… Mientras comenzábamos ese proceso de descubrimiento comenzaron también las primeras normas, cosas muy pequeñitas sin un castigo muy severo, creo que mi primer castigo fue un pellizco en el brazo. Hay que entender que Él nunca se había planteado azotarme como castigo ni nada parecido, así que cómo se puede esperar que de la noche a la mañana me diese la azotaina del siglo… Hay que dejar que el proceso natural fluya, Él empezó a descubrir que había cosas que le excitaban, que le gustaba decirme qué ropa llevar, por ejemplo, cuando iba con Él. Esta fue una de las primeras normas. A Él antes de ser D/s le gustaba verme con vestido, cosa que yo me ponía cuando me daba la gana evidentemente. Nunca se planteó decirme “Como me gusta que lleves vestido lo vas a llevar siempre que salgas conmigo”, pero cuando yo le dije que deseaba su dominio cayó en que ahora sí podía ordenármelo. No sé si veis que la mente no cambia de forma tan sencilla, mucho menos cuando tienes asumido que no tienes derecho a ordenar nada a la otra persona, es que ni te planteas hacerlo, y ahora de repente tienes que ir buscando esas cosas que te gustan y asumir que ya sí puedes ordenarlo. La verdad es que si me pongo en Su lugar me resulta un proceso complejo, asumir que todo lo que te parecía mal hacerle a la persona que amas es lo que debes empezar a hacer si la amas… Desde la perspectiva lo veo muy claro, pero no penséis que en aquel momento fui tan comprensiva, yo quería lo que quería y lo quería YA. No consideré que no era tan sencillo, que Él necesitaba tiempo, pequé de impaciente y generé muchas situaciones y conversaciones angustiosas por culpa de ello. Así que aquí viene un consejo: sed pacientes, id poquito a poco, es mejor hacer las cosas despacito pero con buena letra. Hay que asentar la relación sobre cimientos sólidos y eso no es cosa de días ni de meses. En nuestro caso llevamos 9 años como una pareja D/s y nunca he dejado de tener la sensación de que aún estamos iniciando el camino, quizá en el último año más o menos es cuando más siento esa tranquilidad de estar asentados. Y, aún así, aunque ya no es como al principio que eran ajustes mucho más grandes y evidentes, seguimos ajustando detalles.

Otra cosa que nos pasó es que como yo llevaba años fantaseando quise tener el Amo que yo había imaginado, y no es así, la otra parte irá sacando su lado dominante si lo tiene, pero lo hará a su manera. Quizá no le gusten las cuerdas y a ti sí… ¿Y ahora qué? Pues que te tienes que enfrentar a una pregunta complicada ¿Quieres jugar a que te dominen o deseas que te dominen de verdad? Esto no incluye sobrepasar límites que no quieras sobrepasar, aclaro. SI no que hay que tener cuidado porque mi tendencia al principio era la de dominar desde abajo “Yo deseé un Amo que me hiciese tal cosa, así que me lo tienes que hacer” de una forma mucho más sutil pero ese sería el resumen. Esto no es algo que me pasara solo a mí, la mayoría de las personas sumisas presentan esta característica. Si quieres un juego también es genial, haz un guión, meteos en los personajes y a disfrutar. Así jugábamos antes de ser D/s y era maravilloso, el problema es que terminaba y me quedaba un vacío espantoso porque no era un juego lo que necesitaba.

Bueno, que me enrollo, el siguiente paso que dimos fue hacer un contrato, de esto os hablo con más detalle en este post. Es algo que me parece muy importante al principio aunque luego con el tiempo vaya cambiando o ya dejéis de seguir las pautas que plasmasteis en él. Pero creo que es un elemento que calma a ambas partes: a la que desea más porque ve que se van a cumplir, y a la parte que está aún un poco asustada por cómo se va a desarrollar todo.

Y la verdad es que poco más puedo deciros, el resto es ponerse a rodar. Esto, igual que la vida, es un camino de acierto y error, viendo el error como una forma de aprendizaje “Esto así no ha funcionado, cómo podemos hacer, qué cambiamos…”. Esto es un camino de los dos, ser sumisa no significa tumbarse y dejarse llevar sin más porque “Ah, tú eres el dominante” este es un camino que se hace juntos, atendiendo el uno los miedos del otro, confiando y siendo muy sinceros, lo más que hayáis sido nunca. Yo en este proceso he descubierto el significado de amor, pero de amor de verdad, no ese egoísta que espera obtener algo concreto. He podido ver mi exigencia y he podido apagarla comprendiendo que es una persona, que no puedo pedirle que sea un personaje, ese de mis fantasías, porque no es real. Y menos mal porque ha resultado ser mucho mejor. He aprendido que, que sea mi Amo, no significa que no tenga días que necesita mi consuelo, que también necesita que lo cuide, que no puede estar constantemente pendiente de satisfacerme aunque sea disfrazado de satisfacerse. He aprendido que una relación es mucho más importante que unos papeles, que el amor va más allá de los títulos de Amo y sumisa. Pero cada uno descubrirá cosas distintas, estad con los ojos, los oídos y el corazón bien abiertos.

Publicado en Uncategorized | 3 comentarios

Feliz cumpleaños AMOr

Esta entrada seguramente tenga erratas, he comenzado a escribirla con ganas de terminarla, como alguien que hace algo que no debe pero tiene que hacer. Y es que puse muy seria conmigo misma, decidí que era el momento de descubrir cuál es mi propósito en la vida, eso a lo que me tengo que dedicar… para ello el primer, y más importante, paso es apagar mi mente y confíar en la vida, en mi Ser interior, dejarlo salir y hablarme. Para ello dejé de hacer cualquier cosa que pudiese estar haciendo en cualquier dirección, la más significativa: escribir. No es que no sea esa la respuesta, es solo que necesito fluir y escuchar lo que la vida tiene que decirme. Pero claro, una hace planes y las circunstancias también. Hoy es Su cumpleaños y necesitaba dedicarle unas palabras:

Es mejor caminar – Revólver

Esta entrada es una máquina del tiempo que he creado solo para nosotros, un viaje a otro tiempo, a esos momentos que forman parte de nuestra historia, esos primeros momentos en los que sí éramos los que somos ahora, no esos enturbiados que vinieron después.

Recuerdo el primer viernes que su padre le dejó el coche, solo había un casete, lo puso y Revolver sonó de camino a Cumbres Verdes. ¿Cuántas veces hicimos el amor en esos asientos traseros? El viernes era sin duda mi día favorito de la semana. Verlo jugar al fútbol me encanta… recuerdo observarlo fijamente, recuerdo la primera vez que sentí esa admiración por verlo hacer algo que yo no sé hacer, por ver en aquel muchacho a un niño de tardes de placeta y pelota que yo no conocí. He de confesarle que Revolver no me gustaba mucho y Depeche Mode tampoco, pero cómo no adorarlos si ellos fueron la banda sonora de aquellas noches. No sé qué día fue, pero recuerdo como si fuese ayer estar sentada, aún delante, contemplando el cielo lleno de estrellas y las luces pequeñitas de la ciudad debajo. Miré ese cielo y me sentí terriblemente afortunada, y digo terriblemente porque por primera vez sentí lo doloroso que podría llegar a ser amar tanto a alguien, por primera vez sentí el miedo a no volver a estar en esos instantes antes de que me besase, de no volver a sentir el calor de su piel, el miedo a no volver a estar a horcajadas sobre usted. Pero ese miedo fue fugaz, acabó cuando su mano agarró tiernamente mi nuca para acercarse y besarme con amor y deseo.

Por aquel entonces no se lo dije, aunque creo que ya lo sabe, pero aquellas noches fueron mucho más para mí que las primeras veces de una relación, esas noches, su manera de follarme, rompían mil prejuicios, mil creencias que había adquirido sobre tener sexo con un hombre. Usted limpió mi cuerpo, mi mente y mi alma de las manos sucias, del sexo sucio que me habían manchado. A Su lado empecé a disfrutar, empecer a comprender que una pareja era unión.

Y es que puedo volar con mi mente a esos momentos, a Revolver sonando y a Sus labios en mis pezones, a la primera vez que sentí lo mucho que me excita que me los toquen, puedo recordar la primera vez que me fijé en que se muerde fuerte el labio de abajo cuando está muy excitado, la primera vez que percibí que Sus ojos se vuelven más oscuros aún mientras me folla. Ahora me dice que cabalgo mejor que nadie y no sabe que fue usted el que me enseñó en aquel coche, el que me descubrió y liberó, el que hizo que empezara a permitirme sacar ese animalillo salvaje que era, que soy. Esas noches empezamos a descubrir que éramos igual de pervertidos y sexuales…

Siempre decimos que estamos hechos el uno para el otro, que nos hicieron a molde, que mi hombro encaja bajo Su axila, que mi nariz encaja en el hueco de Su clavícula, que usted sabe por instinto que me vuelve loca, y yo sé por instinto qué lugares tocarle. ¿Recuerda el día que me retó a que encontrara algún lugar en el que tuviese cosquillas? Se creía invencible, ni siquiera usted lo sabía… y yo fui a darle bocaitos chiquititos en el hueso de la cadera haciendo que comenzara a reírse inevitablemente. Me pide que esté con usted siempre, que no lo deje, pero no lo exige, lo dice como no queriendo decirle, para darle salida a un miedo, asustado de que ese pajarillo libre que sabe que soy un día no regrese… ¿Cómo voy a irme? Esta vida es nuestra, esta vida es para saborearnos como no pudimos en otras… a usted le asusta que no esté a Su lado en esta, y a mí me asusta cuántas pasarán hasta volver a vernos.

¿Sabe? Desde el primer momento en que lo vi, ese en el que supe que era el hombre de mi vida, me empezó a ayudar a crecer. Esas semanas que pasaron antes de saber que iba a volver a verlo siquiera, esas en las que, como si fuese tonta, decía que usted era mi novio solo por haber bailado una vez juntos… esas semanas también estuve cerrando círculos, empecé a limpiarme, a intentar cambiar esas cosas que no me gustaban de mí… y es que desde que lo vi por primera vez, en cuanto vi Su sonrisa limpia y sincera supe que teníamos que estar juntos pero que me tocaría luchar mucho, crecer mucho, para ser merecedora del privilegio de estar a Su lado.

¿Se puede ser más feliz? Hace unos años hubiese sentenciado con un no, pero hoy puedo asegurar que sí, pues cada día aprendo nuevas sensaciones, nuevas emociones, descubro un nuevo matiz en nuestro amor, cada noche Sus brazos me parecen aún más confortables que la noche anterior.

Los mejores recuerdos que tengo de nuestra relación sucedieron en lugares sencillos, haciendo cosas sencillas. En la playa, en mi toalla de foca en una noche de Luna llena, en el banco de un parque, en el asiento trasero de un Citroën, en una manta en mitad del campo ¿Recuerda cuando tenía tantas ganas de usted que me daba igual estar desnuda en mitad del campo, incluso cuando pasaban ciclistas?, en nuestro dormitorio, en una habitación cutre de un motel de Madrid, en un concierto clavándome la barra de metal en la barriga por tenerlo a usted detrás abrazándome y cantando, en una casita rural en Asturias escanciando sidra en la bañera… Ay, me estoy poniendo tonta, ya sabe, somos unos “sentíos”. Han sido tantos los momentos a Su lado, son tantos, serán tantos…

¿Recuerda el primer regalo de cumpleaños que le hice? Yo recuerdo que vino esa mañana a mi casa y se lo di en la cocina, el papel de regalo quedó sobre la mecedora. Recuerdo Su cara, esa de no esperárselo para nada, cara que me prometí volverle a sacar todos los cumpleaños que pudiera. Casi siempre lo he conseguido (sin duda la del regalo de su segundo cumpleaños a mi lado se lleva el premio, usted ya sabe 😉 jaja) y seguiré intentándolo cada año. El primer regalo que le hice fue un mp3, usted amaba la música, amor que también me enseñó, no fue fácil para mí comprarlo, ahora tener un mp3 o similar es muy habitual, pero en aquella época era algo especial. Cuidó y usó ese mp3 tanto… aún está por casa rondando, soy incapaz de tirarlo. Lo llenó de canciones que hoy en día son la banda sonora de nuestra vida: Depeche Mode, Oasis, Revolver…

Y bueno, no me enrollo más, mi intención con esta entrada era sacarle una sonrisa en Su día especial y decirle que cuando vuelva a casa mire en Su lado de la cama, habrá algo que espera sacarle aquella cara del primer cumpleaños.

Feliz cumpleaños, Amo. Prometo no faltar a ninguno de los muchos que le quedan por vivir.

Publicado en Uncategorized | 2 comentarios

No renaceré, seguiré siendo

Hace unas semanas estaba un poco agobiada, no sabía qué escribir, sobre qué hablar, me sentía de nuevo en ese bloqueo que me viene cada cierto tiempo… Como si tuviese mil historias que quieren salir pero el miedo las atasca. Esta vez abrí la carpeta donde guardo todo lo que escribo. En ella hay mil textos empezados, relatos que en su momento no publiqué, frases, párrafos perdidos etc. Abrí el primero que pillé, no tenía ni idea de lo que era… y allí estaba este texto que me dio la vida, que me emocionó muchísimo, sabía que lo había escrito yo pero no lo percibí así en aquel momento, casi podría decir que lo escribí para leerlo en el futuro, como si fuese dos personas y me hubiese dejado un regalo de cumpleaños preparado… Me parece el cuento perfecto para iniciar el 2018 en el blog, un año en el que quiero avanzar con este proyecto, cambiar al fin esas cosas que llevo mucho queriendo cambiar, una de ellas escribir y publicar sin ningún miedo ¿Lo conseguiré al fin? Esta entrada es un pasito, en su día no la publiqué este porque tuve miedo… Justo hoy me quitan un bulto en el labio con el que llevo varios años, ya me lo extirparon pero me volvió a salir. Os cuento esto porque siempre he creído que mis problemas físicos son reflejo de lo que tengo por dentro. Ese bulto lo tengo desde que empecé a escribir de forma pública, es un bulto que me incomoda cuando me expreso, que creo que miran todos cuando hablo, me hace sentir observada, me recuerda constantemente que lo que digo se escucha con el consecuente miedo a qué pensará el receptor de lo que digo. Hoy me quito ese bulto y voy a trabajar duro para que no vuelva a salir, voy extirparme también el miedo que simboliza.

Renaissance – Paolo Buonvino & Skin

La anciana estaba tumbada en el suelo sobre unas pieles. Medio incorporada miraba el fuego. Aquella noche la tribu estaba callada, no retumbaban los tambores, no sonaban las flautas, nadie cantaba… Todos estaban paralizados mirando a la vieja. Ella miraba el fuego, sabía que esa noche era la noche, todos lo sabían. Era el momento de pasar el testigo, sus vaticinios, sus consejos, sus cánticos ya se habían agotado. Miraba el fuego sin miedo, sin pensar en nada más, solo miraba el fuego hasta que las llamas se transformaron en imágenes, se contorneaban como una mujer, una mujer que entraba lentamente en un lago, desnuda, con su largo y moreno pelo cubriéndole los pechos. La noche hacía que el agua fuese negra, tan solo el reflejo de una enorme luna llena flotaba en la superficie. Y allí se dirigía la mujer, nadando despacio, lento para no mover las aguas y emborronar el reflejo del astro. La vio cerrar los ojos y dejarse flotar con los brazos y piernas extendidos, la sintió unirse con la luz de esa luna, la sintió salirse de su propio cuerpo al igual que hacía la anciana en ese momento, la sintió viajar por los siglos. La sintió cuando se convirtió en una chica menuda, de pelo castaño que cabalgaba sobre las caderas de un hombre, en una cama, una noche de luna llena. También sintió a aquella muchacha, la sintió cuando la sensación de ser un trozo de luz de luna la invadió, la notó sentirse mágica y plena, notó cuando esa chica comprendió que era pura luz de luna, tan grande y potente. Tan poderosa que su misión era darse, notó cómo la chica comprendió lo que estaba dando a aquel hombre, cuando comprendió de qué forma estaban conectados ambos, cuando entendió el equilibrio entre dar y recibir, cuando comprendió su entrega, su sumisión, cuando entendió que para liberar su poder, para llevarlo a su máxima expresión debía darse, debía liberarse de su propio cuerpo, entregárselo a otra persona, a una persona que supiera qué tesoro estaba cuidando, que tuviese mano dura cuando lo humano la presionara, mano dura para quitarle todo aquello que la alejaba de su origen, de su magia. Tenía que dejar que otra persona la llevase, le quitase la carga humana, esa de ser lo que has encarnado ser. La anciana sintió cómo aquella chica lejana en los tiempos se empoderaba con todo el camino ya recorrido, cuando era capaz de comprender quién y qué era. Esa anciana notó cómo aquella chica que cabalgaba sobre las caderas de un hombre en la oscuridad de la noche se sentía con el cabello más oscuro, con las caderas más anchas, cómo no se sentía en una cama sino en un bosque, cómo se percibía con unos ojos más grandes, con una fuerza y carácter distintos, sintió cómo se contorneaba de una forma diferente, cómo la guiaba una fuerza más salvaje… La anciana vio cómo aquella que flotaba en el lago sentía a la muchacha que cabalgaba y cómo flotando en el lago se sintió más vieja, cómo le brotaban de los labios unos cánticos que jamás había oído, cómo escuchaba tambores que no estaban en aquel silencioso bosque, sino en ella.

La anciana salió del trance, volvió a ver solo llamas en la hoguera. Miró a su pueblo: no os apenéis por mí, no me voy, la muerte no es el fin de nada, soy una anciana que muere, pero también soy una mujer que flota, una chica que cabalga… No voy a renacer, solo seguiré siendo. Estoy sobre estas pieles y en mil lugares más. Hay una mujer que flota que escucha tambores, hay una chica que cabalga que desde niña se sintió vieja. Todas somos la misma, no renaceré, solo seguiré siendo…

La sabia anciana cayó sobre las suaves pieles, su cuerpo quedó allí vacío, ese disfraz ya no aguantaba más remiendos.

Publicado en Cuentos, D/s, Mis cuentos | Etiquetado , , , | 2 comentarios

El patio del colegio

Hay una cosa de escribir que me apasiona y me asusta a partes iguales. Teclear, deslizar el boli en el papel, son de las mejores técnicas que tengo para descubrirme, para destapar esas pequeñas cosas que me impiden crecer pero pasan desapercibidas. Muchas veces antes de ponerme a ello cierro los ojos y hago una pequeña meditación para conectar con mi parte más profunda, le pido que se acerque y que sea ella la que guíe mis dedos. En estas ocasiones necesito música indispensablemente porque escribo a ritmo, sin pensar, solo dejo que mis dedos escriban lo que desean, lo que les sale… Mi intención con esta canción era escribir una historia inventada que ya tenía pensada, pero se ve que esa parte de mí tenía otra idea muy distinta. Salió la primera frase y de repente las lágrimas brotaron para mi sorpresa, no tenía ni idea de que eso me estuviese pesando tanto, no sabía que aquellos años me doliesen tanto. Han pasado unos días desde que escribí esto y ya siento que mi mochila pesa mucho menos, aunque ha dolido cerrar algunos círculos, pero me siento mucho más ligera. Hay algo que me apasiona y me asusta de escribir, y es cuando aparece ante mis ojos claramente qué debo hacer para seguir creciendo. Es magia…

El patio – Pablo López 

Hay una niña en un patio de un colegio de monjas, está dando vueltas alrededor de un arbolillo endeble. Hay una niña triste dando vueltas pensando en por qué no la entienden cuando habla de cómo cree que deben ser las personas unas con otras, de cómo ve la vida con ese “algo más”. Hay una niña de 7 años en el patio de un colegio de monjas sola, sus amigas acaban de reírse de ella porque les ha dicho que no hay que pelearse, que debemos amarnos y respetarnos, que hay algo que nos observa, que hay algo a lo que rendirle cuentas… Sonrío pensando en aquella niña que encontró en la clase de religión el nombre a ese “algo” que ella sentía, Dios, lo llamaban. Y las niñas se reían de ella por querer llevar a la práctica eso que le contaban en clase de religión, pero no por ser “buena” sino porque lo sentía, porque no podía comprender que sus amigas sacasen buenas notas en esas clases, que se supiesen las historias, las parábolas y las canciones mejor que nadie pero no fuesen capaces de sacarlo fuera del aula.

Miro a esa niña y le sonrío triste porque en aquel patio, ese día volvió a comprobar que pocos la comprenderían, que había cosas en ella que rechazarían, que le colgarían inevitablemente el cartel de rara y loca de forma despectiva. Ese día decidió camuflarse, decidió callarse para sentirse aceptada.

 Años después esa niña dejó de creer en las clases de religión, aquella religión volvía a confundirla, volvía a parecerle hipócrita y autoritaria, volvía a parecerle un invento de hombres. Ese Dios del que hablaban no era el Dios que ella sentía, o al menos esos que hablaban de lo mucho que lo conocían no le parecían auténticos. Cómo podían predicar el respeto y condenar la homosexualidad, cómo podían llevar el amor por bandera y odiar todo aquello que es diferente.

Hay una niña dando vueltas a un árbol en un colegio de monjas que está enfadada conmigo, porque aún la tengo allí, dando vueltas. Porque aún no he sido lo suficientemente valiente como para decirle que no, que no tomé la decisión adecuada, que las que se equivocaban eran las otras personas, que cómo pude priorizar las palabras de otros a lo que yo sentía. Está tan enfadada porque aún no he soltado ese mundo, ese recreo en el que importaba tantísimo el cartel que te colocaran, ese patio en el que importaba tantísimo lo que opinasen los demás. Y estoy harta de aquella decisión que tomé, esa que no me deja hablar tranquila de mis locuras, esa que me impide vivir cien por cien en la frecuencia y en el mundo que deseo, ese mundo que siento, que no es mentira por mucho que otros lo pensasen, porque como me dijo una gran amiga: Nadie puede tachar de mentira lo que sientes, porque tú lo has sentido y sabes que es verdad. Pero esa niña está enfadada conmigo porque cuando siento algo dejo que lo contamine lo que creo que pensarían los demás, por muy cierto hubiese sido.

Ángela, mírame, deja de dar vueltas a ese árbol, sal del colegio, la sirena sonó hace rato, ya no tienes nada que ver con aquello, no perteneces a ese lugar, ve a nadar con los de tu especie y deja al mundo que corra, ponte unos tapones en los oídos y solo siente, no dejes de sentir.

Brújula me llaman, digna de admirar me dicen, y yo solo soy una niña que da vueltas en el patio de un colegio de monjas, porque no puedo olvidar aquellos años, no puedo desvincularme… Vete, joder, vete del patio del colegio, sal de allí de una puñetera vez. Ahora tienes tu mundo, tu casa, tus sensaciones, tus vivencias, lo tienes a Él que te protege mientras te llama con todo el amor del mundo “la loca que corre” enseñándome que se puede amar, respetar y admirar lo que no se comprende. No quiero más etiqueta que esa, es la única que me vale, porque de un loco se puede esperar cualquier cosa y eso me hace libre, tremendamente libre, me deja volar porque nadie me dice que no es cierto que pueda hacerlo. El loco, mi loco interior es ese que me pide salir y desarrollarse…

Pero por lo pronto hay una niña en el patio del colegio que acaba de darse cuenta en este mismo instante que la sirena ya sonó, eso sí. Le costará salir de ese patio, pero lo conseguirá.

Publicado en Uncategorized | 3 comentarios

Pensamientos

Sí, lo reconozco, a veces soy un poco idiota, más que idiota es que vivo tan en mi mundo que olvido ver cómo se trascriben mis palabras al exteriorizarlas a un mundo muy distinto. No, no me arrepiento de haber sacado de mí cada una de las palabras que saqué, pero ahora soy consciente de que existen ojos que las leen y no las comprenderán, porque una misma palabra puede significar muchas cosas si la impregnas de cada vivencia distinta, cada prejuicio, cada sentimiento. Hasta quien crea que me está entendiendo puede que no lo esté haciendo, solo interprete lo que necesita interpretar.

Si algo puedo atribuirme es que me he construido sola, si de algo puedo presumir es de haberme levantado más fuerte de cada tropiezo, de cada cura de humildad, de cada circunstancia adversa. He construido la vida que he deseado de la nada, sin nadie que me abriese el camino… el síndrome del pionero me acompaña a cada paso, y creo que así debería ser para todos pues cada vida, por mucho que se parezca, es distinta a las otras. No me siento capacitada para dar consejos a nadie, contesté cada uno de los correos que me llegaron pidiendo ayuda durante un tiempo, y me quedaba con un pellizco dentro. No es justo para mí, ni es justo para las personas que me escribían, yo no puedo darle a nadie qué hacer pues, suponiendo que llevase razón al 100%, la estoy privando de su descubrimiento, le estoy quitando la posibilidad de hacerse fuerte por sí misma. Porque no ha sido fácil, ni lo es, pero mi camino es tan sólido y maravilloso, que cómo quitarle a nadie la posibilidad de construirse solo. Como madre uno de los métodos que me encantan es el de la Disciplina Positiva, hay un lema del método que me he grabado a fuego “No rescates, empodera”. Son tres palabras que resumen tan bien el problema del mundo, lo que no hemos hecho, son tres palabras que se pueden aplicar a tantas situaciones, a tantas personas, contigo mismo… No podemos privar a nadie de frustrarse, de angustiarse, de enfrentarse a sus propios miedos, de romper sus propios muros, aunque la veas llorar y sangrar mientras. Claro que puedes acompañar, dar calor, poner una mano en el hombro, pero nunca debes intervenir, nunca debes darle unas directrices, pues quizá las mismas que te sirvieron a ti a ella no le sirvan o no es esa la manera de aprenderlas. Aplicado a esos correos que recibo pidiéndome consejo, ayuda… por más que me duela, por más que me den ganas de decir qué hacer, por más agradecida y emocionada que esté por esa enorme confianza depositada en mí, mi manera de acompañar, de dar calor es este blog, es haber contado mi historia a cara descubierta, es dar un lugar en el que ver que alguien lucha por ser libre, por muy incomprensible que sea esa libertad. No estáis solas ni solos, da igual si os sentís así por esa necesidad de entrega, porque no encontráis a la persona adecuada, porque no os gusta vuestro trabajo, vuestra vida… Este no es un blog de BDSM, jamás me cansaré de repetirlo, este es el blog de una persona que jamás se cansará de luchar por tener y disfrutar de la vida que siente que debe tener, el blog de una persona que no se conforma con menos, de alguien que se enfrenta a sí misma, a su ego, que llora, que se angustia, que no ha llegado a la meta porque sabe que no la hay, que hay que trabajarse cada día para pulirse y llegar donde cree que debe llegar.

Agradezco los correos, lo juro, y espero que nadie se sienta mal conmigo por esto, pero no puedo contestarlos, no tengo la autoridad, la energía, ni la potestad para hacerlo.

He decidido enfocar mi vida en mí, he decidido que ha llegado el momento de darme solo a mí, de elegir de verdad a quién darme. No, no ha pasado nada entre Él y yo, sigo siendo lo más Suya que puedo, pero es que no he parado de decir que hay que elegir a quién darse, y efectivamente en apariencia, en cuerpo, en actitud solo me daba a Él, pero la realidad es que mi energía la repartía sin ton ni son, se la daba a quien me la reclamaba, a todo el que yo consideraba que la necesitaba y he ido perdiendo y perdiendo fuerza en un sutil goteo que no he percibido hasta que no se me ha presentado una circunstancia familiar difícil que ha requerido mucho de mí. Y ha sido cuando al abrir el almacén he descubierto que estaba medio vacío, que iba a tener que compartir con esa persona lo poco que tenía. Sé que a veces puede costar entender de qué hablo, pero un ejemplo muy gráfico es que yendo al hospital me hice unas pequeñas rozaduras en los pies, nada muy importante, como las que me he hecho mil veces y que al día siguiente estaban curadas, pero esta vez se me infectaron de una manera desproporcionada, me echaba de todo y nada me curaba, las heridas seguían abiertas, supurando. Prácticamente no podía andar y se me saltaban las lágrimas cuando me ponía los zapatos. Un día mi hija vino a preguntarme algo y me encontró llorando como una niña pequeña sentada en el suelo porque me acababa de quitar la tirita. Me dolió horrores pues se había pegado, pero no lloraba solo por eso “¿Qué te pasa mamá?” “No puedo más, no sé qué me pasa, pero no puedo seguir, estoy agotada” Vino y me abrazó suavemente “Tranquila, no pasa nada”. Fue un abrazo tan cálido, me llenó y me dio un poco de energía, al menos la que necesitaba para continuar ese día… Supe que estaba pagando las consecuencias del derroche, que ahora era yo la que necesitaba que me dieran, incluso mi hija, cuando lo normal es que sea al revés. Ha pasado ya un mes de que comenzara esa circunstancia, ahora todo esta más tranquilo, ahora está en orden, pero aún tengo una herida feilla y con un poco de dolor, nada comparado con lo que fue, pero está para recordarme esa vez que repartí energía sin ser consciente de ello, sin guardarme para mí y para lo importante, esa vez que dejé a mi cuerpo sin la capacidad de sanarse, de regenerarse, de tal forma que estuve más de un mes para curar una simple y pequeña rozadura. Esa herida aún escuece a pesar de que ya he podido descansar, recuperar mi normalidad, pero está para que no olvide sacar una conclusión, que tome medidas para que no vuelva a pasar.

En este mes solo tenía energía para tirar malamente de mí y darle a la persona que realmente lo necesitaba. Nada para Él, nada para mis niñas, era una madre zombie, un animalillo que solo sabía acurrucarse y dormir al lado de su dueño. Aunque admiro lo fuertes que somos como familia, aunque admiro a mis hijas por tener esa autonomía, esa fortaleza que les hacía llevar la situación con normalidad y no reclamarme nada, aunque lo amo con todo mi corazón por comprenderme, por facilitarme la vida todo lo que puede y más, por cuidarme, por no pedir nada, por abrazarme cada noche y dejarme llorar en paz. Aunque esto me ha servido para corroborar lo maravillosos que son, no puedo evitar sacar la conclusión de que esto no puede volver a suceder, que ellos estarían más que dispuestos a ayudarme como lo han hecho, pero yo no quiero llegar al límite en el que me he visto. Por eso ahora sí que no me queda más remedio que dosificar mi energía, darla a quién yo quiero, a lo que yo considere que es realmente importante y sobretodo guardar para mí sin opción a coger de ahí ni un poquito para otra cosa. Al final, es cierto eso de que cuidarte tú es un acto de amor hacia los demás también.

Esto no son más que reflexiones que me han surgido, no sé ni por qué las comparto, bueno sí, porque debo seguir en mi eterna lucha de entender que este es mi blog y puedo publicar lo que quiera, aunque sea un cúmulo de pensamientos que aparentemente no son nada, pero es lo que ahora mismo tengo…

Publicado en Reflexiones | Etiquetado , , | 4 comentarios

Nana de otro tiempo

Dime si yo fui aquella que se desnudó en tu lecho, dime si yo fui aquella que sentiste tuya algún día. Esa a la que amaste en la hoguera y en el frío bosque. Dime bajito, susurrando, que yo fui aquella, por favor. Esa que consideraste tuya sin mediar palabra, sin que eso fuese especial, dime si fui aquella que poseíste porque era lo natural en aquel momento…

Susúrrame bajito y suave si ya nos conocemos, si besaste cada parte de mi cuerpo diciendo “Mía” tras cada beso… Sí lo fuiste, mis células te oyeron bien y lo recuerdan, aún lo recuerdan. Te llaman cada noche, añoran tus labios tiernos. Ojalá esa conexión en cada penetración, ojalá esos susurros lejanos en cada abrazo.

Te miro a los ojos y veo una historia que jamás conoceremos realmente, un mundo con unas normas más salvajes pero menos enrevesadas.

Dime si fui aquella que te amó y se entregó en plena libertad, sin juicios, sin miradas extrañas, dime que en alguna época tú y yo encajamos, dímelo por favor… dime que este tiempo no es nuestro tiempo, dime que en aquel lecho esto era más natural, más sencillo, que no había que explicar por qué deseo ser tuya, que tampoco había que explicar que aunque seas mío yo soy más tuya, porque no somos de la misma manera. Dime que no había que aclarar si eras de los que poseían o de los que se poseían.

Dime mi amor, dime que hubo un tiempo en el que todo era más basto pero más sencillo. Dime que hubo un tiempo en el que no tenía que explicar, en el que no tenía que etiquetarme…

Se oye una nana lejana de vez en cuando, una que nos canta a los dos, que nos cuenta la verdad de lo que somos, de lo que sentimos, de que este tiempo hay que vivirlo pero no es el nuestro, esa que nos canta que quizá ninguno lo sea, esa nana que nos dice que nos amemos de la forma que lo hacemos, que nos demos de la manera que deseemos, que te haga mío mientras soy más tuya que nunca, una nana que nos dice que nuestro hogar está en los brazos del otro, que en ellos podemos ser de verdad.

Los tiempos cambian, nuestros rostros cambian, nuestra voz, nuestras ropas, pero nosotros permanecemos, me lo susurra esa nana, esa que transmiten tus ojos cuando cabalgo sobre tus caderas, esa que sentimos fuerte en el pecho, que no es locura, ni cuento, esa que es pura verdad.

Dime que me besaste cada parte del cuerpo, que me besabas la espalda con un “Mía” tras cada beso. Dame tus labios, pósalos en mi piel por favor, hazme sentir, hazme ver esos mundos en los que fuimos, esos mundos en los que este amor no tenía nombre. Fóllame sin quitar tus ojos de los míos ¿Me ves? Dime quién soy.

La luna sonreirá por vernos de nuevo, la magia volverá a nosotros, esa magia que nacía de nuestra piel…

Sé rudo, sé tierno, sé mío, sé mi dueño, sé mi hogar. Y dímelo, dime tus secretos por favor, dime si yo fui aquella que se desnudó en tu lecho, dime si yo fui aquella que sentiste tuya algún día. Esa a la que amaste en la hoguera y en el frío bosque. Dime bajito, susurrando, que yo fui aquella, por favor…

Publicado en Cuentos, Reflexiones | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Adicta

Llegaste a mi vida de la manera mas tonta, un encuentro casual, un tropiezo estúpido que me dejó con cara de tonta viendo el calor de tu mirada, tú me sonreíste… media hora mas tarde me follabas con pasión en tu infernal cama, esa que me ató para siempre, esa en la que me perdí sin remedio.

Las horas pasaban lentas cuando no me hablabas, cuando no me dabas los buenos días, no podía pensar, no podía escuchar, el sentarme a estudiar era una tortura ¿Por qué no me llama?¿Qué estará haciendo?¿Otra mujer estará retorciéndose de placer en su cama?

Los días pasaron, cada vez que estaba a tu lado el mundo dejaba de existir, yo dejaba de existir, necesitaba tu sabor en vena, esnifar tu piel, necesitaba la pastilla de la felicidad que eran tus besos. No me peinaba, no comía a penas, era una autentica yonki de tu amor, o de las migajas que guardabas para mí. No voy a culparte, jamás me dijiste que esto fuese exclusivo, jamás me susurraste un “te quiero”, jamás me diste a entender que esta locura fuese algo más que el sexo más maravilloso que nunca probé… ¿Acaso tiene culpa la droga de ser tan adictiva?

Vagué por las calles en busca de otra cosa, de otro encuentro casual que me liberara de tu embrujo, de tus caricias, de este dolor que sentía cuando no estaba entre tus sábanas…

Tus sábanas, esas en las que me retuerzo de maneras inimaginables, tus sábanas que me envuelven y me hacen flotar, esa cama del averno que me atrapa, como un imán, con la suavidad de su tela, con el recuerdo de tu olor en ellas, esas que se ven tan hermosas manchadas de nuestros fluidos, esas que nos arropaban de una forma única tras nuestros orgasmos.

Por qué no vienes a amarme, por qué no estás aquí ahora mismo, a qué dios, a qué demonio debo rezarle para que cruces la puerta que tengo ante mi para que sea tu mano la que me acaricia, para que sean tus besos los que se posen en mi cuello, para sentir tus gráciles dedos entrando en mí. A qué maldito dios debo rezarle, cuál es el demonio capaz de obrar semejante milagro, dime cuál es, quiero entregarle mi alma, aunque quizá ya no la tenga, quizá ya sea tuya, ya te la haya entregado, quizá ya te la di la primera vez que nos tropezamos como dos torpes. Sí, aquel día en aquella cama ya te había dado algo, y a mí me faltaba un pedazo.

Ven aquí mi demonio, ven a reclamar lo que es tuyo, no me importa que tengas a mil prisioneras más, solo quiero que apagues este fuego, que me liberes este orgasmo que yo sola no puedo provocar…

El orgasmo no llega por más que me retuerzo y me froto, me siento en el suelo, pego mi espalda sudorosa en la pared, necesito su frescor para calmarme… El orgasmo no llega pero las lágrimas brotan grandes e intensas, me rompo… soy una yonki, soy adicta a ti, a tu boca, a tu sabor, a tu humedad, a la forma en que el carmín colorea tus labios, a la forma que tu pelo se alborota cuando estás saboreándome entre las piernas…

Llegaste a mi vida de la manera mas tonta, un encuentro casual, un tropiezo estúpido que me dejó con cara de tonta viendo el calor de tu mirada, tú me sonreíste, tus dientes relucieron entre el rojo de los labios, el rubio resaltaba tu piel blanca… A la media hora éramos dos locas restregando sus cuerpos, a la media hora ejercíamos un salvaje ritual en el que yo me entregaba a ti, bella bruja, sin que me lo reclamases, sin que lo supieras, a la media hora me metía la primera dosis de la droga más dulce que hay, me metía la primera dosis de ti.

Publicado en Relatos | Etiquetado , , | 2 comentarios

Un sábado,una peli rara de los 90 y Su mano en mi nuca al darme de beber

A veces se me olvida desde dónde quiero vivir las cosas… a veces se me olvida que no soy sumisa, que soy una persona entregada. Es lo mismo, pensaréis, pero en mi cabeza no… Cuando pienso que soy sumisa aparece ante mí una lista enorme de cosas que debería hacer, de cosas que debería aguantar, niveles a los que deseo llegar. Me frustro cuando un día los hago bien y al día siguiente soy un auténtico desastre. A veces tengo la sensación de llegar a la misma conclusión mil veces, pero es que la vida, las personas, tampoco tenemos esos niveles, no somos un cúmulo de lecciones aprendidas que jamás se nos olvidan. Que un día controles tu soberbia no hace que ya no vuelva a aparecer…

Pero siempre, en los momentos más angustiosos de mi entrega, esos que no tienen nada que ver con Él, esos que me creo yo solita en la cabeza y que cada vez son más complejos de transmitir, siempre aparece un rayito de luz, un gesto, una frase que te hace recordar algo.

Aquella noche de sábado estaba siendo complicada para mí a nivel interior, tenía un castigo pendiente que debería cumplir más tarde, estábamos viendo una peli extraña de los 90, de esas que me encantan, nos habíamos echado una copa… No había nada de dominación en la situación más allá del pensamiento del castigo que mi Amo me había impuesto y con el que yo estaba obsesionada. De repente Él cogió la copa, puso una mano en mi nuca y me dio de beber. Y allí estaba mi rayito de luz, esa canción que yo cantaba, esa que decía que a mí de la sumisión lo que me encanta es un viernes, un vino y un vestido que me siente genial, que a mí de la sumisión lo que me gusta es un sábado, una peli extraña de los 90 y Su mano en mi nuca al darme de beber… Cómo explicar la calidez que tienen esos momentos, la magia que poseen para mí, lo idiota que me hacen sentir al enfrentarlos con mis pajas mentales.

Cumplí mi castigo con una lucha mental increíble, a veces cuesta llegar a la conclusión a la que nos quieren llevar esos rayitos de luz en la oscuridad, a veces ves la pieza pero hasta un tiempo después no ves dónde encaja. El día siguiente me lo pasé seria, tristona, venga a dar vueltas a este complicado puzzle que creía tener en la cabeza y que no había manera de formar. Al llegar la noche necesitaba follar con Él, reconectar. La luz, la música, Él… todo era perfecto para estar excitada, pero lo cierto es que no encontraba la manera, estaba seca y no me sentía fluir. Hasta que apareció la palabra, el segundo rayito de luz que ya sí me iluminó. En un contexto que guardaré para mí me dijo “Tienes suerte, a ti solo te ha tocado un marido vicioso”. Ahí estaba la palabra “marido” es una palabra que siempre me calma. Es cierto, es mi marido, aunque a veces se me olvide, y eso me hace verlo no como un Amo del BDSM, sino como un Amo más natural, más en lo cotidiano, más extendido a todo, incluso a las situaciones que no son nada BDSM. Todo esto es algo muy personal, el significado que otorgo a las palabras y las sensaciones que les asocio son únicamente mías. Es un poco raro pero en mí funcionan. Escuchar esa palabra, oírlo autodenominarse marido y no Amo, me hizo conectar con Él, con mi forma de vida y lo más importante, conmigo misma de nuevo… Me hizo comprender que no deseo solo un Amo, que yo quiero pertenecer a la persona a la que amo… no sé si se ve el matiz de esa afirmación, pero para mí es fundamental.

Lo que me gusta de la entrega es que sea sutil, suave y cotidiana, lo que me gusta de la sumisión es notar el calor de Su mano en mi nuca mientras debo tragar al ritmo que Él me dé de beber, lo que me gusta es que unos minutos antes me diga: “Deberías ver la película en el suelo, pero prefiero que estés en el sofá, a mi lado” y ahora comprendo que es porque soy Suya, porque soy Su perra, pero nunca dejaré de ser la mujer a la que ama, esa que prefiere abrazar, antes que reproducir una escena BDSM.

A veces me he imaginado siendo Ama, a veces me he imaginado lo cabrona que sería si tuviese una sumisa, desde esa escena me ha costado comprenderlo a Él como Amo, si tienes la oportunidad de hacer lo que quieras con una persona por qué no hacer uso de ese poder a la mínima ¿Por qué no hacerla dormir en el suelo cada vez que te plazca? Y ahora comprendo que si tuviese el sentimiento dominante quizá sería una gran Ama dentro del BDSM, pero sería una mierda amando. Y debo reconocer que Él en ese tema siempre me ha dado mil vueltas, yo ahora empiezo a aprender a amar de verdad, cuando Él es lo único que ha hecho desde que nos conocimos. Y al final siempre acabo arrodillándome ante Él por pura admiración, rindiéndome ante Su capacidad para llevar nuestra relación, esa que mezcla tantas cosas, tantos sentimientos, Su capacidad de amarme y dominarme a la vez, acabo arrodillándome ante la persona que desea que duerma a Su lado cada noche, la que solo me manda al suelo cuando no hay más remedio mientras me dice: “Espero que seas consciente de que te has castigado tú y me has castigado a mi”.

Es mi marido y yo soy Su mujer entregada, no somos un Amo y Su sumisa. Esta afirmación, y todo lo que conlleva en mi cabeza, no se me puede olvidar nunca.

 

Publicado en 24/7, D/s | Etiquetado , , , | 1 comentario

Cambios

Hoy me asomo rápidamente para comentaros que quiero hacer una serie de cambios en el blog. A veces me atasco y la inspiración no me llega, me pongo a escribir y no me sale nada. Para mí esa es una señal inequívoca de que debo hacer cambios en mi vida porque me estanco. En otros aspectos ya he puesto en marcha esos cambios y ahora empezaré con los del blog. Aún no sé muy bien cuáles son, solo sé que los necesito.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario