Adicta

Llegaste a mi vida de la manera mas tonta, un encuentro casual, un tropiezo estúpido que me dejó con cara de tonta viendo el calor de tu mirada, tú me sonreíste… media hora mas tarde me follabas con pasión en tu infernal cama, esa que me ató para siempre, esa en la que me perdí sin remedio.

Las horas pasaban lentas cuando no me hablabas, cuando no me dabas los buenos días, no podía pensar, no podía escuchar, el sentarme a estudiar era una tortura ¿Por qué no me llama?¿Qué estará haciendo?¿Otra mujer estará retorciéndose de placer en su cama?

Los días pasaron, cada vez que estaba a tu lado el mundo dejaba de existir, yo dejaba de existir, necesitaba tu sabor en vena, esnifar tu piel, necesitaba la pastilla de la felicidad que eran tus besos. No me peinaba, no comía a penas, era una autentica yonki de tu amor, o de las migajas que guardabas para mí. No voy a culparte, jamás me dijiste que esto fuese exclusivo, jamás me susurraste un “te quiero”, jamás me diste a entender que esta locura fuese algo más que el sexo más maravilloso que nunca probé… ¿Acaso tiene culpa la droga de ser tan adictiva?

Vagué por las calles en busca de otra cosa, de otro encuentro casual que me liberara de tu embrujo, de tus caricias, de este dolor que sentía cuando no estaba entre tus sábanas…

Tus sábanas, esas en las que me retuerzo de maneras inimaginables, tus sábanas que me envuelven y me hacen flotar, esa cama del averno que me atrapa, como un imán, con la suavidad de su tela, con el recuerdo de tu olor en ellas, esas que se ven tan hermosas manchadas de nuestros fluidos, esas que nos arropaban de una forma única tras nuestros orgasmos.

Por qué no vienes a amarme, por qué no estás aquí ahora mismo, a qué dios, a qué demonio debo rezarle para que cruces la puerta que tengo ante mi para que sea tu mano la que me acaricia, para que sean tus besos los que se posen en mi cuello, para sentir tus gráciles dedos entrando en mí. A qué maldito dios debo rezarle, cuál es el demonio capaz de obrar semejante milagro, dime cuál es, quiero entregarle mi alma, aunque quizá ya no la tenga, quizá ya sea tuya, ya te la haya entregado, quizá ya te la di la primera vez que nos tropezamos como dos torpes. Sí, aquel día en aquella cama ya te había dado algo, y a mí me faltaba un pedazo.

Ven aquí mi demonio, ven a reclamar lo que es tuyo, no me importa que tengas a mil prisioneras más, solo quiero que apagues este fuego, que me liberes este orgasmo que yo sola no puedo provocar…

El orgasmo no llega por más que me retuerzo y me froto, me siento en el suelo, pego mi espalda sudorosa en la pared, necesito su frescor para calmarme… El orgasmo no llega pero las lágrimas brotan grandes e intensas, me rompo… soy una yonki, soy adicta a ti, a tu boca, a tu sabor, a tu humedad, a la forma en que el carmín colorea tus labios, a la forma que tu pelo se alborota cuando estás saboreándome entre las piernas…

Llegaste a mi vida de la manera mas tonta, un encuentro casual, un tropiezo estúpido que me dejó con cara de tonta viendo el calor de tu mirada, tú me sonreíste, tus dientes relucieron entre el rojo de los labios, el rubio resaltaba tu piel blanca… A la media hora éramos dos locas restregando sus cuerpos, a la media hora ejercíamos un salvaje ritual en el que yo me entregaba a ti, bella bruja, sin que me lo reclamases, sin que lo supieras, a la media hora me metía la primera dosis de la droga más dulce que hay, me metía la primera dosis de ti.

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Un sábado,una peli rara de los 90 y Su mano en mi nuca al darme de beber

A veces se me olvida desde dónde quiero vivir las cosas… a veces se me olvida que no soy sumisa, que soy una persona entregada. Es lo mismo, pensaréis, pero en mi cabeza no… Cuando pienso que soy sumisa aparece ante mí una lista enorme de cosas que debería hacer, de cosas que debería aguantar, niveles a los que deseo llegar. Me frustro cuando un día los hago bien y al día siguiente soy un auténtico desastre. A veces tengo la sensación de llegar a la misma conclusión mil veces, pero es que la vida, las personas, tampoco tenemos esos niveles, no somos un cúmulo de lecciones aprendidas que jamás se nos olvidan. Que un día controles tu soberbia no hace que ya no vuelva a aparecer…

Pero siempre, en los momentos más angustiosos de mi entrega, esos que no tienen nada que ver con Él, esos que me creo yo solita en la cabeza y que cada vez son más complejos de transmitir, siempre aparece un rayito de luz, un gesto, una frase que te hace recordar algo.

Aquella noche de sábado estaba siendo complicada para mí a nivel interior, tenía un castigo pendiente que debería cumplir más tarde, estábamos viendo una peli extraña de los 90, de esas que me encantan, nos habíamos echado una copa… No había nada de dominación en la situación más allá del pensamiento del castigo que mi Amo me había impuesto y con el que yo estaba obsesionada. De repente Él cogió la copa, puso una mano en mi nuca y me dio de beber. Y allí estaba mi rayito de luz, esa canción que yo cantaba, esa que decía que a mí de la sumisión lo que me encanta es un viernes, un vino y un vestido que me siente genial, que a mí de la sumisión lo que me gusta es un sábado, una peli extraña de los 90 y Su mano en mi nuca al darme de beber… Cómo explicar la calidez que tienen esos momentos, la magia que poseen para mí, lo idiota que me hacen sentir al enfrentarlos con mis pajas mentales.

Cumplí mi castigo con una lucha mental increíble, a veces cuesta llegar a la conclusión a la que nos quieren llevar esos rayitos de luz en la oscuridad, a veces ves la pieza pero hasta un tiempo después no ves dónde encaja. El día siguiente me lo pasé seria, tristona, venga a dar vueltas a este complicado puzzle que creía tener en la cabeza y que no había manera de formar. Al llegar la noche necesitaba follar con Él, reconectar. La luz, la música, Él… todo era perfecto para estar excitada, pero lo cierto es que no encontraba la manera, estaba seca y no me sentía fluir. Hasta que apareció la palabra, el segundo rayito de luz que ya sí me iluminó. En un contexto que guardaré para mí me dijo “Tienes suerte, a ti solo te ha tocado un marido vicioso”. Ahí estaba la palabra “marido” es una palabra que siempre me calma. Es cierto, es mi marido, aunque a veces se me olvide, y eso me hace verlo no como un Amo del BDSM, sino como un Amo más natural, más en lo cotidiano, más extendido a todo, incluso a las situaciones que no son nada BDSM. Todo esto es algo muy personal, el significado que otorgo a las palabras y las sensaciones que les asocio son únicamente mías. Es un poco raro pero en mí funcionan. Escuchar esa palabra, oírlo autodenominarse marido y no Amo, me hizo conectar con Él, con mi forma de vida y lo más importante, conmigo misma de nuevo… Me hizo comprender que no deseo solo un Amo, que yo quiero pertenecer a la persona a la que amo… no sé si se ve el matiz de esa afirmación, pero para mí es fundamental.

Lo que me gusta de la entrega es que sea sutil, suave y cotidiana, lo que me gusta de la sumisión es notar el calor de Su mano en mi nuca mientras debo tragar al ritmo que Él me dé de beber, lo que me gusta es que unos minutos antes me diga: “Deberías ver la película en el suelo, pero prefiero que estés en el sofá, a mi lado” y ahora comprendo que es porque soy Suya, porque soy Su perra, pero nunca dejaré de ser la mujer a la que ama, esa que prefiere abrazar, antes que reproducir una escena BDSM.

A veces me he imaginado siendo Ama, a veces me he imaginado lo cabrona que sería si tuviese una sumisa, desde esa escena me ha costado comprenderlo a Él como Amo, si tienes la oportunidad de hacer lo que quieras con una persona por qué no hacer uso de ese poder a la mínima ¿Por qué no hacerla dormir en el suelo cada vez que te plazca? Y ahora comprendo que si tuviese el sentimiento dominante quizá sería una gran Ama dentro del BDSM, pero sería una mierda amando. Y debo reconocer que Él en ese tema siempre me ha dado mil vueltas, yo ahora empiezo a aprender a amar de verdad, cuando Él es lo único que ha hecho desde que nos conocimos. Y al final siempre acabo arrodillándome ante Él por pura admiración, rindiéndome ante Su capacidad para llevar nuestra relación, esa que mezcla tantas cosas, tantos sentimientos, Su capacidad de amarme y dominarme a la vez, acabo arrodillándome ante la persona que desea que duerma a Su lado cada noche, la que solo me manda al suelo cuando no hay más remedio mientras me dice: “Espero que seas consciente de que te has castigado tú y me has castigado a mi”.

Es mi marido y yo soy Su mujer entregada, no somos un Amo y Su sumisa. Esta afirmación, y todo lo que conlleva en mi cabeza, no se me puede olvidar nunca.

 

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Cambios

Hoy me asomo rápidamente para comentaros que quiero hacer una serie de cambios en el blog. A veces me atasco y la inspiración no me llega, me pongo a escribir y no me sale nada. Para mí esa es una señal inequívoca de que debo hacer cambios en mi vida porque me estanco. En otros aspectos ya he puesto en marcha esos cambios y ahora empezaré con los del blog. Aún no sé muy bien cuáles son, solo sé que los necesito.

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Como una loba salvaje

Y correr como una loba salvaje entre los árboles del bosque…

Hay veces que la piel quiere desgarrarse, como si algo quisiera salir de ti, sientes una presión por cada parte del cuerpo, un hormigueo por las extremidades, es una sensación única, un escalofrío que no lo es, pero se parece. EL pecho te late, la sangre te bulle y quieres salir de este cuerpo que te atrapa, quieres salir de esta carne que es tuya y a la vez no, de esta carne que eres tú, pero no eres realmente tú.

Hay veces que me paro a observar y no me siento de aquí, hay veces que tomo demasiada perspectiva, veo mi vida como si fuese una película, sabiendo que solo es una parte de lo que realmente es mi vida. EN los eones del tiempo, en el correr de un alma que no lo tiene una vida es solo un capítulo. Qué soy, madre, esposa, hija, sumisa, Ángela… y a la vez siento que realmente no soy nada de eso.

Tengo una imagen recurrente, la imagen del pinar que hay cerca de mi casa, con la luz de la tarde de un domingo traspasando las ramas, me veo caminando entre los troncos, sola, rozando las cortezas con suavidad, no para de venirme esa imagen, el olor de esa situación y ese escalofrío que no lo es vuelve a recorrerme. Quién soy, qué soy… soy todo y no soy nada. Qué críptico es todo, dónde tengo que ir, porqué no estoy allí la tarde de este domingo, por qué me resisto a algo tan sencillo como ir al pinar que está al lado de casa, por qué tengo miedo…

Algo me espera en otros lugares, lo siento muy dentro.

Qué difícil es esta sensación.

Algo dentro quiere desgarrar mi piel, ojalá dejarlo salir, convertirme en un hermoso lobo blanco corriendo en un bosque… Un día lo soñé, me vi cabalgando en un bosque, alguien quería sacarme de allí porque una manada de lobos blancos nos perseguía, pero yo los miraba y no sentía miedo, sentía alivio, existían, por fin podía verlos, no eran producto de mi imaginación, no eran cuentos ni leyendas, ahí estaban los lobos blancos entre esos troncos y yo quise ir con ellos. Me sentía libre cabalgando con ellos a ambos lados.

Algo dentro quiere salir, transformarse, correr como una loba salvaje entre los árboles del bosque.

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Madre y Suya (1ª parte)

No sé la de veces que he escrito esta entrada y ninguna me ha convencido, la última me ocupaba cinco páginas, con eso os lo digo todo, así que quizá lo divida en varias partes jajaja. La verdad es que es un tema delicado, no solo por nuestra forma de vida, sino porque la maternidad en sí es un tema controvertido sobretodo en los tiempos que estamos.

Cuando hablé con los chicos de la entrevista no dije que tuviese hijos, era un tema que por comodidad prefería evitar, un berenjenal en el que no quería meterme, pero cuando leí sus preguntas ahí estaba el “¿Y si algún día tenéis hijos qué haréis?” y claro, comprendí que no puedo dejar a un lado que soy madre, no puedo esconder esa parte de mí, sobretodo porque mi forma de serlo no tiene nada de malo y porque hay personas que estarán en mi lugar, que se estarán sintiendo como yo me sentí, con esa sensación de que tenía que dejar de lado una parte de mi vida por ser madre, que las dos cosas no podía ser. Y aquí llega la primera parte polémica: el sacrificio que estoy dispuesta a hacer por mis hijas tiene un límite. En este sentido creo que parece que las cosas tienen que ser blancas o negras. Hay mujeres que deciden no ser madres porque no quieren sacrificar sus vidas, y lo comprendo, pero es que parece que si los tienes debes sacrificar lo que eres por y para ellos, y yo no estaba dispuesta a ello. No me malentendáis, son mis hijas y las quiero con locura, hago lo que sea porque estén sanas y felices, menos sacrificar mi felicidad, porque las cosas pueden ser grises, puedo ser una madre entregada, pero manteniendo la persona que soy, viviendo mi vida. Y si alguien cree que es egoísta, solo quiero aclarar que lo hago también por ellas, me las imagino de adultas y quiero que sean mujeres fuertes y que, tengan las circunstancias que tengan, sean como sean, no sacrifiquen eso por nada ni por nadie. Mi vida es mía, las suyas son suyas, y nadie debería ser infeliz por creer que así hará feliz a otra persona. Ojo, no hablo de esforzarse, de dar algunas cosas, de adaptarte a las circunstancias, hablo de luchar por mantener el equilibrio para que ellas sean felices y yo también.

La primera vez que nos relacionamos con gente del BDSM, en la primera fiesta a la que fuimos, salió la conversación. De manera unánime nos aconsejaron que sacásemos completamente el BDSM de nuestra casa y nuestras hijas, que lo practicásemos siempre fuera. El mundo se me vino encima, ya llevábamos como cinco años siendo Amo y sumisa, luchando cada día por tener la relación que deseábamos y no habíamos tenido más remedio que hacerlo dentro de casa, las circunstancias no nos habían dado opción. Ese día me sentí mala madre y a la vez me sentí traicionada por mí misma, me estaba planteando dejar de lado lo que soy por mis hijas ¿Cómo sería ahora mi vida? ¡Qué injusto era haber tocado con los dedos una vida maravillosa y ahora tener que renunciar a ella! En aquella ocasión también nos dijeron que el 24/7 era un utopía que era imposible llevarla a cabo… entenderéis cómo me sentía a la vuelta de aquel viaje. Pero entonces me planteé que cada uno ve las cosas de una manera, que cada uno lo vive a su manera, y que quizá para esas personas vivir el BDSM delante de sus hijos era poco más que hacer reverencias al Amo delante de ellos, comer en el suelo, ir con el collar por casa. Que quizá para esas personas el 24/7 era estar todo el día azotando, cumpliendo órdenes sexuales, que para ellos quizá sería como vivir en una sesión continua. Pero nosotros llevábamos varios años viviéndolo a nuestra manera y nos funcionaba, para mí lo importante era la entrega, el sentimiento, no las situaciones y eso no podía apagarlo al cruzar la puerta de casa, o sacarlo solo en la habitación de un hotel.

Hace poco hablando con un amigo sintetizó lo que he hecho durante mi vida en muchas ocasiones sin darme cuenta, por pura necesidad. Y es que cuando estás angustiado, cuando en los momentos oscuros te das cuenta de que no hay nadie que puede ayudarte, cuando sientes que no existe la persona que esté pasando por lo mismo, o que encontrarlo es demasiado difícil, debes sacar de ti la fuerza del pionero. Tienes que dejar las lamentaciones a un lado y empezar a caminar el primero por ese camino negro que tienes ante ti, asumiendo el riesgo de que no sea el correcto o que en uno de los pasos caigas por un precipicio. Claro que es un riesgo enorme, pero quedarte parado en esa angustia es demasiado horrible. Y aunque en aquel momento no lo hacía conscientemente, decidí ser pionera, caminar por ese sendero oscuro que era ser madre y Suya.

Es cierto que los niños hacen lo que ven, que yo les doy ejemplo, pero me duele que piensen que únicamente soy sumisa, yo soy una persona que lucha día a día por superarme, que no paro de buscar mi misión en la vida, que cada día me levanto con la intención de ser más yo y un poco más feliz, y lo voy consiguiendo. Soy una persona consecuente, que lucho por dejar mi granito de arena en este mundo, que intento hacer bien a los demás sin perderme nunca de vista. Ese es el ejemplo real que les doy, todo lo demás es circunstancial, y lo genial de mis hijas es que tienen la capacidad de ver el trasfondo de las circunstancias. Yo no las educo para que sean sumisas, las educo para que sean lo que les dé la gana ser.

Para concluir esta especie de introducción a este tema os diré que cuando decidí ser pionera en este tema supe que tendría que serlo en muchos más aspectos, que tendría que llevar una maternidad abierta y distinta, que no podría mentirles nunca, que tendría que conseguir tener una confianza con ellas, lo que implicaba respetarlas siempre, no juzgarlas, y sobre todo no menospreciar sus capacidades, su comprensión. Tenía que dejar de tratarlas como estamos acostumbrados a tratar a los niños, como si estuvieran al margen de la vida de los adultos, como si hasta el día en que ellos lo sean no comprendieran nada. Yo miro a mis hijas y veo a dos personas, dos personas en un punto distinto al mío pero que ya son dueñas de sus vidas. El día que decidí que todos en esta familia merecíamos ser felices supe que tendría que romper con mis propios patrones de madre, que empezaría una lucha continua sobre lo aceptado y lo que realmente creo que les hará bien. A modo de ejemplo tonto, ellas eligen su ropa, la que se compran y la que se ponen cada día, si van de una manera que a mí no me gusta, si mi hija pequeña quiere ir a las fiestas del pueblo en pijama porque le encanta, debo enfrentar a mi parte madre perfeccionista que me dice: “Pero cómo va a ir en pijama, qué van a decir, y a las fiestas que van a estar todas las madres del cole…” con la madre que sabe que ir en pijama es una circunstancia, ella es feliz con esa ropa y de mí necesita respeto, saber que la apoyaré en sus decisiones aunque a mí no me gusten, que para mí ella es la importante, no lo que digan los demás. Esto, como digo, es un ejemplo tonto, pero quien me conoce sabe que es un símbolo importante, me encanta vestir bien. Y por eso mismo lo hice, no soportaría que ahora viniese mi madre cada día a decirme qué ropa ponerme, por qué ellas sí van a tener que hacerlo.

Bueno, que me enrollo, esto era para poner un poco en situación, para que cojáis un poco la perspectiva de mi forma de entender la maternidad antes de meterme de lleno en cómo hemos llevado nuestra relación siendo padres. Pido respeto en este tema, es imposible que solo por lo que cuente entendáis cómo es la vida en mi casa, todo lo que podéis sacar son conjeturas. Mis hijas son niñas muy felices, todos los que las conocen me dicen lo especiales que son, la inteligencia emocional tan enorme que tienen. A su alrededor tienen maestras, abuelos, tíos, etc… que tratan con ellas a diario, nosotros estamos abiertos a escuchar cualquier cosa que nos digan de cómo las ven, si creen que tienen algún problema, si creen que algo les está haciendo mal. Pero hasta ahora lo único que he escuchado es positivo, así que tan mal no lo estaremos haciendo. Me quedo con una anécdota, mi madre un día tras una conversación que tuvo con mi hija mayor me dijo: “Me dan envidia, yo hubiese querido que me educaran en esa naturalidad y libertad en las que ellas se están educando.”

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Inaugurando la temporada

¡Primera entrada de Septiembre! El jueves pasado ya publiqué un cuentecillo, pero con esta entrada me despido oficialmente de las vacaciones e inauguro la nueva temporada. Este mes es un mes que me apasiona, vuelvo con las pilas cargadas, con muchísimas reflexiones hechas, con sensaciones nuevas y la mente despejada. Ha sido un verano maravilloso, de los mejores que he vivido, y no por las cosas que hemos hecho sino por cómo he conseguido vivirlo. El verano es una época complicada para mí, por un lado me gustaba pero por otro me ponía en un estado de irritabilidad, de mal humor, incluso depresiva. Durante varios veranos me propuse ir trabajándomelo, aprender a disfrutar ya que creo que lo que me ocurría es que se exageraba ese horrible mecanismo que tengo dentro de autoboicotearme, de no dejarme ser feliz. En los últimos veranos ya noté mejoría, pero este ha sido el clave, ese en el que te das cuenta de que eres capaz de disfrutar y vivir el momento. Pero aunque ha sido genial ahora toca saborear otras sensaciones que también me encantan: Plantear nuevos retos, nuevas metas, reorganizar, limpiar a fondo, hacer cambios, cerrar capítulos, prepararme para un nuevo curso. Reiniciarme es algo que adoro.

Cuando me fui de vacaciones estaba hecha un lío respecto al blog, seguía teniendo muy presente quién me lee y elucubrando demasiado qué desea leer quien lo hace. Y ese era el problema, la perspectiva, enfocaba el blog de fuera a dentro, pretendía sacar de mí lo que esas personas imaginarias querían, en vez de posicionarme de una vez por todas de dentro a fuera. Esto es algo recurrente en mi trayectoria en el blog, ese necesitar volver al origen para darme cuenta que este proyecto empezó por y para mí, y que eso no puede cambiar ya que me conozco y sé que por otro camino acabaría dejándolo. Me he dado cuenta que ser consciente de que lo que escribo ayuda a otras personas me abruma y me confunde. De repente tomo la responsabilidad de seguir haciéndolo, como si esa fuera mi intención desde un principio. Y no, esto empezó para ayudarme a mí, ese proceso ayudó a otras personas y eso debe seguir siendo así. Aunque suene más egoísta, aunque quede precioso decir que esto lo hice para otros… pero no es cierto, me encanta ayudar “de rebote” a otras personas, pero eso es algo casual. Creerme que tengo la obligación de ayudar es otra forma sutil de soberbia, y ya sabéis que se la tengo jurada a esa… ¿Quién leches soy yo para ir por la vida ayudando a nadie? Y no lo digo desde el no valorarme, lo digo desde que yo soy una persona con sus cosas buenas y malas, pero sin nada más especial que mi empeño por crecer. Así que seguiré escribiendo sobre ese proceso y si leerlo ayuda a alguien más, genial. Por otro lado intenté dividirme, intenté llevar dos blogs para expresar distintas cosas de mí, distintas partes… eso tampoco dio resultado, no sirvo para dividirme, soy un completo para bien o para mal. Hace poco una amiga que me ha ayudado mucho a enfocar bien las cosas, me dijo que mi blog debe ser como mi casa. Esta metáfora me ayudó muchísimo. En mi casa hay muchas habitaciones, muchas cosas que me representan, en ella puedo hacer muchas actividades que adoro hacer: meditar, sentarme en el jardín, ver series, estar de barbacoa con amigos, follar… en mi casa también me angustio, lloro, me enfado… Cuando vienen invitados se integran, esta casa tiene algo que el que viene se siente parte de ella, aunque cada uno es libre de elegir qué de ella vive. Con todo este rollo lo que quiero decir es que por fin comprendo (aunque ya lo sabía no me había calado) que este es un blog personal, que no es un blog temático, soy yo hablando de mis cosas, y mis cosas son muchas y variadas. Que no tengo que escribir pensando en qué querréis leer, sino escribir de lo que quiera, abrir mis puertas y dejar que cada uno elija en qué habitación quiere entrar y en cuál no.

Como siempre cuando escribo mis procesos los veo tan simples que digo: Ángela ¿De verdad has tenido que angustiarte tanto y darle tantas vueltas a algo tan simple y lógico? Pero yo soy así y así he de quererme jaja.

Dicho todo esto, solo me queda decir que espero que vuestros veranos os hayan llenado de vitalidad, la suficiente para afrontar este nuevo curso que llega y que presiento será importante a muchos niveles.

Y ya sí, doy inicio a esta nueva temporada, gracias por estar ahí.

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La diosa y el mortal

Renaissance – Paolo Buonvino & Skin


       La diosa se iba acercando lentamente, desnuda, con el pelo largo cubriéndole los pechos. Él estaba tumbado en la verde hierba. El cuerpo de mujer resplandecía en la noche, su mirada estremecía al joven, le erizaba la piel y encendía su deseo. Ella se arrodilló a sus pies y fue deslizando el cuerpo hasta tenerlo frente a frente. Inició los movimientos, bajaba hasta tener su polla en el esternón e iba rozando la barriga hasta llegar a su monte de Venus. Era una diosa y sabía cómo volver loco a un hombre, cómo darle placer con cada parte de su cuerpo, cómo respirar para que hasta su ombligo estimulara el miembro del mortal. Sabía cómo besarlo con los labios ligeramente húmedos, lo suficiente para que imaginase el placer de los fluidos pero sin llegar a saborearlos. El deseo, la clave estaba en el deseo, en llevarlo al límite de anhelar tanto su cuerpo, sus entrañas, su flujo, que cuando solo la punta del mienbro se adentrase entre sus piernas él ya estuviese gimiendo de placer. Y entonces iniciaba el baile, su movimiento de caderas, entonces se sentía más poderosa que nunca cabalgando sobre un pobre mortal que nada podía hacer más que deleitarse con los contoneos de la diosa. Y es que ella lo era, era una diosa menor, pero una diosa al fin y al cabo, hermana de las ninfas, contraria al Olimpo y sus banquetes, adicta a la tierra y sus habitantes. Pasaba los días entre los humanos, disfrazada como una de ellos, vagando de ciudad en ciudad, viviendo en los campos y los bosques. Había poseído a múltiples mortales, hombres y mujeres. Los escogía guiada por su instinto, a veces lo hacía por mera diversión, por atracción, pero la mayoría de veces lo hacía por darles una chispa de divinidad a unos ojos que en su opinión lo merecían y necesitaban, unos instantes que eran una llave, algo a lo que recurrir en los momentos de soledad y angustia, les enseñaba la magia para que la conservaran hasta que sus hilos se cortaran. No amaba a ninguno y los amaba a todos. A eso dedicaba su inmortalidad, a vagar de un lugar a otro, saboreando los placeres terrenales y los divinos, libre y poderosa. Pero aquel mortal era distinto, aquel mortal tenía algo de divino, tenía algo en la mirada que la enternecía y a la par la hacía temblar. Aquel hombre había cambiado su mundo, quizá por él vagaba, quizá en su búsqueda… Y allí estaba dándole lo que le daba a todos, haciéndolo estremecer de placer divino, enseñándole lo poderosa que era, sacándole esa mirada, esa de “te adoro”, pero ella no quería solo eso. Se echó hacia delante, con su pelo creó una burbuja, la luz de la luna entraba por los mechones creando reflejos en sus rostros, no dijeron nada pero se miraron como nunca nadie los había mirado. Se besaron, se amaron, él la agarró de la nuca con determinación pero con ternura y la apretó mientras la penetraba. De repente ella paró, lo cogió de la mano “Sígueme”. Anduvieron por el bosque un poco, desnudos y en silencio. Entre unas rocas se vislumbró la entrada de una cueva, era su cueva, la cueva de la diosa, su templo, donde más poder tenía. Hubiese fulminado a cualquier mortal que hubiese osado cruzado el umbral, pero a él le pidió que no tuviese miedo, que la siguiese dentro. Ella se tumbó en el frío suelo y se abrió de piernas. “Hazme tuya, no deseo ser diosa a tu lado, hazme sentir vulnerable y pequeña. Ante ti apagaré mis vientos, apagaré mis iras, mi magia, mi poder”. Él se arrodilló ante ella, puso su miembro en la entrada del divino y virgen culo, y la penetró lento pero sin pausa. Ella se quejó, las lágrimas brotaron pero no dijo nada. Los ojos del mortal habían cambiado, eran más oscuros, casi no podían distinguirse las pupilas, el gesto, el cuerpo le pareció más grande y fuerte a la diosa que ya no se sentía como tal. Los movimientos aumentaron mientras ella se sentía menguar, mientras ella se sentía como jamás se sintió “Hoy me entrego a ti, en esta cueva donde más poder tengo te dejo que me lo arrebates, seré una diosa para el resto de los mortales, pero ante ti y solo ante ti me someto. En esta cueva me haré vulnerable, entre tus brazos dejaré de ser inmortal, podrás hacer conmigo lo que desees, pero prométeme una cosa, jamás dejarás que nadie entre aquí, si fuese tu deseo que eso ocurriese yo acataría sin chistar, pero ojalá entiendas lo que esto significa ¿Podrías concederme este deseo? ¿Puedes hacerte dueño de esta magia? ¿De este agujero por el que ahora me penetras? Puedo dar a los mortales, puedo dejar que me follen, puedo obedecerles pero no puedo someterme a ellos, sólo ante ti” dijo entre lágrimas “No temas mi diosa, serás mía y solo mía, ese es mi privilegio, solo yo te dominaré sabiéndome afortunado por poseer un tesoro tan valioso, te someteré sabiéndome un privilegiado, te amaré mientras derramo tus lágrimas como nadie jamás te amará” la comenzó a penetrar cada vez más fuerte, ella gemía loca de placer y dolor, llena de curiosidad ante estas nuevas sensaciones, lo miraba, sentía el peso de su cuerpo como nunca había sentido otro cuerpo, hasta que estalló en un orgasmo salvaje mientras era consciente de que los papeles se habían invertido, que aquel mortal se había convertido en su dios.

Y así en aquella noche todo se mezcló, la diosa se hizo un poco más mortal, y el mortal más dios, aquella noche todo se convirtió en algo extraño, una magia rara que los unía para siempre, que los volvía locos de amor, de entrega y pertenencia. ¿Quién era la diosa? ¿Quién era ahora el dios? ¿Cuál de los dos tenía más poder? ¿Cuál de los dos temblaba más por el otro? ¿El humano por saberse poseedor de una diosa? ¿O la diosa por admirar tanto al humano que se merecía poseerla?

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La entrevista

 

Ahora que ya han pasado dos semanas desde que se publicó este vídeo creo que es momento de hacer balance de esta experiencia. Como ya sabía hubo muchas partes que tuvieron que ser eliminadas, había que resumir tres horas en media. Por ello he decidido contestar algunas de esas preguntas por aquí para poder profundizar un poco más, lo iré haciendo en distintas entradas. Por otro lado yo tenía miedo a los comentarios, me puse en lo peor, creí que una horda de personas irrespetuosas me escribirían de todo. Pero cuál fue mi sorpresa cuando esa horda nunca apareció. La mayoría de esos comentarios eran muy positivos, e incluso los que no estaban de acuerdo o no entendían mi forma de vida lo manifestaron de forma respetuosa y pude mantener pequeños debates con algunos, debates de los buenos, de los que te nutren. Aún estoy digiriendo esa tolerancia, me doy cuenta que en esta vida hay de todo, pero de lo bueno hay mucho, solo que lo malo hace más ruido. Sigo creyendo que la vida me mima mucho, en todos los años que llevo “exponiéndome” en redes sociales, blog y demás… nunca he sido el objetivo de personas cerradas, ni de insultos o acoso de ningún tipo. Quizá alguna cosa no me haya gustado o me haya enfadado, pero no lo recuerdo porque han sido hechos aislados que tampoco me han hecho daño. Por supuesto que he leído cosas que no me han gustado, pero dirigidas a un colectivo con el que me haya sentido identificada pero hacia mí concretamente no lo he vivido nunca. Así que esta experiencia me ha confirmado que hay más tolerancia de la que a veces creemos.

Por otro lado no puedo estar más agradecida a todas esas personas que me han escrito al correo, que me han contado cosas que no han contado a nadie. Es todo un honor que hayan tenido esa confianza en mí. Esta parte quizá sea la más “exigente” para mí, porque he intentado poner en cada contestación lo mejor que tenía para cada persona, he sentido la responsabilidad de responder a esa confianza que han depositado en mí. Hay muchas personas que me han dicho lo aliviados que se han sentido al ver el vídeo… y ese era mi objetivo desde el principio, así que más feliz no puedo estar por haberlo logrado.

En mi círculo cercano no he tenido más que buenas palabras, mi madre, mi padre, el marido de mi madre, mi tía, mis amigas, las madres del cole… todos me dijeron cosas preciosas tras ver el vídeo, y supongo que os haréis una idea de  lo importante que es eso para mí. Antes de grabarlo ya sabía que contaría con su apoyo, pero sentirlo a la hora de la verdad emociona.

¿Y a nivel personal? Esto es más complejo, ese vídeo para mí ha sido y es una experiencia que me ha aportado varias sensaciones y conclusiones. Me ha hecho ver que soy muy exigente conmigo misma, me ha hecho ver que la imagen que tengo de mí no es igual a la que transmito. Eso ha sido una gran lección, me ha hecho relajarme un poco, aceptarme y valorarme un poquito más. Por otro lado cuando lo grabé sentí que cerraba un círculo, que quizá esa sería la última vez que hablase de BDSM, pero aquí llega lo complejo, para ti es un círculo que se cierra, pero para otros eres un círculo que se abre. Evidentemente de lo que me preguntan es sobre BDSM, habrá nuevos lectores, nuevos seguidores en Twitter que me han buscado por ese tema y yo siento que merecen respuesta. Tengo que ser realista, sabía que eso sucedería, que yo ya no tendría la necesidad de hablar de ello pero otras personas sí tendrían necesidad de que lo hiciese. Así que ahora tengo que llegar a un punto intermedio, tengo que llegar a esa capacidad para transmitir todas las partes que me componen. Es fácil decir: voy a hablar solo de sumisión, pero es que mi concepto y sensaciones respecto a esta han mutado, han crecido y han llegado a otro nivel. Quizá por eso sentí que era un círculo que se cerraba, porque resumí todos estos años en los que viví el BDSM a un nivel profundo pero más superficial. Pero ahora he trascendido esos sentimientos, he descubierto que mi sumisión va ligada a una parte mucho más profunda, que está relacionada con esa parte “espiritual” que siempre he tenido. En esta entrada mostré que en mí había dos Ángelas, y ahora os digo que cada vez hay menos de esa división, que cada vez existe más unidad dentro de mí. Quizá eso sea el resultado de este duro trabajo que es conocerse de verdad. Cada vez compruebo que nada es casual, que las partes que nos componen están estrechamente relacionadas por muy distintas u opuestas que nos parezcan. Y aquí estoy, intentando encontrar la forma de transmitir todo lo que siento sin miedo, intentando establecer los límites sobre qué contar y qué no.

Llevo tres días intentando escribir algo, me salen mil cosas, cada una totalmente distinta a la anterior, y ninguna me convence. Esa es la prueba de que necesito unas vacaciones para poner en orden todo esto, para poder alejarme, coger perspectiva y establecer un lugar desde el que transmitir. El lunes nos vamos de vacaciones, estoy deseando entrar en el mar, meditar al atardecer en la orilla, estoy deseando empaparme de momentos de paz, de chiringuitos y risas en familia. Estoy segura que este descanso me traerá grandes cosas, que me sacará las palabras adecuadas para plasmar aquí.

Para terminar esta entrada tengo que darle las gracias a la vida por cada señal que me manda, por cada persona que aparece en mi camino, por cada oportunidad de encontrarme. Le doy gracias por haberme impulsado a escribir aquella primera entrada, sin ella todo hubiese sido más difícil y no os tendría a vosotros, los que me leéis. No tendría esta sensación de cariño que me transmitís. Tengo que dar gracias a la vida por hacerme sentir tan querida de formas tan distintas y maravillosas.

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El poder

No soy una gran estudiosa, me gusta dejar que la vida me enseñe: un libro, una película, un tema interesante, un documental… y la naturaleza, siempre la naturaleza. A veces se nos olvida que hace siglos no había libros, letras, internet, nada… que estábamos desnudos en la naturaleza y solo teníamos la observación para aprender y evolucionar. Y oye, aquí estamos. Esta mañana iba de camino al gimnasio y he saltado un caminito de hormigas, como intento siempre hacer. No me pidáis el recorrido de mi mente hasta llegar a la reflexión final porque sería interminable e incomprensible, pero esto es lo que concluyo:

Vivimos en un mundo en el que el poder solo se asocia a fama, dinero, al éxito tangible, ese que se traduce como un gran trabajo, o una posición social alta. Asociamos el poder a la dominación, a ser alguien que domina las situaciones, que tiene personas a su cargo en el trabajo, que domina sus relaciones personales. Si lo aplicamos a mi vida el poder solo se asocia a Él, estoy segura de que la mayoría diría que Él es el poderoso, porque yo soy Suya, porque me someto a Él, aunque sea voluntario, el hecho de entregar esa parte de mi libertad me despoja automáticamente del poder en muchas cabezas. Pero os contaré un secreto, yo soy tremendamente poderosa también, y no, no quiero dominarlo, no lo quiero para mí, no quiero que me obedezca, no quiero sentirme por encima, no quiero que reconozca mi posición, no quiero nada de lo que conlleva el concepto de poder que la sociedad ha asimilado como el único.

Miremos la naturaleza, miremos cómo funciona, hemos de reconocer que es la mejor maestra pues funciona a la perfección, todo está pensado matemáticamente, todo tiene su sitio y su lugar. Toda su flora y fauna están concebidas en un equilibrio perfecto. Digamos que en nuestra mente el poder lo simbolizarían los grandes depredadores. No me digáis que no asociáis el poder a los leones, animales grandes, hermosos, que caminan con seguridad y majestuosidad, saben que tienen garras y dientes, saben que otros animales se rendirán a ellos. Y es cierto, son poderosos, pero no son los que tienen el único poder. Si seguimos fijándonos toda especie es poderosa, es necesaria y consigue algo increíble, que el mundo siga, que el equilibrio se mantenga. Pero para hacer más evidente lo que quiero explicar vamos a fijarnos en las hormigas. Pequeñas y silenciosas, si las comparamos con un león es un auténtico disparate, sus patitas finas van rápido siempre, sin emitir sonido, casi sin pisar el suelo, nada comparado a la huella que deja la pesada y gran pata de un león. No nos miran a los ojos, no nos desafían… pero son muy poderosas, tanto que son de los seres más fuertes del planeta, llegando algunas a coger cincuenta veces su peso. Están ahí, haciendo lo que tienen que hacer, calladas y humildes, manteniendo el equilibrio de la vida, del mundo. Si las hormigas se extinguieran tendría un efecto catastrófico, un caos. Y no piden nada, no quieren ser leones, solo quieren ser lo que son, dedicarse a lo que sienten que deben dedicarse. Esto es solo un ejemplo, pero creo que es evidente que el poder no es lo que creemos que es, o al menos, no el único tipo de poder. Yo me siento una hormiga, pequeñita pero muy fuerte, muy poderosa. Una hormiga que se agobia cuando le dicen que debería ser leona, porque se siente menospreciada, siente que obvian toda su magia, todo su poder, su fortaleza. Imaginad una hormiga queriendo ser leona… no sería feliz jamás porque no llegaría nunca a ser lo que intenta ser y tampoco sería lo que realmente es.

Si me veís caminando por la calle con la cabeza gacha, con la mirada al suelo, lejos de esa cabeza bien alta que se supone que deben llevar todos los que tienen poder, no creáis que no me valoro, que mi gesto es de inferioridad… sabed que miro al suelo para no pisar los caminos de hormigas, pues tienen todo mi respeto, y lo único que puedo hacer ante los seres que llevan su poder como ellas, lo menos que podemos hacer es no molestarlas, no pisarlas, dejar que sigan tranquilamente con su misión, respetar y valorar su silencioso poder.

Esto no es un menosprecio a los leones y leonas que también hay por la vida, todo lo contrario, también tienen todo mi respeto, no es cuestión de quitarles el poder a unos para dárselo a otros, es cuestión de abrir la mente de una vez por todas y para dejar de pensar que la vida es sota, caballo y rey. Hay muchas cosas, energías, poderes o llamadlo como queráis, que no entendemos, pero eso no significa que no existan.

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El collar

En BDSM el collar es un elemento muy importante. Cuando una persona dominante se lo pone a una persona sumisa significa que quiere que sea Suya oficialmente, normalmente tras un periodo de prueba. No solo es un símbolo entre las dos personas, también para los demás, en una reunión o fiesta si algún invitado lo lleva, los demás dominantes entienden que tiene dueño y deben respetarlo. También tiene validez virtualmente poniendo las iniciales entre corchetes. La norma es que esto se respete pero, como todo en la vida, depende de lo educados y respetuosos que sean los demás con estos protocolos.

Esta es la teoría y la forma de proceder más común, pero ni es imprescindible ni obligatoria, de hecho nosotros lo vivimos de otra manera. Nuestro proceso fue muy distinto, partíamos de cero, creo que estábamos más preocupados en otros asuntos como para seguir protocolos. El contrato ya nos daba una seguridad, más allá de ello Él no necesitaba ningún símbolo y yo ni siquiera lo pensé en ningún momento. Digamos que al principio nunca nos sentimos que formábamos parte del BDSM por lo que no nos planteamos siquiera seguir sus protocolos. Realmente estábamos muy ocupados en nuestras hijas que aún eran muy pequeñas, trabajo, estudios… así que íbamos transformando nuestra relación como buenamente podíamos. Pero el tiempo pasa rápido, nuestro proceso de pareja vainilla a D/s se completó, yo me sentía totalmente Suya y Él se sentía mi dueño por completo. Empecé a escribir en twitter, veía que otros sumisos tenían las iniciales de sus dueños en el nombre. Le pregunté si deseaba que yo me lo pusiera, dijo que estaba tan seguro de que le pertenecía por completo que no necesitaba ese gesto. No quería collar virtual, por lo que di por hecho que no tendría uno físico con la forma típica BDSM, ya que lo que sí me había regalado era una gargantilla con un brillantito que debía llevar siempre, también tatuó Su nombre en mi muñeca… digamos que usó Sus propios símbolos. Pero llegó el momento de ir por primera vez a un local BDSM, de relacionarnos con otras personas. Primero tendríamos una sesión en aquel bonito lugar y después una comida con otras personas. Cuando nos quedamos solos allí yo estaba extremadamente nerviosa, desnuda y expectante escuchando cómo trasteaba en la maleta en la que portaba todos Sus “juguetes”. Me esperaba un azote para iniciar, unas pinzas, o cualquier cosa menos algo rodeando mi cuello. Qué emoción me invadió, me miró y dijo que estaba preciosa, que había tardado en encontrar uno que le gustara, lo suficientemente bonito para mí, pero que había merecido la pena y me llevó ante un gran espejo redondo que había en la pared. No se me va a olvidar nunca mi reflejo con ese collar rojo y negro, con esa gruesa argolla, era fuerte y recio pero el más bonito y elegante que había visto nunca. Me cubría casi todo mi pequeño cuello lo que lo hacía un poco incómodo, eso me encantó, hacía patente su finalidad. Me vi preciosa, tengo que decirlo, estaba guapísima, y aún hoy me veo así cada vez que me lo pone, que no es muy a menudo. Que eligiese aquel día para ponérmelo no era casualidad, después en la comida me dijo que lo llevase. Una cosa es que en nuestra intimidad no sigamos ciertos protocolos y otra es que cuando estamos en grupo respetemos y participemos de ellos. Es como el dresscode, no somos muy de vestir de negro, o de cuero etc… pero si en una fiesta hay que llevarlo lo cumpliremos. Aquel collar fue un regalo precioso, uno similar al resto de de los que simbolizan mi entrega a Él, pero no es más importante que los otros y mucho menos que la entrega en sí. Y con esto llego a por qué casi no me lo pone. Es solo un elemento más, quizá en una fiesta signifique mucho, pero en nuestro día a día no. Fuera de las fiestas cumple su función como collar, por si quiere enganchar la correa, o por si quiere pasearme, retenerme etc…

Entiendo que el collar es un símbolo importante en el BDSM en general, pero no hay que perder de vista que la entrega va por dentro, yo llevo siempre mi collar aunque no lo tenga puesto, y desde mucho antes de habérmelo atado al cuello.

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