La flor del naranjo

Quería estar un tiempo sin escribir entradas que no tuvieran que ver con BDSM, quizá sean tonterías mías, pero son entradas que me desgastan mucho por dentro, mucho más que cuando hablo de mi forma de vida… quizá porque las escribo desde una parte más profunda y necesito estar tranquila un tiempo, sin removerme mucho. Pero hoy estoy con el nudo en la garganta, estoy tremendamente emocional, quizá sea la luna llena de estos días que siempre consigue cambiarme. Quizá quiera publicar esto hoy porque anoche me dormí pidiéndole a mi abuela que me hiciese soñar con un lugar en el que no existieran la angustia y el miedo que me encogían el corazón. Así que publico esta entrada antes de volver a acurrucar mi alma de nuevo para que descanse…

Para que sepas – Juan Luis Guerra

Cuando las arrugas surquen mi rostro, cuando ya no haya manera de ocultar los caminos que seguí, cuando mi piel supure historia, sabiduría y calma como lo hacía el de mi abuela… Cuando sea capaz de sentarme en la terraza de noche con mis nietos siendo totalmente consciente de que mirar las estrellas y los aviones que pasan es la felicidad. Cuando esté cargada de infinita paciencia, cuando sea capaz de mirar a las personas con la mirada que tenía ella, cuando sea yo la que guíe como ella hizo y hace conmigo… Cuando llegue ese momento deseo que esta canción sea la que impregne los recuerdos de mis seres queridos, deseo que sea la que haga traer mi sonrisa a la mente de los que me quisieron…

Hoy quiero hacer un encargo, pedir un favor a los que me leéis, no es un favor cualquiera, es una petición única y extraña… quiero que guardéis esta canción en el recuerdo, en un rinconcito de la mente y si al pasar los años un día descubrís que ya me fui, que me desvanecí, que cerré los ojos para no volver a abrirlos pido que, si alguien se acuerda y tiene la manera, le haga llegar a mis hijas, a mis hermanos, a mis primos, a las personas que aún vivan y me quieran, este canción, esta musiquilla, esta letra. Y le digáis que al igual que yo tuve a mi flor de la canela, que al igual que yo la amé con todo mi ser, que yo me sentí arropada y comprendida en su regazo, que al igual que yo la vuelvo a sentir cerca cuando escucho la melodía de esa canción. Que como ella me dio ese regalo para que no me olvide que nunca me dejó de verdad, para que nunca me sienta realmente sola, yo quiero dejarles a los que me quieran así está canción, quiero ser su flor del naranjo esa que no destaca por su hermosura, aunque es bonita, esa que no dura si la cortas, pero esa que te recuerda que está con su fragancia que embelesa, esa que te hace detenerte un segundo para saborearla pero no da para oda. Esa que está sin llamar mucho la atención, pequeña y humilde, regalando su olor incondicionalmente, aunque no la consideres la más bonita de las flores, pero esa que si la hueles mucho marea y agobia. Sí, la flor de la naranja amarga seré yo…

Quizá sea soberbio por mi parte, pero es lo que siento al escuchar esta canción, con un nudo en la garganta me imagino abriendo las ventanas como lo hacía ella, siguiendo con su legado, ese de inmensa dulzura y ternura a pesar de todo, a pesar de la dificultad que tiene el amor incondicional. Y yo aún no soy esa flor del naranjo, aún no tengo ese algo que ella consiguió, pero me inspira cada día para luchar por ello. Lucho por la naturalidad, por ese amor, esa humildad…

El día que las arrugas surquen mi rostro, cuando no pueda ocultar las lágrimas que mis ojos derramaron, los dolores que encogieron mi corazón, cuando sea capaz de sonreír incluso en el peor de los momentos, ese en el que te vas a apagando y ves a tus hijos y nietos deseando que no te vayas pero sabes que no puedes darle lo que quieren… cuando ese día llegue poned esta canción y bailadla en silencio, acordándoos de mí.

Ella era la flor de la canela y ojalá yo llegue a ser la del naranjo.

 

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El contrato

Por diversos motivos de vez en cuando hablaré de conceptos más básicos y cómo los vivimos nosotros. Aprovecho para abrir la veda para que me propongáis temas que os interesen o de los que queráis que hable. Me he dado cuenta de que a veces me limito, así que prefiero que seáis vosotros los que me abráis más campos. Podéis hacerlo por email, en comentarios, o en twitter. Estaría encantada de que lo hicieseis y muy agradecida. Dicho esto aquí va el primero de estos temas:

El contrato en BDSM es un papel en el que dos personas que quieren iniciar una relación D/s  exponen sus condiciones, límites y demás. En él se establece también la palabra de seguridad, lo que ocurrirá si alguna de las dos partes incumple tal contrato etc… Evidentemente no es un papel legal, es más un pacto escrito entre esas dos personas.

Cuando le confesé qué necesitaba me pidió que investigara sobre el tema en internet ya que mi única referencia era Historia de O y mi imaginación. Lo primero con lo que me topé fue con este concepto. Me llamó mucho la atención, era algo que no me esperaba en un mundo que yo imaginaba tan pasional, tan sexual… un contrato era como un elemento frío y calmado. Se lo conté y con Su mente de ciencias, mucho más racional que la mía, le pareció un buen primer paso. Yo al principio reconozco que lo viví más con la emoción de hacer algo así, pero sin entender lo importante que era. Hoy en día ese contrato está obsoleto, siempre tuve claro que no quería límites, no me quería regir por un contrato, pero todo debe ser poco a poco. Ahora está en una carpetita verde junto a las fustas, cuerdas, ganchos y pinzas, es como una reliquia, como un recuerdo tierno pero ya sin ninguna validez. Aunque no nos rijamos por él, es ahora cuando he comprendido lo importante que fue. Cuando dábamos nuestros primeros pasos nos ayudó a pararnos, a meditar los puntos, a hablar directamente sobre lo que cada uno quería y temía, a sacar lo importante de mis fantasías, enfrentarme a lo que realmente quería de ellas, qué me asustaba de verdad. Nos ayudó a comenzar con los primeros protocolos. Darle la seriedad necesaria para llevarlos a cabo. Esto es fundamental, hoy en día si Él me dice espontáneamente una nueva norma yo la acato y la integro con el resto. Pero en aquella época veníamos de una relación muy distinta, no es que quisiese desobedecerlo, es que no estaba acostumbrada a tener normas, mucho menos que fuesen de Su parte, es más, me daba una especie de vergüenza rara obedecerlas. Como si Él la hubiese dicho pero no para que la cumpliera de verdad y siempre. Pero verlas sobre el papel y firmarlo era otra cosa, les daba peso y sobriedad, era un compromiso real y firme de comenzar con este camino. Creo que a Él además le daba fuerza para llevar a cabo las consecuencias de mis faltas, como si antes le diese la misma “cosilla” ejercerlas como a mí obedecerlas.

Firmamos nuestro contrato el día que nos casamos, era nuestro símbolo, nos casábamos y comenzábamos una unión distinta, una relación distinta. En aquella preciosa cama con dosel me ordenó por primera vez que leyese algo para Él, era ese contrato. Si leerlo para mí ya daba impresión hacerlo en voz alta, escuchando todos esos compromisos saliendo de mi boca, esas normas me encendían la cara y, por qué no decirlo, la entrepierna.

La verdad es que en ese contrato pocos límites tenía ya, prácticamente ninguno, pero me gusta cuando se me olvida que existió, de hecho hablo de él porque en distintas conversaciones ha surgido casualmente y me ha hecho mucha gracia la reacción de sorpresa “¿Pero  vosotros tenéis contrato?” y me he sonreído llena de ternura al recordarlo: “Sí, lo tuvimos”.

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Los colores de tu mundo

Colours – Donovan

Caminaba cierto día por el desierto de tu barriga, sediento venía de las suaves dunas que son tus pechos, mordí en ellas la arena, agarré fuerte los granos que se escapaban entre mis manos. No quemaba, era templada, cálida y acogedora, esa arena es mi hogar, esos pezones son mi asiento. Caminaba cierto día sediento por el desierto que es tu barriga, cuando tropecé y caí en el pozo de tu ombligo. No había agua, era solo hueco, pero agradecí el frescor de su profundidad, cogí fuerzas para subir y regresar al camino para saciar mi sed. Subí la suave inclinación de tu monte de Venus, qué colina tan hermosa, hecha de tierna tierra que al tumbarte se amolda a tu cuerpo, ternura que al tumbarte te hace sentir que flotas. Podría haberme quedado allí, pero yo quería el agua sagrada que tienes entre tus piernas, quería saciarme allí, anidar entre tus labios, dormir con la cabeza en tu clítoris, arropado con tu suave piel…

Caminaba cierto día por tu cuerpo, lúcido pero sediento de ti, pensaba, divagaba: Y es que eres mi mundo, un mundo complejo y hermoso, con el desierto de tu tronco, la colina de tu pubis, la cueva entre las piernas, el estrecho túnel que es tu culo, el hermoso y salvaje bosque de tu pelo, el mar de tu boca… Déjame vivir aquí, yo te habito porque tú lo permites, déjame vivir aquí. Construiré una cabaña en tus nalgas, las araré, haré surcos en ellas para que crezca mi trigo, para que crezcas, para que me alimentes. Sé mi Ceres, sé mi Diosa, yo te rendiré culto en el altar de tu nuca, ese que besaré para que te estremezcas… déjame hacerme viejo explorando tu cuerpo, no moriré sin haber descubierto cada uno de tus lunares, ese es el oro que das. Déjame andarte, déjame entrar en tus recovecos, déjame descubrir tus misterios, esos que van más allá de tu corteza. Déjame acurrucarme en el hueco de tu clavícula cuando esté triste, déjame morder tu carne cuando esté enfadado, pues saborearte es mi calma, dame ese trocito de ti, por favor… y déjame sufrirte, padecer el terremoto de tus temblores, las sacudidas de tus escalofríos. Ahógame con tus lágrimas, hazme temer el sonido de tus de tus lamentos, me refugiaré entre tus dedos cuando vengan los huracanes de tus miedos, el tornado de tu dolor…

Caminaba cierto día por el cauce de la columna en tu espalda, me dirigía a tu rostro, quería asomarme a tus ojos, me senté en la punta de tu nariz a observarlos. Me daba vértigo su profundidad ¿Hasta dónde llegarían? ¿Cuántas cosas que no entiendo hay en ellos? Miraba fijamente cuando un destello inmenso salió de ellos y me dejó ciego. Lloré, lloré mucho. Ya no podría ver tus dunas, tus sonrisas, ya no podría ver los surcos de tus nalgas…

Gateaba cierto día por el desierto de tu barriga, subía hacia tu cuello, palpando pues no podía ver. Sentí la templanza de tus pechos como nunca lo había hecho, avancé y llegué al esternón, allí pegué la oreja al suelo y a través de la piel escuché tu corazón como jamás lo había hecho, era el sonido de mi mundo, era la música de mi vida…

Gateaba cierto día por el desierto que es tu barriga, ciego y feliz, había comprendido que a ti no hay que adorarte, no hay que verte, ni beberte, a ti hay que vivirte.

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Viaje a Barcelona

Salimos a las doce de la noche destino Barcelona, pero ese viaje comenzó mucho antes, varios meses antes.

Un día me crucé con un vídeo en Youtube, unos chicos entrevistaron a una chica que se dedicaba a la prostitución por voluntad propia, me pareció un video genial, la trataban con respeto pero a la vez con cercanía, pensé que si alguna vez hablaba de mi forma de vida en público sería con alguien como ellos. Me fui a la bañera y no paré de fantasear con cómo sería, qué cosas diría, era solo una película, no tenía ninguna fe en que eso pasara, no es algo raro en mí montarme ese tipo de teatros en la cabeza. Cuando me secaba estaba ya en el punto de sentirme mal por saber que solo era una película mía, que eso jamás sucedería, sobretodo porque no sería capaz de dar ni un solo paso hacia ello. Le escribí a mi Amo, le dije que estaba tristona, le conté el porqué. Tras hablar con Él me senté frente al ordenador a escribirles un mail, al menos por proponerles el tema, aunque decidiesen coger a otra persona para hablar sobre ello. Ese mail se quedó en borradores durante meses. Un día volví a ponerme gris, a enfadarme conmigo misma por saber que tengo la capacidad de hacer muchas cosas, de conseguir muchas cosas pero estar paralizada, no dar nunca el primer paso para llegar a ellas. Para solucionarlo decidí hacer ese día un pequeño gesto, algo que me calmara la decepción conmigo misma que me amargaba el día. Y recordé el mail, estaba escrito, solo tenía que darle al botón de enviar. Ya no era por aquella película en la ducha, como hablé con algunas personas de mi entorno, no creí que fuesen ni a leerlo, seguro se perdería entre los miles de mails de propuestas de trabajo y fans. Y debo reconocer que estar tan segura de ello me aliviaba, dar a enviar me calmaría pero no supondría mucho más, no me enfrentaría a nada. Qué puta es la vida, cómo no nos deja hacer las cosas a medias. Le di a enviar por la mañana y esa tarde tenía su respuesta, querían que fuese a grabar con ellos. Corriendo se lo dije a Él: ¿Y ahora qué hago? “Pues qué vas a hacer, ser valiente del todo”. Dos meses después estaba viajando hacia Barcelona, a desnudarme.

En eso dos meses he sentido de todo, valor, inseguridad, fuerza, miedo, incredulidad… De todo, el miedo a que mi vida cambie en algo era lo más duro.

Ha sido una aventura, creo que de las experiencias más extrañas de mi vida, el rodaje fue largo e intenso, por problemas ajenos a los que lo estábamos haciendo hubo muchos cortes, tuve que retomar muchas respuestas por las interrupciones… Me sentía fuera de la pecera, fuera de mi mundo y mi seguridad, pero a la vez me sentía bien, rodeada de personas que valoraban lo que estaba haciendo, hablando de algo tan íntimo y personal como es tu vida y cómo la vives. Y tenerlo a Él sentado frente a mí me aportaba esa seguridad que necesitaba. Y su “Qué orgulloso estoy de ti, eres una valiente” al final de todo fue muy importante para mí. Cuando acabamos de grabar fuimos a ver la ciudad los dos solos, Barcelona es bonita pero reconozco que ese día no podía fijarme en ello. La cabeza me hervía: “¿He dicho esto?¿He dicho lo otro?¿Me habré expresado bien?¿Y si se saca de contexto?¿Qué pensarán los que me leen?¿Qué pensarán mis amigos?¿Y si dejo de gustarles?¿Y si dejan de leerme porque no soy como esperaban?¿Saldré fea?¿Me dará vergüenza verme?¿Seré capaz de verme y escucharme?¿Irán mucho a por mí?¿Me criticarán de forma dañina mucho?¿Seré capaz de soportarlo? Etc…” y mil cosas más, os estoy siendo muy sincera, fue una tarde horrible, en la que el Ego estaba privándome de disfrutar de la ciudad, de Él y mi gran paso. Ahora lo veo, ahora me diría en ese momento que dijese lo que dijese, pase lo que pase, el hito para mí ya está hecho, he sido capaz de dar un gran paso, de conseguir algo que me he propuesto, di ese primer paso y los que le siguieron, eso no puede arrebatármelo nada.

Pero poco a poco el resto del viaje me ha ido llevando a nuevos aprendizajes, nuevas conclusiones. A veces planeamos las cosas creyendo que son aleatorias pero no lo son en absoluto y resulta ser lo que necesitabas. El segundo y último día en Barcelona fue mil veces mejor, estaba tan nerviosa los días previos que no planeé qué quería ver, dónde ir, comer… pero Él sí, así que me dejé llevar. Ahora tengo esos momentos “tontos” esos que son los que me gustan, la coca cola que te tomas en el sitio más insospechado, el ratito que te sientas en esas escaleras antiguas a la sombra, tengo los lugares a los que Él me llevó, tengo esa riquísima comida al borde del mar, esa infusión en el Bosque de las Hadas, ese mojito de Frambuesa con vistas a la Rambla…

A la vuelta decidimos parar en algún pueblecito y hacer noche para no hacer el viaje del tirón, perdíamos un día de Barcelona pero volver a viajar diez horas seguidas me parecía una locura. Sé que en la era de las comunicaciones, de los transportes, viajar en coche parece raro, pero nos gusta lo clásico del coche, la música sonando, cantar esas canciones con los paisajes a nuestro alrededor, viajar a nuestro aire, a nuestro ritmo… Pues ese pueblecito fue de esas cosas “casuales” que luego descubres que no lo son. Cuando llegamos a Bocairent mi energía cambió por completo, entre montañas, rocas enormes, casas antiguas, me sentí como en un retiro, necesario, un nexo entre lo extraño de Barcelona y la rutina de mi hogar. Fue como si el universo me sacara del mundo para dejarme coger fuerzas. Allí los nervios y miedos de Barcelona desaparecieron por completo, mi mente dejó de estar aturdida. No olvidaré esa placita con su frescor nocturno, esas patatas bravas, la horchata, el mojito, el licor de arroz… esa sensación de estar sentados sin más, dejándote envolver por el encanto del lugar. No olvidaré esa ruta mágica con ese hueco en la roca, ese en el que me pidió que me quitase las bragas. No olvidaré esa casa que olía a historia, con sus preciosas escaleras, esa sensación de que algo o alguien nos rondaba, esa noche con las manos al cabecero de barrotes, con las campanas dando las en punto, sonando una vez para las y cuarto, dos para las y media, tres para las menos cuarto, y Su voz entre bocados, azotes, pellizcos, pinzas etc… “Uy las campanas, a ver si te acuerdas de lo que te he enseñado ¿Qué hora es?”.

Y no me olvido tampoco del viaje de vuelta, con esa tormenta de verano que me regaló ese olor que tanto adoro a tierra mojada. Ese batido de Matcha y ese crep recién hecho que sabía a gloria.

Este viaje ha sido una aventura, una que me ha hecho pasar ratos extraños, pero que me ha dado también grandes cosas y momentos. Y una vez me ha hecho confirmar que elegir bien la compañía en las aventuras es casi más importante que la aventura en sí.

Gracias Amo por conducir toda la noche para llevarme a mi destino, gracias por hacer bonitos los días que mi mente quiere sabotear, gracias por darme esos detalles que marcan tanto la diferencia, gracias por dejarme mirarlo embobada mientras tararea y conduce. Gracias por guiarme siempre.

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Desnudarme

¿Qué si me asusta desnudarme? Me aterra. Pero mi piel no está hecha para ser vestida, mis tripas no soportan permanecer ocultas. Cuando me desnude unos me verán hermosa, otros dirán que no estuvo bien hacerlo, habrá quien se fije en mis defectos, tergiversarán mis cicatrices, sacarán de contexto mis lunares… pero no me importa, hay algo que me empuja a hacerlo: hazlo, hazlo, quítate la ropa, las bragas, quítate la piel y enseña al mundo lo que eres, no tengas miedo de tus palabras, quién quiera las entenderá quién no quiera no, y eso no depende de ti.

¿Que si me asusta desnudarme? No hay día que no me plantee si es un error, si ponerme en el punto de mira cambiará en algo mi apacible vida.

Pero hay una voz lejana, de otra dimensión, de otro mundo, que me dice: Hazlo, no pasa nada, tranquila, estás protegida, todo lo que ocurre es para aprender, mejor llorar que quedarse estática. Zambúllete en la vida, vívela, no te limites a observarla como si fuese una película, demuestra que eres la protagonista.

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Me sube la bilirrubina

Son las 10:30 de la noche, Él está en la mesa de al lado con Su ordenador, suena Juan Luis Guerra y Él canta todas las canciones, silba las melodías y mi estómago está lleno de palomitas que revolotean cada vez que pienso que al fin voy a verlo en concierto. Esta tarde yo estaba triste, las hormonas a veces me juegan malas pasadas y Él, que no soporta guardarme secretos y mucho menos verme triste, me ha puesto una canción suya y me ha desvelado Su regalo de aniversario: “No estés triste, vamos a ir al concierto”. Las emociones me han desbordado, me he bloqueado y hasta que no he llorado un rato de agobio no he podido llorar de alegría.

¿Juan Luis Guerra? Os preguntaréis… me gustan muchas canciones y tipos de música, pero sólo tengo unos cuantos grupos o cantantes en la lista de “Indispensable ver en directo”: Mecano, Depeche Mode, Muse, Revolver y Juan Luis Guerra. Mecano evidentemente está difícil, pero Él me llevó al musical y al concierto conmemorativo de Ana Torroja, Depeche Mode fue increíble y ya solo me quedaban tres… Lo que hace que Juan Luis Guerra sea el más especial es que me ha acompañado a lo largo de mis 30 años de vida. Sus “Burbujas de amor” me transportan a mis 7 años, a los veranos en el cortijo de la playa, a los apartamentos de los amigos de mis padres, a las cabañas que me hacía mi abuelo con esterillas… la Bilirrubina me lleva al asiento trasero del Ford Orión de mi padre, al tacto de su tapicería, el color y el olor…  era la banda sonora de cada viaje a la playa, no sonaba otra cosa, y justo eso fue otra de esas señales que me dijeron que encajábamos a la perfección. El primer verano juntos, una tarde, el coche de Su padre, Él conduciendo de camino a la playa, la música empieza a sonar y ahí estaba, como si fuese lo natural, como si un camino a la playa no pudiese tener otra voz que la de Juan Luis Guerra “¿Te gusta? Es la música que mis padres me ponían cuando íbamos a la playa” no podía creerlo. Esa noche me dijo el primer “Te quiero”, hicimos el amor también por primera vez al lado del mar, bajo la Luna… y Juan Luis Guerra pasó de ser algo mío a algo nuestro. Años después mis hijas canturrean divertidas “Ojalá llueva café en el campo” cada verano, porque ahora los padres somos nosotros y hemos seguido con la tradición.

“Te regalo una rosa” ay, esta es realmente especial. Desde que nacieron a mis hijas les canto nanas antes de dormir, pero una noche le pidieron a su padre que lo hiciera. Conforme me acercaba por el pasillo escuchaba el susurro de Su voz cantándosela, desde entonces adoran esa canción y yo más, la ternura que me provoca que la quieran en sus mp3 “Es que es la canción que nos canta papá” como si yo no lo supiese, como si yo no la guardase como un tesoro justo por eso, como si las lágrimas no se me saltaran cuando las imagino de adultas en alguna celebración importante bailándola con su padre como algo solo de ellos. Con sus cabecitas echadas en Su pecho lleno de orgullo…

Podría decir mil canciones más, “Bachata en Fukuoka”, “Frío frío”, “Cuando me enamoro”… mil canciones que me traen mil sensaciones y recuerdos. Pero hay una que es especialmente importante porque representa perfectamente lo que siento por Él, y que se reafirma cada día un poco más: “Solo tengo ojos para ti” y es que cómo no tenerlos cuando tiene detalles como el de hoy, cuando está siempre pendiente de verme sonreír, cómo no tenerlos si Sus brazos son mi refugio, cuando Sus bocados son mi placer. Si Él cada día me muestra lo increíble que es, si Él me sube la bilirrubina, si Él me canta que quisiera ser un pez para pasarse el día mojado en mí, si Él… si Él es un sueño.

Quería publicar algo más salvaje, llevo tiempo con ganas de escribir sobre sexo sucio y duro pero al ponerme ante el folio en blanco con Él y Juan Luis Guerra de fondo me he enternecido. Las palomitas revolotean en mi estómago, no solo pensando en ese día, sino en el mes que queda hasta que llegue… adoro Su forma metódica de preparar todo.

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Enferma

Hasta los 21 años me sentí rara, enferma, me reprimí. “Esto que sientes está mal””Eres una loca pervertida” y un sinfín de frases horribles que me repetí durante esos años. A los 21 años decidí enfrentarme a eso y llegó mi época dorada. Me sentía genial, libre, “normal”, no había nada que me dijese “reprímete” no está bien lo que eres, ya no me sentía enferma, solo me sentía yo. Pero la fuerza se demuestra en la regularidad, no en el instante. Y yo aún soy fuerte a ratos. Seguro que cuando diga esto alguien pensará: “No seas tonta, no hagas caso de los demás”, “A mí no me afecta lo que digan” y yo les doy la enhorabuena por ello, pero si de algo puedo presumir en este blog es de sinceridad, y sin yo querer, sin darme cuenta, incluso cuando creía que no escuchaba sandeces, de repente, un día me encontré con un pellizquito dentro que no tenía.

El sábado vimos “La Venus de las pieles” de Polansky, no puedo decir que no me gustase, es una película genial para enfrentarte a ti mismo, para sacar tus verdades a flote. Analiza el sadomasoquismo y las relaciones D/s, y su conclusión es a la que llegan en la mayoría de los casos: está mal, es de enfermos. Evidentemente no fue solo la película lo que ha calado en mí, fue la gotita que me faltaba para darme cuenta de que algo había cambiado en mí, que ya no estaba tan segura de todo, que algo había calado en mi en este tiempo y no, no es nada bueno. Desde que “salí del armario” en redes sociales y demás he ido leyendo a personas que veían el BDSM como algo malo. Al principio no les hacía caso,  veía claramente su error, o eso creía yo. Hace unas semanas leí el hilo de una chica en twitter que analizaba porqué el BDSM es machista, sea en la situación que sea, incluso cuando es la mujer la que domina. No recuerdo las palabras, solo sé que noté cómo esas palabras me hacían sentir de una manera muy concreta: me hicieron sentir enferma. Y me puse a pensar, a analizar… pongamos que esa chica y todas las que dicen cosas similares llevan razón, o pongamos que ellas lo hacen con su buena voluntad de mejorar la sociedad, pongamos que yo le escribo y le digo: tu palabras me han calado ¿Qué se supone que tengo que hacer yo?. Aunque todo lo que dicen fuese cierto, mi felicidad se basa en eso que ellas tachan de tan negativo ¿Tengo que volver a reprimir mis sentimientos?¿Tengo que dejar de ser feliz?. Y entonces volví a mi, ya recurrente, comparativa con la homosexualidad. Esos tiempos en los que las teoría “lógicas” decían que lo que tenían era una enfermedad, y me imagino a ese pobre muchacho escuchando atento cómo esas personas “se preocupan” por él y su “enfermedad”, a ese pobre muchacho llegando a una conclusión: estoy enfermo. ¿Acaso eso cambió algo? ¿Acaso no hemos visto más adelante que no era una enfermedad? Hay que tener cuidado cómo buscamos el bien y mejora de la sociedad porque a lo mejor estamos consiguiendo todo lo contrario. A esas mujeres, no las voy a llamar feministas puesto que sería enturbiar el verdadero feminismo que me parece maravilloso y del que me siento parte, que dicen querer defender la libertad y bienestar de sus iguales juzgando y generalizando yo les diría:

Hola, me llamo Ángela, soy una mujer. Era feliz, me sentía genial, pero gracias a vuestras palabras me siento una enferma que “daña” a las otras mujeres solo por querer ser y vivir como me da la gana. Me habéis hecho sentir una enemiga del poder de la mujer, cuando es lo que he buscado en mí siempre, gracias a vuestras teorías lanzadas desde vuestra visión, única y exclusivamente, me habéis hecho plantearme si debería reprimir mis sentimientos, porque vosotros lo llamáis manipulación del patriarcado y yo lo llamo sentimientos, que han estado ahí desde que nací, que es lo que yo he buscado para ser feliz. Y eso es lo que no entendéis porque sólo os ponéis en los zapatos de las mujeres que os conviene, porque no os ponéis en los de todas. Poneos en mis zapatos pero no con vuestra visión, por supuesto, eso no vale, eso es trampa. Imaginad que lo que vosotras anheláis para ser felices, ese sentimiento de buscar la vida ideal para vosotras, es lo mismo que siento yo, da igual que sean cosas distintas, son sentimientos. Y ahora imaginad que alguien os dice que eso está fatal, que no está bien ¿Cómo os sentiríais? Mal, ya os lo digo yo. Y yo no estoy en vuestra contra, decís cosas muy inteligentes y llenas de sentido, pero sin ninguna empatía, perdonadme pero es la realidad. Si la tuvieseis lucharíais sin dañar a las que pretendéis ayudar. Hay muchas cosas que reivindicar, muchas causas por las que luchar, el BDSM en sí no lo es, porque os arriesgáis a cruzar la fina línea que hay entre mejorar el mundo o delimitar la libertad de otras mujeres “por protegerlas”. A un pájaro en una jaula no se lo come otro animal, pero se muere de pena. Yo no vivo en una jaula, yo vuelo libre y vuelvo al lado de quién yo elijo en las condiciones que yo elijo, y me gusta mi vida tal y como es. Otra cosa muy distinta es perseguir y denunciar el abuso, que puede darse en cualquier tipo de relación, vainilla, BDSM, homosexual… Pero perseguid el abuso en casos concretos, no generalicéis, recordad que generalizar es muy malo  y muy peligroso… recordad que el límite entre ser el “bueno” y el “malo” es muy fácil de cruzar. Para que lo entendáis mejor os recuerdo que hubo médicos que creían que ayudaban a sus pacientes con problemas mentales y hoy sabemos que los sometían a auténticas torturas. Es una exageración, por supuesto, pero creo que se ve muy bien cómo a veces creemos que ayudamos y lo que estamos haciendo es entorpecer la búsqueda de la felicidad de los demás. Y sí, enhorabuena, en mí habéis sembrado la duda de si lo que yo siento está bien o mal, si es el machismo histórico que está impreso en mi ADN, pero eso no me ha ayudado en nada, al revés, sigo sintiendo lo mismo, sigo eligiendo ser feliz como yo sé que puedo serlo, lo que sí habéis conseguido es que me sienta una enferma por ello. Gracias, hay miles de mujeres que necesitarían apoyo para sentirse mejor pero, en cambio, habéis conseguido que una que se sentía genial, se sienta mal. Y me diréis “si hemos sembrado la duda será por algo” y yo os digo que si coges a una persona y empiezas a lanzarle mensajes negativos sobre lo que es una y otra vez, inevitablemente consigues una reacción negativa en ella, al final consigues sugestionarla. Solo os pido que analicéis lo que decís, yo nunca he dicho que todas tienen que ser como yo, he defendido mi manera personal de vivir ¿Y vosotras? ¿Les decís a las demás qué hacer y cómo vivir? ¿Os metéis en sus vidas sin conocerlas? Analizad bien lo que decís a ver si en vez de la libertad lo que buscáis es cambiar unas normas por otras y, lo siento, pero eso no es libertad.

Pero que nadie se preocupe o se asuste, soy muy capaz de superar esa sugestión, a esta vida he venido a ser feliz y eso es inamovible. Esto es una etapa y en el fondo fondo sentirme así me ayuda a “luchar” por normalizar este tipo de sentimientos, que sentirme así me hace ser más consciente de lo imprescindible que es sacar a la luz lo que somos de verdad y pelear con nuestro maldito ego y su manía de agarrarse a cualquier cosa para hacernos sentir mal, para auto boicotearnos. Me hace ser aún más consciente de lo importante que es fortalecerme, ganar en seguridad mucho más de lo que ya lo he hecho, me hace ser consciente de que esta guerra no acaba nunca, que hay que ir batalla a batalla… me hace ser consciente de lo importante que es seguir afianzando mi poder y mi conocimiento de él, frente a todos y todas. Al final a ese pellizco tengo que darle las gracias, me ha devuelto una chispa que había perdido, y le da aún más sentido a lo que voy a hacer en unas semanas…

Mi conclusión es una muy simple: aunque hayan conseguido hacerme sentir una enferma, una voz mucho más fuerte dentro de mí me grita que no lo soy.

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Así empezó todo

Llevo unos días con un recuerdo dándome vueltas, me duermo tratando de revivir cada instante de aquella noche, las sensaciones, el olor, la ropa… Creo que ya he dado pinceladas de lo que ocurrió el día que nos conocimos, o puede que lo haya contado pero hoy me apetece contarlo de forma más detallada, porque sí, porque tengo el romántico subido, porque cada vez agradezco más que ese día nos conociéramos.

Yo tenía 17 años, puede parecer que con esa corta edad había vivido poco pero no es así, mi relación con los hombres ya era intensa y no muy buena. Ya había sufrido lo que era darse y que solo cogieran lo superficial, ya había sufrido mucho y no solo por mal de amores… Estaba decepcionada, creí que lo que yo quería no existía, que jamás lo tendría, que todos eran unos machistas que solo cogían lo que querían sin más profundidad, que el tipo de dominación que yo buscaba era un cuento de hadas, que tendría que resignarme a estar sola, a no sentirme dominada jamás. Bueno, la verdad es que alguien me había hablado sobre unos sitios en los que te dominaban si pagabas (pensad que tenía 17 años y en esa edad desconoces que hay un mundo más allá del instituto) así que pensé que mi futuro se basaría en trabajar y gastarme el dinero en sesiones esporádicas. Hacía una semana que me había sentido tan tremendamente mal por una relación con un chico que ese futuro me parecía maravilloso, así que con determinación dije que no quería saber nada de hombres. Puede parecer que lo dije de boquilla, pero no es cierto, sentí el cambio dentro. Ahora en la perspectiva del tiempo creo que Él era el premio que la vida me tenía preparado para cuando llegase a ese momento interno, a esa fuerza que me decía que sola podía vivir.

El día que lo conocí yo llevaba una faldita con dos volantes de flores rosa, con una camiseta de tirantes del mismo color. Por la mañana estuve en una fiesta de empresarios ricachones con mi padre, por la tarde quedé con un amigo que tenía por internet. Tras comprobar que, como me temía, no quería solo mi amistad me fui a la media hora de llegar. Esa noche había quedado para dormir en casa de una amiga del instituto, cuando iba en el bus me mandó un mensaje diciéndome que no podía. Mi primer impulso fue llamar a mi padre para que me recogiera, estaba siendo un día horrible y no tenía trazas de mejorar. Pero recordé que otra compañera de clase me había dicho que fuese a su casa a dormir. Yo no hice mucho caso a su propuesta pues casi no la conocía, de hecho la había prejuzgado y la había metido en el grupo de las que me estaban haciendo la vida imposible. Pero en el autobús, fríamente, me di cuenta que ella nunca me había hecho nada malo, que siempre había intentado acercarse a mí y era yo la que no la dejaba. Así que decidí llamarla y dormir con ella. Fue la mejor decisión de mi vida, esa noche también gané una hermana más que solo una amiga.

Desde que quedamos ella se mostró con muchas ganas de conocerme, surgió una confianza que no puedo explicar. Ella “de broma” me decía que esa noche me iba a buscar un novio en condiciones, yo le dije que no, que no quería saber nada de chicos. Ella contestó que es que yo había tenido muy mal ojo con los hombres, pero que sabía que ella me presentaría al perfecto para mí. No lo decía pensando en Él concretamente, es solo una certeza que tenía. Fuimos a su casa y nos pusimos a hablar con unos amigos de su hermano mayor por Messenger. Me hace mucha gracia porque hoy estoy casada con uno de ellos y los demás son de mis mejores amigos. Esas conversaciones no llegaron a nada, ellos tenían planes y no querían pasar la noche con dos niñatas de 17 años. Al rato yo seguía frente al ordenador y se escuchó abrir la puerta de la casa. Las voces de tres chicos se escucharon por el pasillo acercándose a la habitación en la que estábamos nosotras. Ahora soy un poco pava, pero en aquel entonces lo era mucho más, así que no me giré a saludarlos cuando se pusieron de pie tras nosotras, hasta que mi amiga empezó a presentarme. El primero fue Él: “Ángela, este es Carlos” me giré y lo vi, lo vi con esa sonrisa que le iluminaba la cara, vi esas paletas un poco montadas que me conquistaron. Solo serían unos segundos los que pasaron antes de darle dos besos pero para mí el tiempo se detuvo, el mundo se paró y sentí magia. Juro que fue así, jamás nadie me ha provocado esa sensación, lo conocía, sentí un vínculo, un calor de hogar muy fuerte. Es como si yo supiese que esa sonrisa era la que estaba buscando desde niña, literalmente me dije: “Es el hombre de mi vida”. Él siempre me dice que eso lo digo para ponerlo más bonito, pero mi madre puede decir que al día siguiente nada más verla le dije: “Mamá, he conocido al hombre de mi vida”. Evidentemente no le dije nada, qué clase de loca hubiese pensado que era. Ellos se iban de fiesta, y no negaré que me quedé muy triste y decepcionada cuando escuché la puerta de la casa cerrarse tras ellos. Pero esa noche no había terminado para nosotros, a los cinco minutos sonó el portero, eran ellos. Años después supe que fue Él el que insistió en pasar la noche con nosotras. Fue increíble, no pasó nada, no nos besamos ni casi hablamos. Lo único es que, cansada de que no mostrase interés por mí, decidí soltar la ya mítica frase: “Anda que bailáis con nosotras”. Era pava, pero cuando sentía algo tenía que luchar por ello. Él me dijo que la próxima canción que sonara la bailaríamos… Sonó la canción más penca y poco bailable: “Obsesión”. Creo que ambos pensamos “Cómo leches vamos a bailar esto” pero ninguno quisimos arriesgarnos a perder la oportunidad de bailar juntos, y nos condenamos a tenerla como “nuestra canción” jaja. Así que nos abrazamos y bailamos. Recuerdo no poder mirarlo a los ojos, Su olor, el tacto de Su mejilla en la mía. No nos besamos pero poco faltó, casi no nos movíamos, solo queríamos estar pegados, sentir el tacto del otro. Eso fue todo. Esa noche nos despedimos sin darnos los teléfonos, pensando que nunca nos volveríamos a ver. Pero yo ya estaba en una nube, algo dentro me decía que tenía que intentar algo con aquel chico. Ahora cuando pienso en que a partir de ese día comencé a decir que tenía novio y se llamaba Carlos me siento igual de tonta que me sentía en ese momento. Yo misma me regañaba: “Ángela, si no te ha dado su teléfono y tú hablas como si llevases años con él” pero es que me salía solo, era una sensación muy extraña. Tardamos varias semanas en coincidir conectados, lo conseguimos un 24 de junio. Decidí ser directa, yo lo quería todo con Él, para qué andarme con tonterías, si me rechazaba prefería que fuese pronto. Él me dijo que se había dado cuenta de que yo le gusté a muchos chicos esa noche y yo le dije que podía ser, pero que a mí solo me gustó Él. Sí, así, del tirón. Me contestó que yo también le gustaba, que estaba de exámenes de la universidad pero cuando terminase podíamos quedar. Yo me quedé con una sensación agridulce, por un lado estaba contenta pero por otro lado seguía sin darme su teléfono ¿Y si lo de los exámenes era una excusa para darme largas? Quedaba mucho para que terminase. El 28 fui al instituto a recoger las notas, nada más entrar vi a mi amiga corriendo hacia mí como las locas “¡Me ha dicho que a las 12 sale de un exámen, que vayas al parque si te apetece!” ¿Si me apetecía? Parecía un sueño, no me lo podía creer, ya me daba igual si me había quedado alguna o no, cruzarme con los idiotas del instituto… lo iba a ver de nuevo, había sido Él el que me había buscado y solo a los cuatro días de hablar.

Llegué pronto al parque pero Él ya estaba allí (más tarde supe que no había podido hacer bien el exámen pensando en mí), recuerdo mi vergüenza al ir andando hacia ese banco. Allí nos sentamos, hablamos de tonterías hasta que me preguntó que qué buscaba, que a Él no le gustaban los rollos, quería algo más… ¡¿En serio?! Estar en una nube se queda corto. Yo le dije que también buscaba algo más serio, me miró: “¿Lo intentamos?” colorada y sin poder mirarlo a los ojos dije “Sí” y me puse a mirar a todos sitios porque sabía que pegaba un beso y me moría de los nervios. Me agarró suave pero contundente del cuello y me dio el beso más maravilloso que me habían dado nunca. Besaba, y besa, increíblemente bien, tal y como me gustaba. El resto es historia…

Ahora analizo y veo cómo todo se alineó para que nos conociésemos, cómo ambos supimos ver más allá, sentir esa vibración que nos decía que podíamos darnos lo que cada uno necesitábamos, aunque no fue hasta cuatro años después que empezamos a descubrirlo de verdad.  Él me dice que lo que más le gustó de mí es la energía que me notó, no sabe explcarlo pero  que parecía muy buenecita, callada, suave… Antes me molestaba porque yo no me veo así, y pensaba “Se enamoró de algo que no soy” pero ahora me doy cuenta que yo cuando lo miré, en una sonrisa, en una sensación, pude ver la energía de Amo que ahora se ha destapado, y creo que lo que Él captó fue mi alma de sumisa, esa que se había pasado la vida esperándolo, esa que ansiaba entregarse a una persona, entregarse a Él. Nos reconocimos, tal y como sé que pactamos antes de llegar a esta vida, para mí no hay otra explicación.

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Ese lugar que solo Usted y yo conocemos

Somewhere Only We Know – Keane


¿Qué es este sitio? Estoy perdida, tengo frío y miedo. Tengo rabia, una rabia que no reconozco como mía pero ahí está. Estoy sola, veo a las personas al lado del camino pero ninguna me da calor, ninguna me apacigua, ninguna es capaz de decirme por qué todo este lugar me recuerda al hogar pero mucho más tenebroso, mucho más gris y triste, por qué estoy tan enfadada con todo y con todos… Y es algo muy simple y muy complejo al mismo tiempo, cuando te cambias de sitio internamente, cuando te descolocas ves las cosas desde otra perspectiva, pero no todas las perspectivas valen, no todas le sirven a todo el mundo. Desde qué lugar vivir es algo que solo uno mismo puede elegir, solo uno mismo puede notar desde qué lugar puede vivir feliz.

Yo elegí Sus pies, no porque me gustase o no, no porque sea una elección libre, es una elección forzada por la felicidad que me produce vivir desde ahí. Cuando me subo me confundo, cuando me voy de Sus pies me pierdo. Y es complejo, tremendamente difícil, ser una mujer fuerte y libre pero mantenerse ahí, pues somos péndulos buscando el equilibrio, buscando el centro, y a veces por equilibrar un aspecto desequilibramos el otro. Si es difícil llevarlo a cabo más difícil es explicarlo sin dar lugar a malos entendidos.

Me salí de mi sitio y el mundo se me volvió de nuevo hostil, la tentadora tristeza gris me llamaba con sus dulces cantos de sirena, el mundo volvía a doler demasiado, mis ojos comenzaron a desvirtuarlo todo, el roce de la brisa era un escozor insoportable. Comencé a preguntarme por qué luchar, por qué no dejarme llevar por la melancolía y la pena, por qué vivir es bonito… Me asusté, me asusté mucho. Fue la primera vez desde que superé toda esa mierda que me tentaba regresar a ella, como el que siente de nuevo la tentación de fumar después de años sin hacerlo y la mente traicionera le susurra un “¿Por qué no?” Esa noche soñé que me rendía porque no podía con la hostilidad de este lugar y la muerte me parecía más hermosa. Al despertar supe que algo iba mal, que no podía dejarme llevar de nuevo por el gris, que no quería volver a soñar con algo así, porque no nací para rendirme, ni despierta ni en sueños. Que, igual que recordaba mis tiempos grises, ahora también sé de mis tiempos felices, ahora sé que existen y que lo único que debo hacer es encontrar la manera de volver a ellos.

Qué lugar es este, qué lugar tan terriblemente frío y desolador… Deme la mano y devuélvame a mi sitio, diga las palabras mágicas, por favor, lléveme a ese lugar que solo Usted y yo conocemos. Lléveme a ese lugar en el habitan nuestros primeros polvos adolescentes, Su primer te quiero en la arena, bajo la Luna llena. Ese mundo en el que está aquella cueva en la que nos pasamos toda una noche el uno dentro del otro. Allí solo suena Depeche, Oasis, Keane y Muse. Ese lugar donde está la primera bofetada, el primer azote, el primer pellizco, el primer “Usted” el primer “Amo”, ese lugar en el que Sus ojos negros no me pierden de vista, ese lugar en el que tiemblo solo de placer y dolor, nunca de frío, ese lugar en el que yo camino a Sus pies, porque es la manera en la que mejor avanzo, es la posición en la que veo el mundo amable y feliz. Bájeme a Sus pies, se lo suplico, el mundo es horrible más arriba, es oscuro y cala los huesos. Diga las palabras mágicas, haga lo que crea conveniente pero hágame caminar a Sus pies.

Y lo hizo, porque Él siempre lo hace, siempre tira de esa correa con la que nací, siempre me da un silbido y la perra vuelve a ponerse a cuatro patas, para sentir el alivio en el cuerpo, en el alma. Porque una perra a dos patas se duele, se confunde, se encuentra mal, haciendo algo que no le corresponde, no entiende las distancias, las perspectivas, no entiende el mundo. Porque una perra a cuatro patas corre más rápido, salta más alto, avanza mil veces más… Y lo hizo porque Él siempre lo hace, Él siempre da ese tirón de la correa que me devuelve a mi sitio, a la alegría, me devuelve a mi Ser, a la felicidad.

 

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El suelo que pisaba, el suelo que piso

Siempre me sentí segura, concreta y delimitada… jamás me sentí flotando en las nubes, mis pies tenían raíces firmes que me ataban al suelo, a lo que yo creí que era la realidad. Pero mis raíces profundizaron y llegaron a un lugar también lleno de magia, a una tierra que no era la dura a la que tanto tiempo estuve anclada. Descubrí una cueva en la que reunirme conmigo misma, en la que hacerme preguntas. Crucé su puerta, bajé esas escaleras y me encontré con una versión luminosa de mí que me preguntó ¿Quieres seguirme? ¿Quieres que te enseñe mi mundo? Dije que sí, lo dije rápido y sin medir consecuencias. No me arrepiento pero ahora me siento tonta al pensar que siguiéndola mantendría mi seguridad, que me seguiría sintiendo concreta y delimitada, creí que seguiría con mis etiquetas bien puestas, sintiéndome lo que creía que me tenía que sentir… pero ahora estoy en el mismo mundo pero sintiéndome de otro mundo. Ahora me siento flotando, sé que es como me tengo que sentir, sé que estoy donde tengo que estar, pero a veces me asusto y me agarro a lo que me hace recordar mi antigua seguridad, esa que ya no me sirve para avanzar. Escribo cada semana no porque me apetezca, no porque sepa por qué he de hacerlo, sino porque me hace sentir segura, es lo que me hace sentir un poco concreta. Me repito a mí misma que escribir cada semana es lo que TENGO que hacer, porque sé que escribir es parte de lo que tengo que hacer, pero ya ha llegado un momento en el que ni yo misma me lo creo, sé que me estoy encabezonando en hacer algo por miedo a lo que pasará si no lo hago. ¿Qué tendré que hacer si no es escribir cada semana en mi blog? ¿Y si nunca lo descubro? ¿Y si no es nada? ¿Y si no existe? Me asusta dejar de agarrarme a mis blogs, a las redes sociales, a los que me leéis… me asusta pero no puedo seguir haciendo algo por miedo, a ese no le quiero dar ni un segundo de tregua. Ayer lo hablaba y ella me preguntaba “¿Por qué tienes que dejar lo seguro?” Y yo le explicaba que es como si tu misión es construir una casa de madera, te cuesta llegar a entender que tu herramienta es una sierra, pero cuando lo haces te pones a cortar tablones con ella, llegas a hacerlo muy bien, tanto que no paras de hacerlo porque te hace sentir genial pero, por muchos tablones que estés cortando, por mucho que estés usando tu herramienta, no estás construyendo la casa, solo te aferras a cortar tablones porque te asusta no saber construirla. Tras muchas búsquedas supe que escribir es mi herramienta, pero ahora me siento que soy esa que no para de cortar tablones por miedo a parar de hacerlo y perderse, no entender los planos de lo que debe construir. Porque cortando tablones me siento que al menos algo hago… Pero eso no es lo que mi alma desea, no es lo que siento que debo hacer, le dije a ese Yo que descubrí en la cueva que la seguiría, lo hice como una tonta ilusa que creyó que sería fácil, pero lo hice y no voy a echarme atrás.

Por otro lado la vida me habla alto y claro. Ultimamente solo me presenta situaciones en las que ayudar, cuidar y sanar… no son casos aislados, es una circunstancia detrás de otra, así que quiero dedicarle tiempo a descubrir qué tengo que aprender de ello, quizá encuentre nuevas herramientas, nuevas piezas del puzle. Sea así o no, esas personas y animales necesitan algo de mí, qué menos que dedicarles mi tiempo y energía.

Ahora mismo necesito parar de cortar tablones, parar de escribir, mirar a mi alrededor y ver qué debo seguir haciendo, qué otras herramientas tengo, dónde y qué he de construir… En otras ocasiones me he tomado estos descansos en el blog, pero lo diferente que tiene este es que no sé si volveré para quedarme o volveré para despedirme definitivamente. Digo esto y me da vértigo, tengo que quitarme la manía de creer que si no sucede a la vista de todos es que no sucede. Pase lo que pase yo seguiré escribiendo, no sé dónde, no sé para qué, ni para quién. Que no me veáis construir la casa no significa que no la esté construyendo. Sé que lo entenderéis como lo habéis hecho otras veces, sé que más o menos me vais conociendo, lo noto en el cariño que recibo por vuestra parte. A veces necesito silencio, espacio para coger perspectiva.

Escribo esto y me pregunto ¿Dónde está mi seguridad, mi saber dónde piso? Mi suelo se ha vuelto hermoso pero difuso, fui tan tonta que no pensé que cuando vuelas tu suelo deja de ser  tierra firme. Que cuando vuelas lo que pisas son nubes, y yo aún no estoy acostumbrada a su tacto…

 

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