Un sábado de vino, de felicidad

Este sábado hacía un día espléndido en nuestra ciudad, el sol lo inundaba todo, sabía que iba a ser un gran día. Dejamos a las niñas con los abuelos, por mucho que nos cueste dejarlas, somos conscientes de que hay que vivir momentos a solas, sentiros pareja, cultivar nuestra relación. Subimos al coche, íbamos a una cata de vinos en unas bodegas un poco alejadas, pero no importaba, me encanta viajar con Él, verlo conducir me excita mucho… antes paramos en una gasolinera, Él bajó, yo lo miraba desde el coche, iba guapísimo, estaba muy sexy con esa ropa. Le explicaba a unas jóvenes cómo funcionaba el cajero para pagar, Su reloj asomaba mientras gesticulaba, pensaba en que esas mujeres no podían imaginar cómo era ese hombre con el que hablaban, las cosas que le gustaba hacer… Subió al coche refunfuñando por lo niñatas que eran, lo que les hubiera hecho, la bofetada que se merecían por tontas e inmaduras. Me dio Su abrigo para que lo sujetara. Yo llevaba vestido, así que lo puse sobre mis rodillas para calentar un poco las piernas. El viaje comenzó. Hablamos, escuchamos música… ya llevábamos un rato de carretera cuando me preguntó qué ropa interior llevaba, se lo dije, se la enseñé. «Mira dentro del bolsillo de mi abrigo» no me lo esperaba, metí la mano, y allí estaban, los pesos se movían, suaves… «Póntelas» cogí las bolas chinas y me dispuse a metérmelas, me bajé las braguitas, Él se lamió los dedos y untó su saliva para ayudar a que entraran. Así continuamos hasta que llegamos a las bodegas, un poco tarde por cierto.
El grupo de personas era diverso, familias, un grupo de ciegos, alguna que otra pareja… me gustaba vernos allí, juntos y solos, nos veíamos elegantes. Empezamos con la cata, estaba contenta, tengo que reconocer que no había desayunado con las prisas, y los vinos se me subieron rápido. Notaba las miradas, un muchacho me observaba desde su rincón, intentó disimular cuando lo descubrí, aunque un segundo después volvió a hacerlo, en una silla había otra joven que también nos miraba descaradamente… sinceramente, quizá fuera casualidad, o mera curiosidad, pero tenemos secretos y me gustaba pensar que esa gente notaba que estaban allí, quizá porque no los ocultamos mucho… no dejé de llamarle de Usted, bueno, al principio sí, pero Él me corrigió y no volví a tutearle. Cuando salimos el paisaje era precioso, nos paramos delante de las viñas, el aire era cálido, una sensación plena me embriagaba, quizá era el vino, pero podía saborear la felicidad de ese momento, no importaba nada más, solo estar ahí con Él a mi lado.
Fuimos a comer a un restaurante del lugar, estaba en una casa-cueva, construcciones típicas. Nos pusieron en una mesa de dos, en una zona pequeña, en la que solo había otra pareja, compañeros de la cata casualmente. Después de tener sólo vino en mi cuerpo tenía que ir al baño, necesitaba vaciar un poco de líquido, había aguantado mucho, no soporto los baños públicos, y menos si tengo unas bolas chinas dentro de mí. Ante lo inevitable, me las saqué, las lavé y me las volví a meter. Salí con las mejillas ardiendo de la vergüenza que tenía de mí misma, nadie me había visto, pero yo sí. Él sonrió al verme la cara, le encanta ponerme en esas situaciones tontas que a mi me cuestan tanto. Hablamos de sexo, de mis bolas chinas, de si alguna vez conoceremos a alguien más con quienes compartir sesiones… el Usted resonaba, los silencios de la pareja vecina me hacían ver su extrañeza, no me importaba.
Dimos un paseo por el pueblo, volvimos a la ciudad, paramos en un centro comercial para descambiar una prende Suya, la gente, el bullicio me devolvió a mi timidez habitual, me costaba guardar las formas, en el probador me agarró de la cara, «¿Me vas a hablar bien, o me vas a obligar a que te abofetee aquí mismo?» Un «No, Amo» susurrado, casi inaudible salió de mi boca. Volvimos a casa, esa noche teníamos visita, había que encender la chimenea y terminar de prepararlo todo.
Fue un día maravilloso, lleno de muchos pequeños detalles y de grandes sensaciones, no hubo sexo duro, ni azotes, ni cadenas, ni látigos, nada de eso, sólo había gestos, gestos que me hicieron sentirme feliz y Suya

3 thoughts on “Un sábado de vino, de felicidad

  1. Pelusilla says:

    Y muchas gracias como siempre. La verdad que son momentos muy especiales que nunca pensé que podría vivir pero, por suerte, todo llega…
    Un besazo

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  2. Elisax says:

    Esto responde perfectamente a mi idea de 24/7.
    Adoro cómo escribes y lo que escribes.
    Gracias por compartirlo, como siempre.
    Un besito.

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