La historia de la reina de los mares y el niño bueno

Esta canción me encanta, me translada a otra época…

Sixteen Tons – Tennessee Ernie Ford

Nació una mañana con el sol en lo alto, las nubes viajando suaves por el cielo azul, fue una niña preciosa, de ojos negros y bien abiertos. Estaba destinada a ser feliz, a que la mimaran, a que su madre le cuidara la piel con fresca crema hidratante. No se cayó mucho, sus rodillas no estaban marcadas, no había cicatrices en su descafeinada piel, ninguna aguja la había profanado, nunca un llanto por el castigo. Sus padres sólo la tenían a ella, así que decidieron ensalzarla y protegerla de todo daño. Ella sonreía con sus dientes grandes y su pelo aturullado, una chiquilla simple, alegre, fantasiosa y normal.

Él nació otra fría mañana de Enero, otra mañana bonita, su madre lo sostenía sonriendo, jurando que haría lo que fuese por él. Por las mañanas iba alegre al colegio, con su mochila llena de deberes bien hechos, la mente de exámenes bien aprendidos. Le gustaba llegar a casa, encontrar la comida hecha, y a su abuela preguntándole qué nuevo capricho quería. Llenaba de orgullo a las mujeres de su vida, sus primas, sus tías, su abuela, su madre… Mujeres a las que demostraba amor, a las que se sentía unido, vinculado, mujeres a las que proteger, a las que hacer sonreír con su buen carácter, con su buena cabeza, con su preciosa risa. Jugaba en la placeta del barrio con los chiquillos, era un niño muy querido, del que era fácil ser amigo. Él sonreía con sus paletillas un poco montadas, con sus hoyuelos a cada lado. Un chiquillo simple, alegre, inteligente y normal.

Aquí os traigo la historia de dos personas a las que les dijeron que nacieron, una para no ser dañada y otra para no dañar. Pero el mundo no es así, ella no quería sentir finos ungüentos sobre su piel, quería sentir la fuerza de un cinturón, quería que alguien la tratara sin sobreprotección, quería sentir el poder sobre ella, quería que la humillaran, que la bajaran del pedestal en el que nació. Y él, él no quería ser complaciente, no quería dejarse llevar por los demás, quería tomar el control de la vida, de una mujer, poseerla, hacerle sentir lo que duele el cuero sobre la piel y acariciar las heridas después, por calmarla o por sentir lo que era capaz de hacer con una tierna mujer. Sentir el poder en su mano, sentirse duro y dominante. Y es que da igual el día que nazcas, en qué familia lo hagas, el alma no entiende de sol si quiere oscuridad, no entiende de seda si quiere cuero, el alma no entiende de dominación cuando quiere ser sumisa, ni entiende de sumisión cuando quiere ser dominante. Esta es la historia de dos personas que se conocieron cuando ella se creía la reina de los mares y él creía que debía aguantar por hacerla feliz. Es la historia de dos almas que se encontraron e ignoraron a las personas. Y dice la historia que la reina de los mares acabo lamiendo la suela de los zapatos del Amo, acabó azotada y sometida, entre lágrimas y sonrisas. Cuenta la historia que él dejó de aguantarse las bofetadas que quería darle, por caprichosa e insolente. Él dejó de aguantarse por hacerla feliz. Cuenta la historia que el que escucha bien lo que la vida le dice puede acabar con la suave piel escocida, y con la tierna mano convertida en puño de hierro. Cuenta esta historia que si olvidamos lo que nos dicen el día que nacemos podremos, al fin, vivir.

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