Mi cuento: no eras tú

Segunda parte de «Mi cuento: princesa o puta»

Lana Del Rey – Once Upon a Dream

Miraba al ordenador y giré la cabeza, la luz de la pantalla te iluminó, vi tu sonrisa y lo supe, eras tú. Bailamos, nuestras caras se rozaron, tu olor impregnó mi nariz y mis sentidos, no podía mirarte, no quería que vieras en mis ojos que ya sabía que eras tú.
Tus manos en mi cintura, el primer contacto de nuestros cuerpos anunciaba grandes cosas. Los días posteriores sin verte, de ti presumía, tu magia me había impregnado, no sabía siquiera si volvería a verte, pero yo sabía que no me equivocaba, que eras tú, que eras el hombre de mi vida, puede que nunca fuera una princesa, pero siempre fui muy bruja. Y llego aquel día, llegó aquel banco en el que nos miramos y decidimos intentar algo, llegó ese primer beso con sabor a menta y olor a mora, ese beso perfecto y mágico que me confirmó que eras tú.
Pero qué idiota fui, qué equivocada estaba, pensé en el amor superficial y romántico, olvidé qué quería realmente, me dejé cegar por la idiotez de niña pija y tonta y creí que eras un príncipe, que eras mi príncipe azul. Erróneamente intenté ser princesa y desterrar a la puta.
Los años pasaron y la princesa se fue subiendo a su trono, fue volviéndose exigente y caprichosa. Fue dejando de valorar al príncipe que tenía a su lado. A pesar de salirse siempre con la suya aquella princesa estaba triste y llena de dolor… no podemos ignorar lo que somos, no podemos subirnos a un pedestal cuando sabemos que nuestro sitio está lamiendo pies…

Qué bonito fue, qué bonito es, que maravilloso descubrir que no eras tú, que felicidad descubrir que era Usted…

No bailé un vals con un príncipe, bailé con mi Amo, y no lo sabía, no sabía que era el hombre de mis sueños, el hombre que me sonrojaría la piel a azotes, el hombre que me follaría sin piedad, que me colorearía las mejillas a bofetadas, que me haría estar hermosa, que me coronaría como la princesa puta.
Y sé que Usted es Él. Lo sé por las veces que me hace reír, por los pellizcos y las cosquillas, lo sé porque me da de comer helado y semen, me da de beber vino y pis, me hace bailar como una diosa y me trata como una perra. Beso Sus manos, lamo Sus dedos, lo miro sin que lo sepa, lo venero sin que lo sepa, o al menos no sabe cuánto. Adoro Su cuerpo, Su piel, Sus ojos negros, adoro Sus dientes con todas mis fuerzas, creí que me enamoré de ellos por la sonrisa que le hacían tener, pero me enamoré de ellos por los bocados que me darían. Sé que es Usted porque me eleva a lo más alto con los besos que me dan Sus labios y me degrada como a la más cerda con un beso negro. Me regala ropa de princesa y me adorna el cuerpo con morados de puta. Yo soñé que me sometían a la fuerza, que me esclavizaban, que me obligaban a ser de alguien, pero llegó Usted e hizo que yo solita me pusiera a Sus pies, que yo solita pidiera ser Suya para siempre. Y nadie entiende que le entregué mi vida, que lo hice de verdad, porque mi vida dejo de ser mía cuando Usted la valoró más que yo. No importa si al final de todo no acabamos juntos, todo este baile se repetirá eternamente en el bucle infinito del tiempo, como un cuento que se cuenta una y otra vez y nunca muere, yo siempre seré Su pelusilla y Usted siempre será mi Amo.

PD.: Una mañana de Domingo, a los dos días de escribir este texto, yo estaba triste. Me paró en el pasillo para despedirse porque se iba, me levantó la barbilla, me besó, me abrazó fuerte y comenzó a mecerse, a mecernos muy poquito al ritmo de una canción, al ritmo de esta canción que casualmente sonaba. Él no sabía que yo había escrito todo esto con esta canción, Él no sabía que me estaba confirmando todo lo escrito… la noche anterior me había reventado el culo sin piedad, más salvaje que otras veces, había llorado por lo humillada que me había sentido, por lo mucho que había sufrido, y a la mañana siguiente estaba bailando conmigo una canción ñoña. Y es que es Él, porque me acepta, porque acepta mi parte princesa y mi parte puta, hace lo que le sale de los cojones con toda yo, pero sabe darle a cada parte de mí el pequeño gesto que necesita. No soy una sumiprincesa, no exijo, no me rebelo, sólo acato y obedezco, pero Él me conoce como nadie más, por eso me coronó como Su princesa puta.

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