Si no lo hubiese conocido

Me mezo con la brisa de las mañanas de verano…

Andrés Calamaro – Flaca

Me contoneo en la barra de un bar, el brillo de las copas opacas no deslumbra, los ojos lascivos de los parroquianos me miran con desgana. Bailo borracha por olvidar que nada me sacia. Bailo borracha porque nadie me entiende, ni yo misma. Bailo borracha sabiendo que esa noche acabaré follando con cualquiera, en cualquier cama que mañana no recordaré. Pero bailo y me siento una diosa, qué más da que mañana el vacío vuelva, qué más da que mañana me sienta sucia y usada. Follar y bailar son lo único que me calma, es el bálsamo de mis anhelos. Quería ir a París, quería reír entre las olas de la playa jugando con ese alguien, quería compartir helado de tarta de queso, quería dormir abrazada cada noche, quería conocer palmo a palmo el cuerpo de otra persona, quería oler su sudor, sus feromonas, quería llorar entre unos brazos llenos de consuelo, quería morder carne amiga, quería chupar su polla con veneración… Pero aquí estoy bailando borracha en la barra de un barezucho de mala muerte.
Esta noche sentiré un cuerpo sobre el mío, pero no será ese cuerpo, sentiré un polla penetrándome, pero no será esa polla, está noche un hombre me mirará con deseo, me poseerá, pero no será esa posesión, ese tipo de posesión que deseo.
Me contoneo, me subo el vestido, tanto que se vislumbra el inicio de mi lencería, ese encaje que aquel hombre del fondo me arrancará a bocados esta noche. Ya me he fijado en él, a ese hombre le toca esta noche jugar a ser ese Él. Lo miro, sonrío con descaro, no me ando con tonterías, quiero follármelo y quiero que lo sepa.
Estamos en su cama, nos revolcamos sudorosos, no hay mucho preámbulo. Me abre las piernas y me penetra, lo agarro, lo tumbo, me subo encima, quiero llevar mi ritmo, quiero bailar también sobre él. Me muevo con los ojos cerrados, imaginando a ese hombre sin rostro, imaginando al que llenaría mis vacíos, a ese que no me dejaría cometer tantos errores. Me corro mientras una lágrima se pasea por mi mejilla, y es que justo en el momento más placentero, justo cuando llega el maravilloso orgasmo, acaba la fantasía y la realidad abofetea, duele. No es Él, no ha llenado mis vacíos, no soy la diosa de nadie, no comeremos un helado de tarta de queso para desayunar.
Las calles aún están vacías, el sol comienza a salir, doy tumbos de un lado a otro, doy tumbos y me mezo con la brisa de un triste amanecer de verano…

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