Historias ajenas: Semen y champú

Hoy os traigo algo distinto y es que, llevo tanto tiempo viviendo con mis propias vivencias y fantasías, que a veces me desmotiva hablar y contar sólo cosas de mí. Por ello esta idea me encantó cuando mi amiga me la propuso. Ella me contaba algo que le pasó, y yo le daba forma. En «Contacto» tenéis mi correo por si queréis proponerme alguna historia que contar ¡Animáos! ¡Será divertido!

My Least Favorite Life – Lera Lynn

Sábado por la mañana, resacoso y soñoliento… estoy en una casa que no es la mía, en alguna calle perdida de Madrid. Sola, todos se han ido hoy. Me acerco al gran ventanal, cientos de personas desconocidas habitan las ventanas y las calles. Mi ropa va cayendo, quiero mostrarme desnuda, eso me excita, imagino esos ojos ajenos mirando mi cuerpo, mirando mis tetas, mis pezones… la excitación recorre mis venas, podría masturbarme ante la ciudad, en este gran ventanal.
Abro el grifo de la ducha, he intentado calmar mis ganas de tocarme con distracciones tontas, pero sé que sólo la ducha enfriará mi piel. Abro el grifo de esa inmensa ducha de hidromasaje, el agua cae, pero no sale lo suficientemente templada como para calmar mi ansia. Quema, aviva mi excitación, me miro en el espejo, veo mi cuerpo, mi cara pegada al cristal y sé que sólo un orgasmo acallará esas ganas.
Dejo que el agua corra, mi cuerpo se aclimata y ya no noto quemazón, me vuelvo a mirar en el espejo, con la espada arqueada, el culo ligeramente salido y las piernas abiertas. Y sale, mi puta interior sale.
Cierro los ojos, toca sentir. Noto como el agua cae en mi cabeza y baja lentamente recorriendo mi columna mientras pasa por mi culo y baja por mis piernas hasta perderse en el sumidero.
Puede que esté sola en ese baño, pero en mi cabeza no, en mi cabeza imagino que Él vendrá, me agarrará por detrás, me dará esas duras embestidas, esas embestidas que me hacen gemir como una loca, y su voz, esa voz en mi oído que me susurra por detrás: “¿Vas a callarte pequeña o voy a tener que follarte más fuerte?”.
Mi mente volaba y seguía notándole en la ducha conmigo, cada vez sentía más el calor de mi piel y menos el ruido de fuera, así que le seguía teniendo en mi oído.
«Arrodíllate, quiero lavar tu pelo».
Sus manos lavando mi pelo, Su polla delante de mi boca, las ganas de comérsela en mi garganta. Estoy inmóvil, deseo chupársela desesperadamente, pero no me muevo, sé que no debo hacerlo. Me quedo quieta, conteniendo mis deseos, esperando una orden que no llega. Vuelve a poner Su boca en mi oído : «¿Vas a ser buena y me vas a dejar follarte la boca mientras lavo tu pelo verdad?»
Joder como iba a negarme, era Él, jamás le diría que no a nada, asentí con la cabeza mientras no dejaba de mirarle a los ojos, esos ojos que me tenían tan absorta del mundo.
“Buena chica”.
Notaba la espuma cayendo por mi cara, el pecho y la espalda, mis ojos cerrados no sabían que se acercaba aquella polla que tanto deseaba comer. Su voz de nuevo en mi oído, me sobresaltó: «Shhhh mi niña, abre la boquita, quiero darte todo lo que te mereces».
Comenzó a follar mi boca lento y profundo, tan profundo como podía, pero no era suficiente, creo que nunca lo es, agarró mi pelo lleno de espuma y empujó, una y otra vez, más rápido. Mi mente era un torbellino de agobio y deseo, sí esa voz que te grita que pares esto, que te ahogas y la otra que le contesta: eres una puta quejica, sé agradecida y aguanta. Esas voces que me hacen ser lo que soy, Tuya.
¿Por qué Su recuerdo estaba allí tan real? ¿Por qué si yo seguía sola en esa enorme ducha? Si lo que recorría mi cuerpo no eran babas y espuma, solo agua ardiendo que me llevaba al orgasmo, a Su recuerdo…
Otra pregunta me metió de nuevo en mis recuerdos “¿La perrita quiere su leche?” esa pregunta que mi boca nunca contestó, pero mi cuerpo gritó: lo que quería todo de Él.
Abrí bien la boca, saqué la lengua esperando Su semen, pero decidió echarlo en mi cara… Noté como caía por mis mejillas, mi cuello y mis tetas. No esperé una orden para hacer lo que hice, no esperé que me lo pidiese, era tal la necesidad de untar mi piel con Él, con aquél líquido que me recordaba que era una sucia puta en la que correrse. Restregué Su leche por mi cuerpo, necesitaba embadurnarme con Su esencia.
El agua caía en aquella ducha del pasado mientras Él me besaba con uno de esos besos que musitaban: “Eres la mejor puta que jamás tendré a mi lado” y yo sólo podía estar agradecida a aquel hombre que me cuidaba y me excitaba.
El agua caía en aquella enorme ducha del presente, un orgasmo sacudía mi cuerpo, el agua en mi clítoris y los recuerdos en mi mente. Salí limpia y satisfecha.
Con una toalla enrollada al cuerpo me puse ante aquel ventanal, el sol parecía distinto, los desconocidos ya no me parecían tan excitantes, quizá porque preferimos a los conocidos del pasado por mucho que nos duela recordarlos. Me vestí, me pinté los labios de burdeos y miré a Madrid con una sonrisa de oreja a oreja, ya me has visto desnuda, ahora voy a desnudarte yo a ti, querida Madrid…

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