Sábado de sexo y pizza

Do I Wanna Know – Artic Monkeys

Sábado por la mañana, las niñas no están, no volverán hasta la noche ¿Qué hacemos? Podríamos ir a la playa, a la montaña, podríamos pasear por el centro al sol, podríamos ir a comer a algún restaurante bonito… pero eso no es lo que nos apetece, nos apetece quedarnos todo el día en casa, follando, remoloneando, estrenando lencería, haciendo fotos y pidiendo comida a domicilio…
Me pongo un conjunto negro, me hace fotos, le gusta que pose para Él, que me insinúe, que ponga cara de zorra y captarlo. Al poco ya solo le quedan ganas de follarme: bofetadas, besos, abrazos, mordiscos y pellizcos, a cuatro patas, arriba, debajo, de lado, cualquier postura le vale, follar es lo único que desea. Al terminar nos quedamos tumbados en la cama con una mantita tapándonos, no hacemos nada, no hablamos de nada interesante, solo estamos allí escuchando música desnudos. El rato de descanso ha terminado. Saca Sus cuerdas, me inmoviliza los brazos, me rodea el pecho, tapa mis ojos con un antifaz. No puedo ver, no me gusta, hace que pierda el poco control que tengo sobre la situación, el control de, al menos, saber qué me espera. Pero no, quiere tenerme totalmente ciega e inmóvil… me agarra y me lleva a la polea, me engancha las manos. Noto las cuerdas y Sus manos por la cintura, noto el frío del Hitachi en el clítoris, aún está apagado pero sé qué ocurrirá. Lo ata para que se quede fijo entre mis piernas abiertas. Enciende el aparato, va pasando los programas hasta llegar al que hace que me corra sin remedio, oigo Sus pasos que se alejan y el ruido del edredón al sentarse en la cama. La vibración me llega fuerte, pero no es eso lo que me excita. Lo noto, sé que me está mirando desde la cama, me imagino la estampa que conformo, atada, expuesta, retorciéndome, moviendo las piernas para evitar la vibración a la vez que la busco. Lo imagino tocándose mientras me mira, flexiono un poco las rodillas, aprieto el Hitachi entre los muslos, chorreo inevitablemente “Córrete para mí, puta” cuatro palabras que desatan un orgasmo intenso, incontrolable, me siento una puta, una zorra con la que hace lo que le da la gana. Me ha gustado oír Su voz pero hubiese dado lo que fuese por verlo mirándome mientras me corro, ver Su cara al observar cómo hace que me moje sin tocarme, cómo me controla a la distancia que sea. Yo me corro pero la vibración continúa, empiezo a convulsionar de hipersensibilidad, chillo, me agito, quiero que deje de vibrar en mi clítoris inflamado, lo escucho acercarse a mí riendo, seguro que estoy ridícula luchando contra la nada, luchando sabiendo que no voy a ganar. Apaga la vibración, me quita el antifaz, verlo de nuevo es el mejor regalo, está guapo y excitado, me desengancha de la polea y me pone boca abajo en la cama, el culo en pompa y las manos aún sujetas por encima de la cabeza. Un trozo de carne con el que desahogarse. Me usa, se corre sobre mi espalda… Una vez limpia, me desata poco a poco, los músculos agradecen el descanso de la posición forzada, el sudor se vuelve fresco y mi piel se alegra “Vístete como una puta, va a llegar el repartidor y quiero ver cómo te mira” me pongo una falda muy pegada, una camisa de encaje sin sujetador, tacones, los labios rojos y el pelo alborotado. Suena el timbre, con las rodillas aún temblonas y los pezones asomando entre los agujeritos del encaje salgo a por las pizzas…

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