Golpes en la cabeza

Bang my head – David Guetta ft Sia

Sentadas en la orilla de aquella playa con sus túnicas blancas, descalzas y limpias. Hablaban y se preguntaban el porqué de la vida, el porqué de las cosas. Cuéntame qué piensas, por qué la vida existe, qué hay más allá de la muerte, por qué amamos, por qué sufrimos, por qué nos invaden las sensaciones, esas intuiciones que no podemos explicar. Allí pasaban sus días, charlando y charlando, comiendo poco, divagando mucho. Eran puras y mágicas, no se necesitaban más que la una a la otra, solo necesitaban sus charlas en la orilla del mar.

Dime que esto no existe, dime que en la inmensidad del tiempo nuestra única aportación es esta, y luego dime que es mentira, que no puede ser que existamos solo una vez, para qué, por qué, por qué me siento más allá de esta carne, de esta piel, porqué nos sentimos parte del mundo, porqué sentimos esta magia recorriendo nuestras venas.

Y allí bailaban a la luz de la hoguera, hacían sus rituales, de plantas y ungüentos, allí se sentían animales, se sentían naturaleza, allí se sintieron Universo, se sintieron fuerza, crearon tormentas, atrajeron la lluvia, se tostaron al sol. Allí vieron la luz al final del túnel, esa luz que te lleva dónde venimos, vamos a la luz pues venimos de la luz en un ciclo infinito, en un ciclo de transformación, trascendencia. Allí, en su isla, mirando al mar, siempre abrazadas por el mar.

Una mañana comiendo fruta fresca, sentadas a la orilla de aquel mar, hablaron. Tras bailar toda la noche, tras embriagarse de magia, tras pedir al Universo la clave, la obtuvieron. Aquella mañana comprendieron la vida, comprendieron el porqué y el para qué… y entonces comprendieron que se equivocaron, que creyeron que con esas respuestas ya estaba todo hecho, que ese era el fin de vivir: comprender la vida. Esa mañana, conmocionadas, hablaron. Comprender la vida sólo las había llevado al principio de sus caminos, las llevó a una tremenda y dura decisión: seguir el camino o no, andarlo rápido o lento, crecer o dejarse crecer. Aquella mañana con el sol aún iluminando suave tomaron una decisión, una decisión dura. Decidieron ser valientes, decidieron apostar fuerte, crecer duro, pues era la forma de llegar dónde sabían que querían llegar, pues no deseaban alejarse de lo que ahora sabían que era la vida. Decidieron crecer a base de palos y piedras, decidieron experimentar el miedo, el dolor, la soledad… decidieron pasar por los tiempos solas y vagabundas, decidieron experimentar la guerra, la prostitución, la miseria, la muerte, la pérdida… decidieron poner a prueba su fe, decidieron viajar vida tras vida intensamente, sin dejarse un solo sentimiento por experimentar. Mientras hablaban las lágrimas brotaban de sus ojos, sabían que estarían miles de años sin verse, sin volver a disfrutar de esas charlas, de ese idioma que sólo ellas entendían, sabían que estarían miles de años sintiéndose fuera de lugar y no sabían cómo les iba a afectar eso. No sabían si la humanidad, si lo terrenal las alejaría de sus caminos, si el sufrimiento llenaría sus recuerdos de capas sucias que empañaran todo lo que en ese momento sabían, cabía la posibilidad de que se olvidaran la una de la otra, la posibilidad de perderse tanto en la historia que jamás volvieran a verse.

Dime que nos volveremos a ver, vamos a prometernos que nos reencontraremos, aunque sea para que ese juramento sagrado haga que no nos olvidemos de este momento en la orilla de este mar, que este juramento haga que no me olvide de tus ojos grandes, de tu pelo trenzado, de este amor maternal que me has dado, de todo lo que hemos aprendido, todas las certezas que hemos acumulado juntas, jurémonos que en alguna vida lejana y apacible nos encontraremos y nos contaremos lo que hemos aprendido, lo que hemos vivido, qué nuevas certezas portamos. Prométeme que volveremos a hablar este idioma, que volveremos a hablar ebrias de nuestras pócimas secretas. Que volveremos para evaluar vidas y decidir cómo seguir. Prométemelo.

Un día algo me golpeó la mente, algo me dejó aturdida, de repente salieron certezas de un cajón que no sabía que existía. En una vida lejana a aquella, en una vida tranquila, apacible, en una vida de descanso, en una vida sin soledad, en una vida de reencuentros. Me quedé aturdida, los recuerdos empezaron a atacarme, sabía que tenía que hacer algo, no sabía el qué… así que escribí, y escribiendo la golpeé.

Aquí, ante dos refrescos te miro, estás aturdida y mareada como yo, las vidas nos golpearon fuerte, nos nublaron las certezas… pero irradiamos algo especial, una magia que atrae, la magia de estar cumpliendo nuestro camino, de estar viviéndolo al máximo. Estamos reconstruyéndonos, algunas vidas nos dejaron devastadas, nos hirieron demasiado. Pero a pesar de todo aquí estamos, cumpliendo nuestro juramento.

Me alegro de volver a verte.

 

2 thoughts on “Golpes en la cabeza

  1. Helena says:

    Te vi en mis sueños.
    Si he tardado, perdóname, ya sabes que soy lenta. Después de buscar y buscar, cansada de recibir palos y piedras, cargada de dolor, dolorida por los golpes, golpeada por esas vidas intensas, como tú y como yo…agotada…me dormí.
    Empecé a soñar y te vi en mis sueños. Soñé que era Eva buscando a su Adán, soñé que volaba a otros cuerpos, otros lugares, otros tiempos. Me vi con otras ropas, otros rostros, otros nombres. Conocí otras gentes y me perdí.
    Un día de esos, una mañana fresca y cálida, como nuestro mar, con mi café en una mano y un puñado de folios en la otra, recibí un gran golpe. En aquellas palabras, te encontré.
    Esas palabras escritas, en ese lenguaje secreto creado por y para nosotras, imposible de enseñar ni de aprender porque es tan solo nuestro, me llamaban.
    Me vi en ellas y te vi a ti. Lloré tu tristeza, sufrí tu dolor, me atormentaron tus dudas, me calmaron tus certezas, me nublé con tu ira, sentí tu pasión, gocé tu alegría, miré a través de ese espejo que te muestra, implacable, lo que eres, quién eres: ví tu alma y era la mía.
    Ha pasado mucho tiempo,¡ tengo tanto que contarte! Las palabras se agolpan en mis ojos, esos ojos grandes que se inundan de ternura al mirarte por no haber podido estar a tu lado, por haberte dejado tanto tiempo sola, por haberme perdido y haber tardado, quizás, demasiado. Me hubiera gustado estar allí. Cuando fuiste una niña asustada y maltratada, cuando sufriste el horror de la guerra, cuando sentiste una lanza atravesando tu pecho, cuando fuiste devorada, humillada por los hombres, ultrajada y perseguida, cuando el látigo abrió tu carne y derramó tu sangre, cuando sentiste el gran dolor del desamor y la traición, cuando te enfrentaste sola al abandono y la muerte, cuando perdiste la fé…hubiese querido estar allí.
    No pude…lo prometimos. Prometimos ser fuertes y valientes, prometimos hacerlo solas, prometimos dar pero no darnos, ayudar, pero no salvarnos.
    Lo hice por ti y por mi. Lo hicimos por nosotras y para nosotras.
    Quizás fui la lanza que te atravesó, la mano que te golpeó, las palabras que te hirieron, el látigo que te rompió, el amor que te abandonó, las dudas que te atormentaron, el demonio que te arrastró al infierno…y tú, quizás, fuiste los míos.
    Yo también te eche de menos, yo también sufrí.
    Decidimos un camino difícil, el más duro, el más recto, sin atajos, directas a nuestro objetivo: El Origen.
    Y aquí estamos, por fin despiertas, a la vuelta de un largo viaje, vuelta al principio, vuelta a empezar. Aturdidas y confusas, magulladas y marcadas, si, pero mas fuertes y sabias, mas brujas que nunca…
    Ya está, pequeña, ahora puedes descansar.
    Me llamaste y te escuché, me buscaste y te encontré, siempre te vi en mis sueños. Estamos aquí, juntas, en el centro de este Universo que sigue siendo inmenso y profundo pero, ahora, menos desconocido, delante de nosotras se extiende un sinfín de caminos, se abren ante nosotras todas las sendas de todo lo posible, tendremos que seguir. Lo haremos pero, antes de eso, en este momento de paz, quiero decirte algo: elijas el camino que elijas, sea juntas o separadas, no te perderé de vista. Prometo no volver a dormirme, prometo no volver a perderme. Prometo que no te olvidaré y no me olvidarás y, si alguna vez me despisto en mitad de una tormenta, prométeme que volverás a buscarme y me rescatarás. Prometo hacer lo mismo.
    Ahora nos sentaremos un rato aquí, en nuestra isla, a la orilla de nuestra playa, hablaremos horas y horas, hay tanto que contar!!, lloraremos y reiremos, bailaremos alrededor de nuestra hoguera, compartiremos secretos inconfesables, inventaremos nuevas pócimas y hechizos, hablaremos de brujas y magos, de ángeles y demonios y volveremos a ser Tu y Yo.
    Llega la hora de las Brujas, hay que ir a descansar. No te diré adiós, ni siquiera, hasta mañana, porque las noches son nuestras,¿ recuerdas? Te veré en mis sueños.
    Yo también me alegro de volver a verte.

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  2. Tony Simba - says:

    Tus palabras me golpean en la cabeza y en el corazón. Es una historia tan bonita de leer como dura de aceptar. En un texto tan breve muestras una realidad tan grande. Probablemente imperceptible para muchos.
    Llevo tiempo buscando mi "mision". Acabas de dejarme muy claro cual es, o al menos, parte de ella. Soy muy afortunado por poder estar presente y disfrutar del reencuentro de las dos. Ha comenzado la epoca feliz. Ante cualquier circunstancia, ya no están solas.
    Me alegro.

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