Así empezó todo

Llevo unos días con un recuerdo dándome vueltas, me duermo tratando de revivir cada instante de aquella noche, las sensaciones, el olor, la ropa… Creo que ya he dado pinceladas de lo que ocurrió el día que nos conocimos, o puede que lo haya contado pero hoy me apetece contarlo de forma más detallada, porque sí, porque tengo el romántico subido, porque cada vez agradezco más que ese día nos conociéramos.

Yo tenía 17 años, puede parecer que con esa corta edad había vivido poco pero no es así, mi relación con los hombres ya era intensa y no muy buena. Ya había sufrido lo que era darse y que solo cogieran lo superficial, ya había sufrido mucho y no solo por mal de amores… Estaba decepcionada, creí que lo que yo quería no existía, que jamás lo tendría, que todos eran unos machistas que solo cogían lo que querían sin más profundidad, que el tipo de dominación que yo buscaba era un cuento de hadas, que tendría que resignarme a estar sola, a no sentirme dominada jamás. Bueno, la verdad es que alguien me había hablado sobre unos sitios en los que te dominaban si pagabas (pensad que tenía 17 años y en esa edad desconoces que hay un mundo más allá del instituto) así que pensé que mi futuro se basaría en trabajar y gastarme el dinero en sesiones esporádicas. Hacía una semana que me había sentido tan tremendamente mal por una relación con un chico que ese futuro me parecía maravilloso, así que con determinación dije que no quería saber nada de hombres. Puede parecer que lo dije de boquilla, pero no es cierto, sentí el cambio dentro. Ahora en la perspectiva del tiempo creo que Él era el premio que la vida me tenía preparado para cuando llegase a ese momento interno, a esa fuerza que me decía que sola podía vivir.

El día que lo conocí yo llevaba una faldita con dos volantes de flores rosa, con una camiseta de tirantes del mismo color. Por la mañana estuve en una fiesta de empresarios ricachones con mi padre, por la tarde quedé con un amigo que tenía por internet. Tras comprobar que, como me temía, no quería solo mi amistad me fui a la media hora de llegar. Esa noche había quedado para dormir en casa de una amiga del instituto, cuando iba en el bus me mandó un mensaje diciéndome que no podía. Mi primer impulso fue llamar a mi padre para que me recogiera, estaba siendo un día horrible y no tenía trazas de mejorar. Pero recordé que otra compañera de clase me había dicho que fuese a su casa a dormir. Yo no hice mucho caso a su propuesta pues casi no la conocía, de hecho la había prejuzgado y la había metido en el grupo de las que me estaban haciendo la vida imposible. Pero en el autobús, fríamente, me di cuenta que ella nunca me había hecho nada malo, que siempre había intentado acercarse a mí y era yo la que no la dejaba. Así que decidí llamarla y dormir con ella. Fue la mejor decisión de mi vida, esa noche también gané una hermana más que solo una amiga.

Desde que quedamos ella se mostró con muchas ganas de conocerme, surgió una confianza que no puedo explicar. Ella “de broma” me decía que esa noche me iba a buscar un novio en condiciones, yo le dije que no, que no quería saber nada de chicos. Ella contestó que es que yo había tenido muy mal ojo con los hombres, pero que sabía que ella me presentaría al perfecto para mí. No lo decía pensando en Él concretamente, es solo una certeza que tenía. Fuimos a su casa y nos pusimos a hablar con unos amigos de su hermano mayor por Messenger. Me hace mucha gracia porque hoy estoy casada con uno de ellos y los demás son de mis mejores amigos. Esas conversaciones no llegaron a nada, ellos tenían planes y no querían pasar la noche con dos niñatas de 17 años. Al rato yo seguía frente al ordenador y se escuchó abrir la puerta de la casa. Las voces de tres chicos se escucharon por el pasillo acercándose a la habitación en la que estábamos nosotras. Ahora soy un poco pava, pero en aquel entonces lo era mucho más, así que no me giré a saludarlos cuando se pusieron de pie tras nosotras, hasta que mi amiga empezó a presentarme. El primero fue Él: “Ángela, este es Carlos” me giré y lo vi, lo vi con esa sonrisa que le iluminaba la cara, vi esas paletas un poco montadas que me conquistaron. Solo serían unos segundos los que pasaron antes de darle dos besos pero para mí el tiempo se detuvo, el mundo se paró y sentí magia. Juro que fue así, jamás nadie me ha provocado esa sensación, lo conocía, sentí un vínculo, un calor de hogar muy fuerte. Es como si yo supiese que esa sonrisa era la que estaba buscando desde niña, literalmente me dije: “Es el hombre de mi vida”. Él siempre me dice que eso lo digo para ponerlo más bonito, pero mi madre puede decir que al día siguiente nada más verla le dije: “Mamá, he conocido al hombre de mi vida”. Evidentemente no le dije nada, qué clase de loca hubiese pensado que era. Ellos se iban de fiesta, y no negaré que me quedé muy triste y decepcionada cuando escuché la puerta de la casa cerrarse tras ellos. Pero esa noche no había terminado para nosotros, a los cinco minutos sonó el portero, eran ellos. Años después supe que fue Él el que insistió en pasar la noche con nosotras. Fue increíble, no pasó nada, no nos besamos ni casi hablamos. Lo único es que, cansada de que no mostrase interés por mí, decidí soltar la ya mítica frase: “Anda que bailáis con nosotras”. Era pava, pero cuando sentía algo tenía que luchar por ello. Él me dijo que la próxima canción que sonara la bailaríamos… Sonó la canción más penca y poco bailable: “Obsesión”. Creo que ambos pensamos “Cómo leches vamos a bailar esto” pero ninguno quisimos arriesgarnos a perder la oportunidad de bailar juntos, y nos condenamos a tenerla como «nuestra canción» jaja. Así que nos abrazamos y bailamos. Recuerdo no poder mirarlo a los ojos, Su olor, el tacto de Su mejilla en la mía. No nos besamos pero poco faltó, casi no nos movíamos, solo queríamos estar pegados, sentir el tacto del otro. Eso fue todo. Esa noche nos despedimos sin darnos los teléfonos, pensando que nunca nos volveríamos a ver. Pero yo ya estaba en una nube, algo dentro me decía que tenía que intentar algo con aquel chico. Ahora cuando pienso en que a partir de ese día comencé a decir que tenía novio y se llamaba Carlos me siento igual de tonta que me sentía en ese momento. Yo misma me regañaba: “Ángela, si no te ha dado su teléfono y tú hablas como si llevases años con él” pero es que me salía solo, era una sensación muy extraña. Tardamos varias semanas en coincidir conectados, lo conseguimos un 24 de junio. Decidí ser directa, yo lo quería todo con Él, para qué andarme con tonterías, si me rechazaba prefería que fuese pronto. Él me dijo que se había dado cuenta de que yo le gusté a muchos chicos esa noche y yo le dije que podía ser, pero que a mí solo me gustó Él. Sí, así, del tirón. Me contestó que yo también le gustaba, que estaba de exámenes de la universidad pero cuando terminase podíamos quedar. Yo me quedé con una sensación agridulce, por un lado estaba contenta pero por otro lado seguía sin darme su teléfono ¿Y si lo de los exámenes era una excusa para darme largas? Quedaba mucho para que terminase. El 28 fui al instituto a recoger las notas, nada más entrar vi a mi amiga corriendo hacia mí como las locas “¡Me ha dicho que a las 12 sale de un exámen, que vayas al parque si te apetece!” ¿Si me apetecía? Parecía un sueño, no me lo podía creer, ya me daba igual si me había quedado alguna o no, cruzarme con los idiotas del instituto… lo iba a ver de nuevo, había sido Él el que me había buscado y solo a los cuatro días de hablar.

Llegué pronto al parque pero Él ya estaba allí (más tarde supe que no había podido hacer bien el exámen pensando en mí), recuerdo mi vergüenza al ir andando hacia ese banco. Allí nos sentamos, hablamos de tonterías hasta que me preguntó que qué buscaba, que a Él no le gustaban los rollos, quería algo más… ¡¿En serio?! Estar en una nube se queda corto. Yo le dije que también buscaba algo más serio, me miró: “¿Lo intentamos?” colorada y sin poder mirarlo a los ojos dije “Sí” y me puse a mirar a todos sitios porque sabía que pegaba un beso y me moría de los nervios. Me agarró suave pero contundente del cuello y me dio el beso más maravilloso que me habían dado nunca. Besaba, y besa, increíblemente bien, tal y como me gustaba. El resto es historia…

Ahora analizo y veo cómo todo se alineó para que nos conociésemos, cómo ambos supimos ver más allá, sentir esa vibración que nos decía que podíamos darnos lo que cada uno necesitábamos, aunque no fue hasta cuatro años después que empezamos a descubrirlo de verdad.  Él me dice que lo que más le gustó de mí es la energía que me notó, no sabe explcarlo pero  que parecía muy buenecita, callada, suave… Antes me molestaba porque yo no me veo así, y pensaba “Se enamoró de algo que no soy” pero ahora me doy cuenta que yo cuando lo miré, en una sonrisa, en una sensación, pude ver la energía de Amo que ahora se ha destapado, y creo que lo que Él captó fue mi alma de sumisa, esa que se había pasado la vida esperándolo, esa que ansiaba entregarse a una persona, entregarse a Él. Nos reconocimos, tal y como sé que pactamos antes de llegar a esta vida, para mí no hay otra explicación.

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