Colaboración: sumisión y feminismo

Hoy voy a estrenar un tipo de post que me hace especial ilusión: las colaboraciones. De vez en cuando os traeré a otras personas para que den otro enfoque o aporten otras cosas. Lo estrena «Azul» (@linternasazules en Twitter) es mi hermana de otros padres jaja la persona con la que puedo ser más yo después de mi Amo. Tiene un blog que me encanta: «Bajo la falda azul» que os animo a visitar. Este tema ya lo traté en el post anterior pero creo que no viene mal recalcar desde otra voz, más esta semana. Espero que os guste esta nueva forma de nutrir el blog. Os dejo con ella: 

Hace unos días vi en fetlife una discusión incómoda. Alguien cuestionaba si unas fotos habían sido consentidas o si la chica había sido engañada; y me generó cierta frustración de pensar en cómo se habría sentido esa chica y que alguien viniese a cuestionar sus decisiones, su libertad, su consentimiento y a su Amo. No es la primera vez que pasa… y de ahí nació este texto:

Ser sumisa es muy complicado… Creo que, si pudiese elegirlo no lo sería, pero, como dice mi amiga Ángela (@azoteycafé) ser sumisa es parecido a ser hetero, homosexual, bisexual etc… Es parte de tu identidad y no algo que eliges, sino algo que forma parte de quién eres. Y, seamos francos,  ser sumisa en el siglo XXI es un muy complicado, a lo mejor en el siglo XIII era una ventaja: Tu padre te casaba con un señor que no conocías de nada y si despertaba en ti la sumisión pues probablemente sería más fácil… Porque le pertenecías. Pero ahora somos libres, libres para demostrar nuestra fuerza, para tomar nuestras propias decisiones, para elegir… Porque queda muchísimo camino por recorrer, queda muchísimo por lograr, pero somos más libres que en el siglo XIII. 

Yo soy feminista, soy una feminista criada en un hogar feminista que ha leído mucho sobre feminismo, que educa en el feminismo, que lucharía por cada una de las mujeres a las que no se les permita ser libre, por la igualdad de oportunidades, por la equidad, por la libertad.

Soy feminista y soy sumisa. No recuerdo cuando empecé a ser feminista pero, la primera vez que me excitó una «amenaza de azote» tenía ocho años y veía la Abeja maya. Así que creo no creo que sea algo que he elegido, ambos conceptos son parte de mi identidad. 

Cuando le puse nombre, cuando me autodenominé sumisa, el primer conflicto fue precisamente ese. ¿Se puede ser sumisa y feminista? 

Dudo mucho que no haya una mujer hoy en día que no se lo haya planteado… Al menos no ninguna que sepa lo que es el feminismo. 

Es complicado encajar ambas partes, hace más de seis años que llegue a mi punto de equilibrio y sin embargo, aún se pelean a ratos… Ya no solo es que me guste someterme en las sesiones, ni que me guste que me azoten o hagan conmigo lo que quieran… Es que me gusta servir, me siento muy bien sirviendo, facilitando, complaciendo.

Si, las sumisas son siempre mujeres fuertes, decididas, capaces de tomar sus decisiones… Pero, se someten… porque quieren y son felices… desde la libertad… pero sometidas… Sinceramente, a la azul de 19 años le pareció un marrón enfrentarse a esto pero: ¿Cómo renuncias a algo que forma parte de ti? Y bueno… ¿Por qué renunciar a algo que soy yo, que me hace feliz, que es una elección absolutamente individual? Al final, la cuestión es que como feminista jamás diría a la sociedad que las mujeres tienen que someterse, pero tampoco le diría a otra mujer que no puede hacerlo ella, a nivel individual. Entonces ¿Por qué no tratarme como trataría a cualquier otra chica? Si mi amiga viniera a decirme: “Tia, yo creo firmemente en la igualdad y lucharé con uñas y dientes por que sea así en todo el mundo pero, en mi vida privada, soy sumisa.” Conociéndome, creo que le diría… “Pues mira, chocho, mientras tu seas feliz y lo tengas tan claro, trombocid pa las marcas y si necesitas algo, aquí estoy…” Así que la azul de 19 años un día se permitió la licencia de tratarse como trataría a sus amigas y desde entonces sigo siendo igual de feminista bueno, algo más formada… y e igual de sumisa, pero mucho, mucho más formada. 

Dentro de ese equilibrio también busqué integrar el feminismo en la sumisión, no de la misma manera, pero si en forma de sororidad. Hacer amigas sumisas, intentar no compararme, aprender de ellas (Que son maravillosas), conectar, compartir, disfrutar… y es una de las cosas que más recomiendo porque nadie me entiende mejor como sumisa, que mis amigas sumisas. Pero también dejándolas decidir, aun cuidándonos mutuamente, sin caer en un maternalismo que cuestione sus decisiones, sin victimizar (que no hay peor rol en esta vida).

Dejemos a las sumisas ser, dejemos a las mujeres ser, permitámonos disfrutar de la libertad por la que tantas mujeres han luchado antes que nosotras, incluso cuando queramos usarla para someternos. Porque me siento tan atacada por quienes me dicen que mi sumisión es alineación machista, como por quienes desde dentro, ven en cualquier Dominante un depredador y en mí una víctima. 

Estemos alerta, el machismo en el BDSM existe, el abuso en el BDSM existe… pero hagamos más trabajo de prevención, compartamos las experiencias que nos han jodido vivas… contemos las vías que tenemos para sentirnos seguras y mostrémonos disponibles para quien quiera preguntar o pedir ayuda… de manera que, cuando ocurra, las que lo sufran tengan herramientas para denunciarlo, hombros en los que apoyarse, recursos para identificarlo… sin necesidad de que venga nadie de fuera a preguntar si lo que está haciendo es realmente libre o no… porque, si se cuestiona mi capacidad de decisión, se cuestiona mi libertad, se cuestiona capacidad,  y suficiente paternalismo hemos tenido ya en los últimos cuatro mil años de historia para que vengan a cuestionarme ahora quienes deberían de ver que en mi sumisión hay alas. 

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