Donde hay mar, no manda capitán

No sé si ya os he hablado del día que lo conocí, si es así me perdonáis. Pero es que el día que lo conocí es el primer día que fui consciente de verdad de que los milagros existían y que hay algo superior a nosotros que nos guía y que simplemente espera a que estemos preparados, simplemente espera a que tomemos la decisión adecuada.

Empecé muy pronto a seducir y a tener sexo con otros chicos, e incluso con 15 años tuve un encuentro sexual con un hombre de 26. Quizá os llevéis las manos a la cabeza pero yo no lo viví como un abuso, al revés, si os soy sincera, fue con el que más cómoda me sentí de todos con los que estuve. No es que hiciese el amor, eran besos, toqueteos y demás. Desde muy niña fui consciente de que era atractiva, que a los hombres había algo de mí que les gustaba y yo tenía un deseo muy fuerte de encontrar a ese alguien especial.

Hay una situación muy machista que me repatea de siempre, y es esa en la que un hombre anhela una “puta” en la cama pero quiere casarse con una “santa”. Yo viví muchísimo eso, les gustaba pero creo que me consideraban menos digna de algo serio simplemente por dejar claro que yo tenía deseo. Y así me pasé hasta los 17.

Yo fui a un colegio de monjas desde los 2 años hasta los 16. A los 16 elegí cambiarme a un instituto. Hasta ese momento sólo había estado con chicas en el colegio así que el impacto fue enorme cuando llegué al instituto. Hasta ese momento había conocido a chicos por otros medios. Pero allí había muchos y de muchos tipos. Llegué y ese “algo” los atrajo a todos, y creedme que no lo digo por presumir, fueron unos años muy duros, sobre todo el primero. Era carne fresca y encima yo venía con unas ganas de entrega fuera de lo normal. Al principio estaba encantada, todos eran mis amigos y me facilitaron mucho el cambio, yo no veía otras intenciones, aunque con perspectiva vea las cosas, la realidad es que soy bastante inocente, a veces de más. Por otro lado tengo el don de ver las cualidades de la gente por encima de sus carencias, en aquel momento esto me trajo problemas porque aún no sabía cómo manejar eso y todos me parecían maravillosos y bien intencionados. Pero el curso pasó y viví varias situaciones no muy agradables, una incluso que me hizo sentir “violada”, sí, había estado con un tío de 26 teniendo 15 pero el que me hizo sentir sucia y forzada fue un niñato de 17.

Después de aquello empecé a llevarme palo tras palo, los que querían solo un rollo conmigo ( y ojo, yo tampoco quería más) y luego me juzgaban, los que me decían que les gustaba pero que era demasiado guarra para ellos, ya sabéis, la búsqueda de la “santa” y los que estaban locos por mí, hasta que yo me interesaba por ellos y de repente se les pasaba el enamoramiento. Por no hablar de los que eran mis mejores amigos, o eso decían y cuando más vulnerable estaba se abalanzaban sobre mí.

Pero los días previos a conocerlo tuve una situación especialmente dolorosa con un chico que realmente me interesaba y con el que creía tener algo un poco más especial. Recuerdo estar en la cocina con mi madre llorando y decirle “Se acabó, no quiero saber nada más de niñatos. No pienso buscar más, cuando tenga que aparecer, aparecerá”. Vuelvo a repetir que yo nací con esa búsqueda de mi Amo en la sangre, así que tomar aquella decisión fue muy difícil para mí, porque no era algo mental, era una emoción. Puede parecer que con 17 años no tienes edad ni fuerza para tomar esas determinaciones, pero os puedo jurar que no lo dije por decir, estaba terriblemente quemada para lo joven que era.

 No sé si fue a las dos semanas que una compañera con la que no había hablado en todo el curso me dijo que ese fin de semana se quedaba sola en casa, que si quería ir a dormir. Yo le dije que no, porque realmente no había hablado con ella y además tenía prejuicios sobre ella. A mí me apodaban “la pija” y ella “la yoli” no lo digo desde ser irrespetuosa u ofender, era lo que había. Además ese fin de semana otra amiga me había invitado a dormir a su casa.

Cuando el sábado estaba llegando a su casa en el autobús me mandó un mensaje para decirme que al final no podía quedarme. Estuve a punto de llamar a mi padre, pero ya sabéis cómo son esas edades y yo ya me había hecho el cuerpo a pasar la noche fuera de casa y demás. Y os prometo que necesitaba pasarlo bien, estaba aún afectada por todo lo que os he contado. Así que no lo dudé y le escribí a B (la compañera de clase a la que había rechazado). No tardó ni un minuto en contestar y fui a su casa. Respecto a ella os contaré que se convirtió en una amiga para toda la vida.

Desde el primer momento me trató como si fuésemos amigas de siempre, todo lo que había creído de ella no fue cierto. Al poco me estaba diciendo: “No has sabido juntarte con los chicos adecuados. Pero ahora estás conmigo y yo esta noche voy a encontrarte un novio”. Yo me reí y le dije que no quería, que quería estar sola. “Hay uno que es para ti. Te voy a presentar al Charly” a mí eso de “el Charly” me sonó fatal, me imaginé al más macarra del barrio.

La tarde continuó, no nos cruzamos con nadie y nos fuimos para su casa. Parecía que ya nos quedaríamos allí tranquilamente pasando la noche solas. Pero la puerta sonó, era su hermano mayor con dos amigos. Yo estaba frente al ordenador, mirando fijamente la pantalla porque siempre me ha costado sobrellevar esos momentos. Ellos entraron en la habitación y mi amiga dijo “Ángela, te presento a Charly”. Yo giré la cabeza y vi Su sonrisa. Mientras escribo esto me está dando un sofoco y me embarga la emoción, he intentado explicar mil veces lo que sentí aquel día, en ese momento, pero aún no lo he conseguido. En mi cabeza recuerdo sólo ver Su sonrisa, como si toda la habitación se hubiese difuminado. Sentí como si llevase toda la vida buscando esas paletas un poquito montadas, aún sin saberlo, y encontrarlas. Lo sentí calidez, lo sentí hogar, refugio… Es una de las certezas más fuertes que he tenido, ese saber que era el hombre de mi vida sin conocerlo de nada, pero no tener ninguna duda. Pero eso fue un instante, me limité a darle dos besos y no decir nada más ¿Os imagináis que lo hubiese dicho?. “El Charly” no era para nada como había imaginado, era un muchacho normal, con su camisa formal y su espalda ancha. Tenía un aire a buena persona que no podía con él, pero tras lo que había sentido poco importaba que hubiese sido como había imaginado.

 Estuvieron allí un ratito y se fueron, era sábado noche y se iban a la discoteca de verano de moda. No os negaré que odié escuchar la puerta cerrarse, me quedé un poco decepcionada, quería que se quedaran con nosotras. Pero no podía insistir, lo comprendía. Al cabo de 10 minutos tocaron al portero “¡Ángela, corre! ¡Coge tus cosas, dicen que si queremos ir con ellos!”

Años más tarde supe que volvieron porque Él insistió. Aquella noche no me hizo mucho caso, luego supe Sus motivos, pero como sabéis no me conformo, así que fui directa a Él y le dije “Anda que bailáis con nosotras” ahora me da vergüenza esa frase, pero es la que dije. “La próxima canción la bailo contigo”. Sonó la peor canción que podía sonar para bailarla juntos, pero no me iba a arriesgar poniéndome exquisita. Aún recuerdo bailarla pegada a Él, oliendo Su cuello, Su cara… No nos besamos ni ninguna mano fue dónde no debía, pero creo que nos supo a polvo. Hubo otro gesto que esa noche me encantó. Un chavalillo andaba rondándome, nada muy baboso, pero ahí estaba. En cierto momento que estaba cerca me agarró por la cintura para que me dejase en paz. No fue nada posesivo, o falto de respeto, me pareció toda una señal.

No me voy a extender mucho más. A las tres semanas estábamos en un parque Él diciendo “Yo no busco rollos, yo quiero algo más serio ¿Lo intentamos?” y sellando nuestras intenciones de intento con el mejor beso que me habían dado nunca.

Ese verano tuvimos nuestros primeros encuentros sexuales, me fascinó cómo podíamos tener tanta complicidad ¡Era igual de vicioso que yo! Jugábamos a interpretar mil fantasías y no me juzgaba, al revés le fascinaba mi sexualidad (aunque aún no le hubiese confesado todo). El resto es historia…

Resultó que “El Charly” era Carlos, (ya nadie lo llama así, me encargué personalmente jajaja) y resultó que realmente era el hombre que desde niña había visto en mis fantasías, realmente fue el hombre de mi vida, mi Amo.

Él siempre ha sido muy racional, pero no puede negar que algo nos juntó, algo superior a nosotros. Quizá no le ponga nombre o quizá “solo” lo llame “la vida” pero ahí está. Nunca se olvida, respeta la jerarquía. Él manda sobre mí, pero es consciente de que algo lo ha puesto en ese lugar, algo más importante que Él y que yo. Algo que respetar. Hay una canción que dice “donde hay mar, no manda capitán” y a raíz de eso viene toda esta historia, para explicar que si no sintiese que Él respeta esa jerarquía, que sabe que “la vida” está por encima de Sus deseos, incluso cuando podría ignorarlo y ser un tirano que se cree el ser más Superior porque yo le he dado plena libertad, si no sintiese que es consciente de ese “mar” que es más importante que Él, no podría entregarme tanto como lo hago.

Podéis pensar que estoy loca o que lo que digo es incomprensible, pero estoy aprendiendo a no renegar de mis certezas, y las cosas que he sentido y siento lo son. Sé qué es el Instante, sé que en aquel momento fui consciente de ese mar llevándome a los pies de mi capitán, para surcarlo juntos. Él no lo identifica como yo, no le pone estas palabras, pero actúa en consecuencia que es lo que importa.

Soy una persona muy espiritual (no en el sentido religioso sino metafísico, incluso ahora que desde el cáncer he empezado a llamar “Dios” a lo que antes llamaba “Universo”) desde niña, son las dos ramas más acentuádas en mí desde que nací: BDSM y espiritualidad. Quizá por eso las haya llevado de la mano toda la vida, incluso cuando he intentado no hacerlo. No digo que la manera de conseguir crecimiento personal y/o espiritual sea el BDSM, pero para mí sí lo ha sido y quiero empezar a mostrarlo sin tapujos.

Y no puedo contar cómo conocí a mi Amo, cómo es la naturaleza de nuestra relación, cómo supe que era Él… sin hablaros de ese “algo superior” que siempre he sentido que estaba de mi lado. Por eso puedo confiar en Él, es más, es lo que debo hacer, es mi compromiso ante cada deseo auténtico que he querido que se manifestara en mi vida: “¿Quieres crecer y sentir todo eso que deseas? Solo tienes que soltar y confíar ¿Quieres curarte de cáncer sin secuelas? Suelta y confía ¿Quieres manifestar todo tu potencial? Pues suelta y confía” Ojo, no es un consejo de vida apto para todos, antes has de ser consciente de que confiar es conectar con tu intuición y seguir el camino que te marcan. De esa forma, soltar y confiar para curarte de cáncer, no es no tratarte porque ya te salvarán, no, es escuchar y ver qué opción es la mejor para ti, responsabilizándote de la toma de decisiones. Esto es un ejercicio tremendamente difícil de explicar así de primeras. Ojalá encuentre algún día la forma de hacerlo.

El día que me paré en seco, que dejé de sentirme una víctima en mano de otros chicos y fui consciente de que la responsabilidad sobre con quién estar y qué tipo de sensaciones seguía fue el día que tomé la decisión adecuada para que Él apareciese. A partir de ahí ha sido el entrenador perfecto a muchos niveles, incluso de los que Él no es consciente porque no dependen tanto de Él sino de lo que representa. Él es mi capitán, el mar me dijo que sabría cómo guiarme en mi propia travesía.

Esta tarde nos vemos a las 17:30 en directo en Twitch para hablar de BDSM, contratos y lo que surja… También te invito a escuchar el podcast que inauguré la semana pasada, podrás hacerlo aquí

1 thought on “Donde hay mar, no manda capitán

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable Ángela Ruiz Ríos.
  • Finalidad  Moderar los comentarios. Responder las consultas.
  • Legitimación Tu consentimiento.
  • Destinatarios  GoDaddy.
  • Derechos Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional Puedes consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en el botón Aceptar, aceptas el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad