Mis castigos

Este es un tema del que llevo hablando un tiempo, en Discord fue la pregunta de la semana y luego surgió en los directos de Twitch. Pero me hicieron unas preguntas por mail muy interesantes y no hay cosa que me guste más que contestar preguntas así que voy a aprovechar para exponer nuestra particular forma de vivir los castigos. Antes de ponerme a ello diré eso típico de las escenas de acción “Escena realizada por especialistas, por favor no traten de reproducirla en casa”, porque nosotros los vivimos así porque se nos juntan una serie de circunstancias y características personales. Por favor nadie se tome esto como la forma de llevar el tema del castigo en una D/s:

Vamos a poner un poco en antecedentes, en una D/s se acuerdan una serie de normas y se puede acordar que el no cumplimiento de ellas conlleve un castigo. No tiene por qué ser físico, hay de muchos tipos. En mi caso por ejemplo si no le llevo la toalla al salir de la ducha me apunta 5 azotes.

¿Acordasteis qué castigo conlleva cada incumplimiento? ¿Es siempre el mismo?

Bueno, aquí se podría meter otro tema muy polémico: consenso, metaconsenso y demás. A mí no me gusta acordarlo todo, yo cedí el control en general, el resto prefiero que sea un movimiento orgánico. Esto es así por cómo es Él, os aseguro que con otra pareja probablemente sí acordase hasta el más mínimo detalle, pero conociéndolo sé que establecerá un castigo justo y por los motivos adecuados. Así que no, no los acordamos, pero los aprendo por costumbre. Es decir, yo sé que un despiste o falta leve son 5 azotes, algo más serio son 10, aunque nunca me lo ha dicho de manera oficial. Pero en casos excepcionales pueden tener matices como la intensidad. Por poner un ejemplo, el día que se hizo el debate en Discord sobre protocolo, Él se duchó y no pude llevarle la toalla. Me dijo que esos cinco azotes serían más intensos por la ironía de estar hablando de protocolo mientras me salto el mío propio.

Os adelanto que ese tipo de cosas me divierten mucho.

¿Todos los castigos son azotes? De no ser así ¿De qué otro tipo?

No, no todos los castigos son azotes. Para las faltas más rutinarias sí lo son, por un tema de practicidad. Son cosas que suelen pasar y es más fácil contabilizar, además que es la forma más sencilla de castigarme. No me gusta el dolor, aunque pueda disfrutar de él, pero en castigo nunca.

 Una de mis rutinas semanales es tener sexo oral los jueves y tragar Su semen, si no lo cumplo el castigo es ponerme más difícil esta tarea, por ejemplo haciendo que lo tome de un plato o similar. También dormir en el suelo, privarme de orgasmos (aunque este ya no lo hacemos, luego aclaro)… También pueden ser pequeñas humillaciones. Nunca me ha ignorado, esto es algo que me llama mucho la atención que siempre salga cuando se habla de castigos, para mí es sorprendente porque jamás he vivido nada parecido. Una vez se enfadó muchísimo conmigo y mi castigo fue dejar de hablarle de “usted” hasta que Él dijese. Fue muy duro para mí. Así que no me quiero ni imaginar si usase ignorarme como castigo. Nunca ha considerado que haya hecho nada tan grave, y creedme que a veces puede que hasta me lo mereciera. Pero incluso en la verticalidad hay ciertos límites de igualdad que se mantienen. Me merezco que me trate como a una persona normal, a la que explicar las cosas, con la que se debe hablar.

En la medida de lo posible ¿El castigo suele ser inmediato a la falta?

No suelen ser inmediatos, sobre todo porque es difícil que estemos solos cuando estas faltas ocurren. También ( y esto no está demostrado pero es mi percepción) creo que le gusta más acumularlos un poco, cinco azotes le saben a poco jaja. Si el castigo es por otra falta más grave que está fuera de las “rutinas” sí suele querer castigarme lo antes posible, de la forma que sea. Creo que por evitar que se le olvide cómo se ha sentido y apiadarse de mí.

Las preguntas acababan aquí pero yo voy a añadir algunas cosas más. Para empezar yo personalmente creo que en nuestro caso se podrían distinguir dos tipos de faltas: las que no le importa si suceden y las que no quiere que se vuelvan a repetir. Evidentemente las normas están para cumplirlas pero sabe cómo soy, y soy muy despistada. Digamos que esas normas rutinarias, como llevarle la toalla a la ducha, le pueden dar placer de dos maneras: si se cumple, por el propio cumplimiento, y si no se cumplen como excusa perfecta para castigarme. En Discord Él dio Su visión de los castigos y decía que le gusta desde el momento en que hace sonar el contador y ve cómo el ruidito me pone tensa. Por otro lado están las faltas que realmente lo enfadan. Aquí se abre otro melón, siempre se dice que un Amo no debe modificar cómo es la sumisa. Y en la base estoy totalmente con ello, pero yo no soy perfecta, no me importa que me lo diga y quiera que cambie esas cosas. Yo también le digo a Él qué cosas podría mejorar, evidentemente uso otros métodos que respetan nuestro tipo de relación.

Algo que quiero aclarar es que nuestra forma de comprender los castigos es la de liberar de la culpa. Es como asumir que no soy perfecta, que cometeré fallos y no pasa nada. No se me recrimina ni castiga emocionalmente con ello (como sé que sucede en muchas parejas vainilla), asumo mi castigo y listo. A mí las dinámicas de castigo me divierten mucho, los castigos en sí no, tampoco es que disfrute de ellos. Si fuese así ya no me divertirían porque no me darían “sustillo”, pero esa adrenalina previa, ese estar en alerta me fascina. Os voy a poner un ejemplo que además muestra por qué no quiero pactar qué cosas son castigadas y qué cosas no. Cogí Su tarjeta del banco porque la mía estaba rota. Olvidé meterla de nuevo en Su cartera. Cuando fue a la compra me escribió “¿Dónde está mi tarjeta?” qué escalofrío me recorrió. Ese escalofrío que me da vidilla. Finalmente encontramos solución (bendita tecnología) pero aún me quedaba la duda de si querría castigarme o no. No me castigó, ni siquiera lo mencionó, pero la posibilidad estaba y a mí me encanta saberme “en la cuerda floja”. Quiero aclarar que esto no significa que me castigue mucho ni por todo, al revés. Pero vuelvo a hacer hincapié que solo le doy a Él ese poder, por saber lo razonable que es. Y además se junta mi fortaleza y mi mente crítica natural. Si algo no me gusta se lo digo, se lo debo decir de hecho, si un castigo me parece excesivo o no me hace bien se lo digo, Él me escucha y lo hablamos. Aquí os cuento lo que pasó con la privación de orgasmos. Un verano en vacaciones se enfadó mucho conmigo y con toda la razón. Pero estábamos de acampada con las niñas, así que el castigo fue privarme de orgasmos. Cada noche y durante el día hacía y decía cosas que me excitaban para dejarme al borde del orgasmo. Pasaron varios días y me levantó el castigo. Para empezar me costó horrores conseguir llegar de nuevo y para continuar lo pasé realmente mal durante la privación. Lo hablé con Él, le dije cómo me había sentido, cómo me había afectado a otras áreas de mi vida porque no podía concentrarme o estaba muy irascible y de mal humor. Tampoco es que me dijese “no volveré a hacerlo” de hecho no es lo que busco cuando lo hablo con Él, porque sé que no hace falta sentenciar nada, que Él es tan responsable y razonable que sabrá qué tiene que hacer. Efectivamente, de eso hace muchos años y jamás volvió a usar esa forma de castigo.

Mi parte favorita de la D/s es la disciplina doméstica, sí, por eso he estado siempre en conflicto conmigo misma, porque reconozco que es lo que aparentemente podría parecerse más a una relación machista. Pero la base es muy distinta. No puedo evitar que me divierta esa pequeña alarma por poder ser castigada. Por otro lado realmente soy una persona muy fuerte y autoexigente, así que sacar el castigo fuera de mí misma, no solo no me hace daño y sino que me libera de la culpa y el autocastigo.

Por eso repito que no reproduzcáis esta forma de llevar el tema de los castigos en vuestras D/s. Evidentemente sois adultos y adultas y vais a hacer lo que os dé la gana. Pero tened en cuenta que para llevarlo así ambos tenéis que tener muy claras muchas cosas, ser capaces de ver con perspectiva, saber distinguir entre merecer un castigo dentro de la D/s y realmente merecer un castigo. Yo, Ángela, como persona no me merezco un castigo o regaño por ser despistada, pero como sumisa, acepto que sea así. Jamás hay que perder de vista estas dos dimensiones. La otra persona también tiene que ser tremendamente responsable de sus actos, tener visión de las cosas y autocontrolarse. Hay muchas veces en la vida que nos molestan cosas de los demás y en realidad no es cosa de los demás, es cosa nuestra. La persona a la que le das ese poder tiene que ser muy consciente de esto, porque sino se corre el riesgo de hacer poca autocrítica y arremeter con la parte sumisa por cada cosa que te enfada, aunque no lleves razón.

Sobre esto irá la entrada de la semana que viene. Porque creo que es muy importante para entender nuestra forma de relación.

Como he dicho me gusta que nuestra relación fluya, soy muy controladora, ser sumisa me libera de eso, así que tener hasta el más mínimo detalle pactado hace que no obtenga ese placer que busco. Pero voy a ser terriblemente pesada con esto, no es forma para todos, primero os tiene que gustar que sea así, segundo tienes que confiar cien por cien en la otra persona, esto implica que esa persona se lo haya ganado de verdad, sí, ganado. Algo evidente pero que no viene mal señalar. Y hoy me voy a ganar el premio a la pesada de la semana pero os recuerdo que llevamos 16 años juntos, 16 años muy intensos. Hemos vivido crisis económicas, sentimentales, de salud, de familia… en todas salimos reforzados. Es por esa forma de afrontar juntos todo y la libertad y confianza que he sentido siempre con Él la que me permite el lujo de llevar una relación D/s más orgánica sin tener que pactar todo.

Y para terminar… ¿He dicho ya que esto es personal y que no es lo habitual?

Si queréis hablar de esto, o de cualquier otra cosa, ya sabéis que a las 17:30 nos vemos en el directo de Twitch

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