¿Sádicos en el sadomasoquismo? No, gracias

Este es un tema que tenía ganas de tocar. Ya lo hice en twitter pero ahí quedó. Ayer vi el hilo de Claudie Juglans en twitter, en el que contaba que le daba reparo hablar de su sadismo porque no estaba “bien visto”. Me ha llamado mucho la atención que algunas respuestas decían que les había gustado ver su postura porque era cierto que no tenían el sadismo en mucha estima y demás. Cuando yo hablé de ello en twitter decía algo similar, que sentía que había como un prejuicio o rechazo a los sádicos dentro del BDSM. Fuera ya ni te cuento, pero eso me puede parecer más comprensible. Pero es que el BDSM, antes de llamarse así, era el sadomaso, es decir, que el sadismo y el masoquismo no solo formaban parte, es que era lo único que se contemplaba en este tipo de prácticas. Así que me resulta muy irónico que se tenga ese prejuicio, o que las personas sádicas no se sientan cómodas al expresar su sadismo dentro de la comunidad que les corresponde.

Yo también siento ese reparo al contar ciertas cosas. Mi Amo es sádico, si le preguntáis a Él os dirá que no, pero lo es. Si tiene que elegir entre que algo sea solo gustoso o que me cause algo de dolor, elige lo segundo sin duda. A mí me encanta. Yo no sé qué leches soy aún respecto al masoquismo, porque a mí el dolor no me gusta, pero a la vez me excita mucho la posibilidad de sentirlo, el miedecillo previo y el recuerdo posterior. También puedo conseguir transformarlo en placer en el momento pero depende del tipo de dolor (los azotes en rara ocasión lo he conseguido, por ejemplo). Supongo que sí seré masoquista, simplemente tengo el concepto mal integrado en mi cerebro. Como en todo habrá diferentes formas de sentirlo. Yo no voy a pedir nunca que me azote más fuerte, pero sí que deseo que me lleve a mis límites con la humillación. Porque es algo que me transforma y me eleva. Por no extenderme con este tema, que hoy es el sadismo lo que nos ocupa, diré que cuando tengo asumido que sí soy masoquista llega la típica afirmación de “si castigas azotando a un masoquista, no es un castigo” y me viene a la cabeza lo mucho que me duele y las ganas que tengo de que acabe cuando me azota y digo “no, pues no lo soy”… Cuántos matices ¿Verdad?

El caso es que cuando estuvimos de escapada en Alhama los dos solos (tengo pendiente contároslo) después de comer le pregunté “Sinceramente, Amo ¿Usted se considera sádico?” cuando me tomo dos vinillos se me suelta la lengua jaja. Él me dio la respuesta que inspiró este escrito: “Sí, lo soy. Pero me puede más cuidarte”. Con esa frase lo comprendí. Los sádicos son unos incomprendidos porque los demás los percibimos con esa imagen de película, de novela, de personas que solo buscan su placer, y su placer se obtiene a través del dolor de otros. Injustamente quitamos todo lo demás, como si esa persona no tuviese más elementos en la ecuación que lo modulan y armonizan. Tenemos una imagen muy manipulada, enfocada y perversa de los sádicos. Quizá nuestro querido Marqués ya desde el origen alimentara el estigma con sus novelas en las que las barbaridades, sin consentimiento de las víctimas, abundaban. Hace muchos años leí varias obras de Sade y hubo partes que me sobrepasaron, ni excitación ni leches, me parecieron aberrantes. Eran torturas impartidas por personas sin piedad alguna. Creo que como de ahí les viene el nombre tenemos asociadas esa “maldad” y crueldad a todas las personas sádicas. Pero al igual que no es lo mismo una persona sumisa en general, con un carácter sumiso para con todos, y una sumisa dentro del BDSM. No es lo mismo una persona sádica en el ámbito de la criminalidad y el extremo y una persona sádica dentro del BDSM. “Soy sádico, pero me puede cuidarte” es el resumen perfecto de lo que es ser sádico en el BDSM. Claro que disfruto haciéndote llorar, provocando dolor, pero equilibrado con el sentimiento de protección y cuidado. Al BDSM se viene a disfrutar, y eso los sádicos también lo tienen presente (al menos los que yo he conocido). A disfrutar, que no es sinónimo de que todo sea suavito y blandito, también se puede disfrutar del sentimiento de dominación, del miedecillo y adrenalina antes de un castigo, se puede disfrutar de las sensaciones que provoca ser humillada, de unas pinzas, del dolor… ojo, ni siquiera hablo de personas masoquistas que puedan obtener placer del dolor, como os comentaba antes, no podría vivir sin esos “tormentos” aunque en el momento solo me duelan. Pero me divierte, lo disfruto. El sádico no es una persona que está esperando la ocasión para “atacar” y hacer lo que le venga en gana, hacer sufrir a la otra persona incluso cuando la otra persona ya no disfruta de ninguna manera.

Os hablaba en aquella ocasión en twitter de una Dómina muy sádica, que le gustaba literalmente “que saltase la sangre” cuando azotaba. Eso puede asustar mucho a los que no le vemos la gracia a que nos hagan eso por ningún sitio pero, como bien dice el refrán popular, “siempre hay un roto para un descosío” y todo en esta vida tiene su complementario. Así ella se relacionaba con sumisos que disfrutaban de que eso sucediese. Y no me vengáis con que eso no lo sabemos, que quizá se sentían presionados y demás paternalismos. ¿Tan difícil es de asumir que hay personas a las que les gustan las cosas que a nosotros no? A veces parece que queremos buscar las vueltas para validar nuestra posición. ¿Tú no quieres que te salte la sangre en una sesión? Maravilloso, busca un Dom que no le guste que salte la sangre en una sesión, pero acepta que lo otro también es posible y válido.

Yo al principio no consideraba a mi Amo sádico, por lo que he contado de la imagen que tenemos de un sádico, para mí los sádicos eran los “que viene el coco” del BDSM. Una figura a la que temer, incluso cuando no era tu Amo. Y yo a mi Amo no le tenía miedo, así que asumía que no lo era. Pero los años han ido pasando, hemos ido conociendo a otras personas, he ido viendo otras relaciones, otros Doms, otras Dóminas, he conocido otras experiencias… y, en esa comparación natural que surge, me fui dando cuenta de que Él “algo” sádico sí que era. Ahora ya no tengo dudas, y eso me ha ayudado mucho a limpiar la imagen de las personas sádicas. Sé que el límite de Su sadismo está donde empieza mi cuidado. Que por ejemplo le excitaría una barbaridad usar una ducha anal conmigo pero ha leído e investigado que no es bueno, así que no tiene ninguna duda al desechar esa práctica. Sin embargo no lo veréis usar lubricante distinto del “escupitajo y a volar” en el sexo anal. Y mira, si estás cachonda y te chorrea pues eso que te llevas. Ni tampoco lo veréis calentando mucho en un castigo, más allá de usar los elementos progresivamente. Pero si es en sesión sí, porque ahí trata de que mi dolor sea más progresivo y llevadero. Pero fijaos, os cuento esto y noto el prejuicio ya acechando. Ya escucho a los que se llevarán las manos a la cabeza, pero lo cierto es que llevamos 12 años así y jamás me ha pasado nada, ni grave ni leve. Jamás me ha provocado ningún daño. Y nunca he sentido que algo me superaba. Digamos que nos entendemos muy bien, Él sabe qué dolor soy capaz de asumir y jamás lo sobrepasa. Y no es que esté reprimido tampoco, porque ambos tenemos límites muy parecidos. Lo que hablábamos de las compatibilidades… Él no necesita hacer que mi sangre salte cada vez que me azota, ahora, si hace alguna heridilla y sangra un poco no tengáis duda de que correrá a lamerla, pero oye, que Él no es sádico jajaja.

En fin, que no olvidemos que esto iba de putear pero con cuidado y mesura, tanta como la otra parte quiera que tengas o tu sentido común te dicte. Así que no juzguemos o, al menos estemos abiertos, a ver las cosas con perspectiva y con una mirada que vaya más allá de nuestra propia forma de vivirlo. Que ya está bien de que los sádicos y masoquistas, que fueron los que dieron origen a todo lo demás, tengan ahora que estar excusándose y velando un poco sus gustos, porque ahora lo que está de moda es controlar y esas cosas de pegarse y hacer llorar están fatal.

Ojo, que yo soy la primera que adoro la D/s mucho más que la SM, pero no voy a elevar mis gustos a la categoría de vara de medir el resto de prácticas. Por favor, empoderemos a las personas, dejemos de creer que todo lo que tiene riesgo de ser “algo malo” lo es. Vamos a confiar en que cada uno sabe lo que hace, que en algunas ocasiones no es así, sí, pero también os digo que mi juicio no pedido no va a cambiar nada.

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