Hay días…

Caminaba una noche sola por la playa. Se acercó a la orilla, las olas eran casi inexistentes, no había mar más calmo que el de aquella noche. En las aguas se reflejaba la Luna, se reflejaba ella. Se miró fijamente en el espejo líquido. Se vio, se quedó como una estatua mirando su imagen. Y se vio, vio sus inseguridades, vio sus ambiciones, esas que no la dejaban vivir tranquila. Vio sus complejos, vio a una perdedora, mediocre, un fraude… Vio una chica fea, de cuerpo lleno de cicatrices, vio todo lo que le faltaba, vio un cabello corto, acaracolado que no le favorecía, que no pidió. Se miró y vió a alguien tan sensible que la más mínima brisa marina la desequilibraba. Vio una tormenta sobre su cabeza, esa tormenta que la ponía de mal humor el día menos pensado, vio una figura oscura a su lado que le susurraba que no entendía cómo alguien podía amarla, que vivir a su lado era insoportable… Y se odiaba, se odiaba por dejar que las brisas la desequilibraran, por no estar segura de muchas cosas, por no hablar con la seguridad con la que otros hablaban, por replantearse todo una y mil veces… Vio un estómago lleno de nauseas, porque ser así se las provocaba. Vio el miedo agarrarse a sus entrañas, vio a una cobarde, a una incompetente que jamás llegaría a nada… Vio su talento, vio su genialidad pero también vio todo lo que le faltaba que anulaba ese don que tenía. Vio una cara con manchas, vio unas arrugas que empezaban a gritar que la juventud se le escapaba entre los dedos. Miró y vio un cuerpecillo que nunca había estado lo suficientemente a su gusto. Vio las comparaciones que establecía, vio lo frustrada que la hacían sentir. Vio todo lo que no sabía, vio toda la constancia que le faltaba, la fuerza de voluntad que escaseaba en ella. Vio su egoísmo, su soberbia, vio lo pequeña que era, lo poco especial. Vio cómo le dolían las nostalgias…

Estaba tan fija en su imagen que no se dio cuenta de que el reflejo de la Luna se estaba acercando poco a poco. Hasta que se unió a la mujer… Entonces siguió viendo aquello pero también vio sus certezas, su perseverancia, vio su magia, vio la belleza de un cuerpo que había vivido tanto, vio las cicatrices y las reconoció como testigos de que estaba viva. Vio lo guapa que se sentía algunos días, recordó su melena y recordó cuando no tenía ni un solo pelo en el cuerpo, recordó sus ojos sin pestañas y vio lo bonitas que estaban ahora, cómo enmarcaban su mirada, esa que era ventana de un mundo interior infinito… Ese que hacía que se desequilibrara a la más mínima brisa, pero que también era su mayor fortaleza. Al lado de sus cobardías vio sus valentías, y tras esa sombra oscura que le susurraba cosas horribles había una luz que le gritaba que todo eso era mentira, que era hermosa, poderosa y mágica…

Y se amó, porque se aceptó, aceptó que era todo lo que había visto, o quizá no lo fuese, pero comprendió que algunos días se sentiría gris, fracasada y perdedora. Y no pasaba nada, porque no tenía que ser un ser perfecto, solo tenía que vivir, vivir lo mejor y más bonito posible. Se amó, porque comprendió que unos días sería la perdedora y otros la ganadora, y eso dejaba de manifiesto la neutralidad, esa maravillosa neutralidad que lo inunda todo y que nos libera, que nos libera del juicio.

Gritó, gritó y chapoteó en el mar, rompió la calma y por primera vez no se sintió culpable. Ella era eso también, era calma y caos. Era, era tantas cosas que comprendió que cada día descubría una distinta.

Hay días que me agoto, que necesito volver a la cueva, dejar de hablar un poco de BDSM, porque yo no soy solo eso y no me gusta tener que mostrar sólo partes de mí por pensar en lo que los demás esperan. Por eso llevo una semana un poco más alejada de las redes, no me pasa nada ni significa nada. Simplemente es un descanso.

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