Días de mierda

Hay varias escenas que me gustaría conectar. A ver si lo consigo, mi cabeza a veces hace conexiones difíciles de trasladar a palabras.

Empezaré esta entrada hablando de aquella adolescente que fantaseaba. Recuerdo estar en mi cama tan desesperadamente excitada, restregarme con un cojín salvajemente, apretarme cada vez más, las muñecas me dolían… Conforme el placer aumentaba y el orgasmo se acercaba me echaba hacia delante, clavaba la cabeza en la cama, como si de esa forma pudiese acercarme más a las imágenes que había en mi cabeza, como si así se hicieran más tangibles, más reales. Recuerdo la pena recorriéndome mientras me corría… llegar al final, por muy placentero que fuese, significaba salir despedida de ese mundo que tanto ansiaba. Me quedaba allí, agotada y sola. Era tremendamente frustrante.

Este sábado, cuando las niñas se durmieron, nos metimos en nuestra cama y le propuse ver porno juntos. Es una de mis aficiones favoritas. Me encanta meternos en la cama calentitos, Él se pega mucho a mí para poder ver la pantalla del móvil juntos. Yo voy buscando los vídeos “perfectos”, no creáis que me vale cualquier cosa, tiene que cumplir ciertos requisitos indispensables. Por no hablar de que según la época y el momento me apetecen unas cosas u otras. Qué temáticas me gustan queda reservado para los que ven porno conmigo, es decir, Él y Azul, porque son igual de pervertidos que yo… Cuando encuentro el adecuado me entra una emoción especial, es como encontrar una veta de oro, porque a partir de ese vas llegando a uno, a otro y a otro… a cuál mejor y más excitante. Él sabe leerme, sabe cuándo alguno me ha gustado especialmente, cuándo meter Su mano entre mis piernas… El resto podéis imaginarlo. Todos mis sentidos siendo estimulados. Ver escenas que te vuelven loca, que te excitan de forma extrema y que además haya una persona real que te toque, que disfrute contigo y desee hacerte lo que sea que estén haciendo en el vídeo…

A veces me paro a pensar si desde fuera puede parecer que mi vida es todo “chachi piruli”. El otro día una chica a la que seguía tuiteó “He dejado de seguir algunas cuentas porque yo no vengo aquí a que me restrieguen su felicidad”. Efectivamente había dejado de seguirme. Quizá fuese por otro motivo, no importa, no me molestó, simplemente me dio que pensar…

Hoy lunes por la mañana me lo he pasado en el hospital, primero tenía cardiólogo, a veces me dan taquicardias y querían asegurarse que la quimio no me había dañado el corazón (Todo perfecto, tengo el corazón sano y fuerte). Luego tenía que pedir otras citas e ir a hacerme otras pruebas. Este viernes más pruebas y al siguiente toca visita al oncólogo. Todo esto se supone que cada tres meses. Son revisiones, estoy muy agradecida porque así sea, pero pretenden que sea así el resto de mi vida, cada tres meses pruebas, analíticas, hospitales. Es muy frustrante, es como si no pudiese librarme de una enfermedad que ya pasó, como si fuese una condena. Con lo mucho que odio ir a los hospitales… Como si me viesen como una enferma para siempre, en potencia, pero enferma. Y si no quiero que sea así, soy yo la que tengo que sacar el valor y poner mis condiciones contra los protocolos médicos, porque a mí morir ya no me da miedo, pero vivir una vida en el miedo, en situaciones por las que no quiero pasar… me aterra. Supongo que muchos creeréis que soy una exagerada, pero para mí quedó clara la fugacidad de la vida, vida que no quiero pasarme en un tubo de resonancias, en una sala de espera en la que uno se queja repetidamente por lo mucho que se retrasa todo, que no quiero pasarme sin poder olvidar que una vez tuve cáncer. No es solo el día del hospital, es también las semanas antes, el día anterior, cuando inevitablemente la cabeza recuerda que tienes que ir a esas citas, y se te coge un pellizco en el estómago porque no quieres, no quieres y no quieres, al menos no tanto. Así que sí, mi en vida también tengo momento de mierda.

Hoy lunes cuando salí del hospital a las dos de la tarde iba ofuscada en la señora que se había colado para pagar el parking, esa que cuando se lo he dicho con toda la educación del mundo, no ha parado de hacer comentarios para que yo la escuchara, para salpicarme de su actitud negativa. Estaba enfadada por quedarme enganchada en esas tonterías… Así que he dicho “Ángela, ponte en modo agradecimiento” ese modo en el que me fijo en todo lo que tengo que agradecer. Al rato, cuando menos lo esperaba me ha venido Él, me ha venido nuestra complicidad, me ha venido nuestra “noche de porno” del sábado. Me he sentido tan agradecida que no sé explicarlo. Me he sentido niña la noche antes de Reyes al pensar que en un rato volvería a estar con Él, porque estamos casados. Que veríamos alguna serie o documental juntos después de comer, porque nos gustan las mismas cosas, nos interesan las mismas cosas. He pensado en nuestra noche de sábado, esa en la que me abrazaba como mi amigo, mi mejor amigo, ese al que puedes mostrarle todas tus “vergüenzas”, con el que puedes sentirte lo más tranquila posible entre Sus brazos aunque fuese un momento “delicado” por mostrar tus gustos más íntimos. Y no sólo eso, sino que Él también puede dejarse llevar conmigo, hacer y decir lo que sea, sabiendo que no lo juzgaré. Y recordé cómo pasamos de ese estar acurrucados a follar como follamos, a llorar como lloré, a corrernos como nos corrimos. Recordé las veces que me masturbaba sola, recordé a qué olía la tristeza tras el orgasmo, recordé lo que deseaba de niña, recordé que lo que tengo es aún mejor, algo con tantos matices que jamás podría imaginarlo…

Y lo vi claro, la queja por el hospital se desvanecía, me olvidaba del cáncer, del tratamiento, me olvidaba de esos miedos que me asaltan de vez en cuando. Y solo podía sentirme afortunada, afortunada y confiada, si la vida me concedió el deseo con Él, por qué no iba a hacerlo con todo lo demás.

Y también supe que, aunque algunas personas crean que está “mal”, seguiré poniendo el foco en todo lo bueno que hay en mi vida, porque finalmente es mía, y de ello depende ser feliz o no, al margen de la opinión del resto.

2 thoughts on “Días de mierda

  1. Nemerecessaberlo says:

    Sabes porque tienes cáncer. Porque yo te he deseado todo lo malo. Porque una vez te ofrecí mi corazón en Twitter y tu ni contestaste, de hecho has seguido tu vida como si nada, y esa indiferencia a un ser tan puro como yo que te hubiera hecho más feliz que el hombre con el que estás tiene un precio. La muerte le ocurre rápida a todo el que me hace daño de cualquier manera.

    1. azoteycafe says:

      Cuando leí tu mensaje no me asusté ni me lo tomé personal. Ese comentario dice mucho más de ti que de mí. Era un acertijo y ya sé qué esconde: me pides ayuda, yo te la prestaré. Con la misma fuerza que tú me enviaste oscuridad yo te envío LUZ, la herida que te haga sentir esas cosas ha de ser muy profunda y dolorosa, te deseo de corazón que sane y que te conviertas de verdad en ese ser tan puro que sabes que eres, solo que aún no lo manifiestas de la manera más adecuada.
      Por mi parte ya estoy sana, hace mucho que superé el cáncer. Sé que una parte de ti se alegrará, me pongo en tu lugar y para mí sería una gran carga tener la creencia de que provoco la muerte de otras personas.
      Un abrazo muy fuerte y luminoso

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