El sueño

Esta entrada surge a raíz de un sueño que tuve. Hay noches que sueño con Él de una forma tan real que al despertarme lo veo de otra manera, con más excitación, admiración, amor… mi mente no distingue que eso no ha pasado de verdad y me paso los siguientes días en una nube. Esta vez decidí escribirlo…

La nota que le había dejado solo ponía una hora y una dirección. Estaba muy intrigada ¿Qué le habría preparado su Amo? ¿Sería un restaurante? ¿Una fiesta? Un lugar en el que vivir algo juntos, eso seguro.

Se sorprendió al llegar a la dirección, era un local pero no sabía de qué. Los cristales eran opacos y no había cartel por ningún lado. Llegó a creer incluso que se habría equivocado. Estaba buscando el móvil en el bolso cuando la puerta se abrió “¿Ángela? Pasa, te estábamos esperando”. Era un hombre al que no había visto nunca. Alto, grandote, con barba castaña y cara de bonachón. Ahora sí que estaba desconcertada ¿Qué era todo aquello? ¿Estaría su Amo dentro? ¿Qué narices pasaba?. El local era muy luminoso, aparentemente inocente, solo si te fijabas en las paredes, las láminas y posters que las adornaban, te dabas cuenta de que algo más perverso se hacía allí. La primera sala era un espacio amplio con una gran mesa de madera en el centro. “Siéntate, por favor” su tono era amable pero no daba lugar a desobedecer lo que decía. Frente a ella había una muchacha, su energía era alegre, divertida que la saludó emocionada. El hombre se sentó al lado de la chica y le hizo una caricia en la cabeza. Ese gesto y la reacción de ella, dejaban claro qué eran… La cosa se ponía más misteriosa y ella más nerviosa.

“Tu Amo me ha pedido un favor, mira tu móvil, tendrás un audio suyo” efectivamente. El audio era corto pero directo: Obedece, pórtate bien, aunque no esté te estaré observado.

“Ven, acompáñame a otra sala” dijo el hombre al terminar el audio. Lo siguió sin rechistar, lo cierto es que era una curiosa de campeonato, se ponía nerviosa en las situaciones nuevas pero le encantaba vivirlas. La habitación en la que entró era más pequeña que la anterior, también clara y luminosa. No había más muebles que una silla parecida a la de los dentistas en mitad y un carrillo metálico con diferentes cosas que no consiguió ver. “Siéntate y levántate un poco más la falda. Ahora quiero que estés tranquila, sé muy bien lo que hago. No te va a pasar nada malo más allá del dolor”. Se dirigió al carrito mientras ella se sentaba y volvió con una cuchilla desechable, de esas antiguas. La otra chica estaba apoyada en la puerta viendo la escena.

Los tres primeros cortes fueron por encima de la rodilla, rápidos y suaves, no sintió dolor, al menos no tanto como imaginaba. Era más bien angustia, como esa que sientes al cortarte al pasar la página de un libro. No salió sangre, simplemente las líneas se colorearon de rojo. “¿Qué tal, cómo te sientes?” Le llamaba la atención la energía de ese hombre, no la asustaba, era casi como una sensación de amistad. Era sonriente, cercano… “¿Cómo se va a sentir? Acabas de cortarle” dijo las chica. Él le contestó sonriente sin dejar de mirar a su “víctima” a los ojos “Bueno, pero seguro que ella entiende que estas cosas pasan , que lo podría evitar si siempre hiciese caso a su Amo” ella se ruborizó, se avergonzó, se sintió desnuda, nada le parecía tan íntimo como sus errores como sumisa. Esa tontería que a veces le daba de no tomarse muy en serio lo que su Amo le decía, le costaba encontrar el límite entre la confianza y la desobediencia. Supo perfectamente a qué se refería, unos días antes estaban en la cocina, ella cortaba queso mientras hablaba con aspavientos sobre algo. “Ten cuidado con el cuchillo, te vas a hacer daño” le dijo Él. Ella se rió “Vaya, el rey de destrozar los tomates al cortarlos me va a decir a mí que tenga cuidado con el cuchillo”. “Eh, te estás pasando” le dijo agarrándola del pelo y mirándola muy cerca “No te olvides de que, el que destroza tomates, es tu Amo. Buscaré la manera de que no se te olvide ese comentario tan tonto que has hecho”.

Allí estaba. Era curioso, su Amo no estaba allí, ni siquiera le estaban haciendo algo que le gustase, al revés, era de esas prácticas que siempre había rechazado y de las que se sentía a salvo porque a Él no le gustaba hacerlas. Lo había subestimado, había buscado la manera de hacerla pasar por ello, sin tener que hacerlo Él. No estaba pero lo sentía cerca, un ardor le recorrió el pecho, el ardor de ser Suya, de la admiración y la sumisión al Amo. No estaba pero estaba.

Los siguientes tres cortes fueron en el hombro. La situación le parecía hermosa, la técnica del hombre hacía que los cortes parecieran una especie de ritual. Algo más profundo que una práctica sádica. En el momento en que supo que todo aquello era un castigo preparado con cuidado por su Amo encontró el placer en la escena, ese placer que la elevaba, el placer de sentir. Así que se limitó a aguantar lo siguientes cortes, cerró los ojos y simplemente asumió. Fue hermoso.

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