La presión por sesión

Cuando yo empecé a vivir el BDSM con mi Amo no sabía ni qué era una sesión. Recordad que mis únicas fuentes era mis fantasías y anhelos e “Historia de O”. Mi percepción, lo que yo buscaba, era algo cotidiano, una vida en pareja basada en la D/s. En mis fantasías los azotes eran castigos, el dolor estaba repartido a poquitos en el ir y venir de cualquier pareja. Yo solo quería pertenecer. Pero empecé a leer blogs, descubrí la terminología y la forma de vivirlo de otras personas. En aquel momento lo más habitual eran las sesiones, al menos de lo que yo encontré. De repente me pareció que el BDSM se apoyaba en los pilares de esos ratos muy intensos, tanto, que sin ellos no eras Amo y sumisa. No sé cómo pude obviar lo que yo quería y fijarme solo en eso, pero era como un bebé dando sus primeros pasos en este mundo, además de mucho más joven e inmadura. Y, por si fuera poco, llegó Twitter. Cuando yo llegué a esta red social todo era más limitado que ahora, estábamos menos y todo era más enfocado al sadomasoquismo. Al menos la sensación que yo tenía. No fue fácil, mi Amo y yo sufrimos mucho a causa de esto. Yo por compararme, Él por lo insoportable que me ponía por esa comparación. Lo cierto es que no me di cuenta de que pocas personas vivían la D/s como nosotros, por lo que no era comparable. Claro que tenían sesiones, era su forma de vivir el BDSM, claro que le daban tanta importancia, las sesiones eran los momentos en los que podían estar juntos de forma física. Hasta hace poco no me he dado cuenta de que se instauró en mí la “presión por sesión”. Una sensación de que si no sesionábamos nos faltaba algo, no éramos Amo y sumisa de pleno derecho. Se instauró en mí ese anhelo, no por quererlo yo, sino por creer que sin eso no éramos.

Ahora las cosas son distintas, se habla de muchas más formas de vivir una relación BDSM de forma abierta y sin (casi) juicio, al menos no tanto como sentía antes. Me gusta pensar que algo he tenido que ver en eso.

El caso es que desde que nació mi hija pequeña hemos sesionado más bien poco. Lo cierto es que nunca fuimos de sesionar mucho, pero durante un tiempo (súmale el cáncer) ha sido muchísimo menos. Para mí una sesión era un rato largo en el que “haces y te hacen” muchas cosas. Nuestros ratos largos a solas y las cosas que podíamos hacer estaban muy limitadas. Así que me atormentaba un poco la sensación de que el BDSM se había apagado por las circunstancias, cuando en realidad solo lo habían hecho las sesiones. Porque todo lo demás estaba, todos nuestros protocolos, nuestro sexo, nuestras normas, la verticalidad… Ahora que escribo esto me siento una estúpida, por no haberme dado cuenta de que ese concepto de sesión era producto de unas circunstancias y gustos personales que nada tenían que ver conmigo.

El otro día, leyendo a alguna sumisa en Twitter que no vive aún con su Amo, me di cuenta de que no se pone en duda su relación BDSM en base a lo mucho o poco que sesionen. No importa si pueden verse y sesionar una vez al año o diez. Casi que me da la sensación que esos tiempos de distancia refuerzan la relación. Entonces me comparé, y me pregunté por qué yo sí me he sentido cuestionada o presionada por ese fantasma de la sesión. Cuando yo he podido sesionar lo mismo que esa pareja. Y entonces salió, lo vi claro. Creo que hay más expectativa sobre una pareja conviviente, iba a decir 24/7 pero no es eso, hay parejas en esta dinámica en la distancia, es por ser convivientes. Se espera que, ya que puedes, sesiones lo máximo posible. Sinceramente, no sé si esto es así realmente o mi percepción, aunque esta no suele equivocarse y noto las sensaciones sutiles muy bien, así que si se ha instaurado en mí esa presión por algo será.

El caso es que cuando llegué a esa conclusión me liberé muchísimo, porque me di cuenta que, precisamente por ser convivientes no precisamos de sesiones necesariamente. Podemos repartir lo que ocurre en una sesión en nuestro día a día. Aunque esto también me llevó a esa certeza de que nada puede arrebatarme mis sentimientos, mi felicidad con cómo es mi relación, sin importar qué título se le ponga.

A veces, incluso, me he sentido mal por ser muy sexuales, por basar mucho nuestro BDSM en el sexo. Qué cosas ¿Verdad? Vuelvo a remontarme a mis inicios por twitter y a las personas que tomé de referentes, como ya he dicho eran sobre todo parejas muy S/M (Lovepain, Karlotta…). Las admiraba tanto que no me di cuenta que no debía identificarme con ellas. Ni siquiera rebatirlas, éramos diferentes, éramos muestra de lo diverso y variado que es el BDSM. Tanto que dos personas dentro del mismo pueden ser completamente distintas en sus gustos, necesidades y prácticas.

Si me seguís en Twitter creeréis que todo esto viene de un comentario que me hicieron sobre que yo decía que era sumisa pero sesiones poquitas. Pero lo más gracioso es que no, todo esto que os cuento fue unos días antes. De hecho ese comentario me lo tomé como una prueba, una especie de examen a ver si era verdad que había procesado esa presión, si de verdad me había liberado. Y sí, en otro momento ese comentario me habría provocado una tormenta de dudas dentro. Pero no fue así, me di cuenta de que estoy muy segura de mi relación y de mí misma. De hecho los comentarios que hice al respecto fueron más por si a alguien podía ayudarle. Yo por dentro estaba en paz. Como siempre digo, lo ideal sería que lo que los demás opinen de nosotros no nos afectase de ninguna forma, pero no podemos ignorar que somos animales sociales y que sí nos afecta. Aspiramos a que cada vez menos, pero negar que estoy en ese proceso, que no está cien por cien conseguido no me ayuda en esa misión.

Esta reflexión me ha llevado de viaje por mi historia como sumisa, sobre todo en la parte afectada por las redes. Estoy orgullosa de mi evolución.

El mes pasado estuvimos de viaje solos. Tuvimos uno de esos ratos largos que identificaba como sesión. La disfruté, pero no más que el ratito en el que se la como mientras me mete “cosas”. No más que cuando follamos y me mueve pellizcándome fuerte la cintura. No lo disfruté más que cuando estamos viendo una serie solos, me pregunta algo y se me olvida decir “Amo” y me da pequeñas bofetadas en la mejilla mientras me regaña. No más que cuando me mete los dedos fuerte siempre que puede. No más que cuando me muerde, me dice cosas que me humillan un poquito, o cuando me humilla más “fuerte”. No disfruté más que cuando me da una orden…

No disfruté más que lo que puedo disfrutar en nuestro día a día cotidiano.

1 thought on “La presión por sesión

  1. Ornias says:

    Tenéis una relación maravillosa. Yo lo entiendo cómo lo entendéis vosotros.

Comments are closed.

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en el botón Aceptar, aceptas el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad