Amo, he vuelto

Beggin

Empezar una y otra vez. Caer y levantarse, construirse, deconstruirse y volverse a construir. Ese sería el resumen de mi vida, más aún como sumisa.

Que sí, que yo dije que quería más libertad, menos dominación, menos sumisión. Yo le dije que tras el cáncer necesitaba experimentar ser más la dueña de mis decisiones, que no podía someterme tanto como antes. Y Él, en ese amor incondicional que tiene hacia mí, en esa lealtad al consenso que profesa, se tragó las ganas. Contuvo azotes y bofetadas y se conformó con una dominación más suave, más sutil.

Todo fue bien, todo parecía encajar, todo parecía estar bien para ambos. Pero lo natural cae por su propio peso, no podemos controlar quiénes somos y uno de los dos vio el momento de volver, de retomar la intensidad de la Ds. Sí, fui yo, no podía ser de otra manera. Él es un experto en autocontrol y respeto, yo una experta en montañas rusas emocionales.

Algo pasó aquella noche, algo hizo click. Quizá fuese haberme sentido tan poderosa y líder presentando mi libro, quizá sentí que esa parte que necesitaba espacio, esa que es mi fortaleza individual, mi seguridad, mi valor como Ángela, ya estaba satisfecha, que el trabajo importante, ese que debía priorizar por encima de todo, ya estaba hecho. Quizá fuese ver la admiración en Sus ojos, quizá fuese cómo me ardía el corazón cuando lo miraba mirarme. Quizá fuese el frío del metal de mi nuevo collar, ese que me regaló para esa noche, ese que me puso tras haberme sentido la reina de los mares. Quizá fue el peso del mismo que me hizo agachar un milímetro más la cabeza. Quizá fuese verlo tan guapo con aquella luz tenue, verlo hablar con otros Dominantes estando yo a Su lado, un poquito por detrás, en silencio. Quizá fuesen los cincuenta azotes que me dio delante de todos, quizá fuese el empujoncito en la espalda para que me pusiera en la postura que Él quería, o quizá sentir Sus manos levantándome el vestido… O, probablemente, fuese una mezcla de todo eso, de sentir que podía percibirme válida y poderosa, y un minuti después ceder todo el control. Ese contraste que me vuelve loca. Quizá comprendí que antes lo mezclaba un poco todo, quizá comprendí que no necesitaba sentirme menos sumisa con Él, sino menos sumisa en general. Y que una vez ubicado todo, una vez puesto todo en su sitio, una vez que había echado a la sumisa de las áreas de mi vida en las que no debía estar, podía volver a dejarla salir en ese área donde tanto bueno me da.

El caso es que algo pasó aquella noche que hizo click y mis ojos cambiaron. Mi forma de mirarlo cambió, volví a necesitar Su dominio, ese que le sale tan hermosamente natural. Necesité la intensidad de antaño, pero sabiendo que ni Él ni yo somos los de antaño. Sabiendo que toca volver a redescubrirnos como Amo y sumisa, sumando además el relacionarnos con otras dos personas a las que también queremos. Pero ese, ese es otro tema…

Algo pasó aquella noche que hizo click y quebró un muro que había puesto a mi sumisión. Y llegó aquella horrible conversación en la que fui lo más torpe que jamás he sido con las palabras. Esa en la que volvimos a perdernos en la inmensidad de la incertidumbre. En lo complejo del “¿Y ahora qué?”. Porque en aquel momento yo no quería soltar nada, no quería desprenderme de las libertades que había adquirido, la mente decía que no, pero el corazón, el instinto, las entrañas me pedían volver a entregar el control al máximo. Y en la marejada, tragando agua salada entre las olas que nos ahogaban llegó Su “Yo me he estado conteniendo porque era lo que necesitabas, pero después de decirme que tú también lo echas de menos ya no le veo sentido a seguir reprimiendo esa parte” que me llevó a lo profundo del océano, ese tranquilo y sereno, en el que ves las cosas. Y vi lo estúpida que había sido al pensar que todo estaba bien, que mi necesidad era la Suya, que no había considerado que Él no había elegido esa nueva forma de relacionarnos. Creí que el dominio que ejercía le era suficiente. Y entonces sí, entonces me di cuenta de que el momento de tomar una decisión había llegado, que debía arriesgarme a perder libertad y confiar en que no volvería a mezclarlo todo, que sería capaz de incorporar lo aprendido estos años a mi sumisión. Me di cuenta de que ante la dualidad de lo que quería tenía que considerar también lo que Él quería de verdad. ¿Acaso no era ese el mayor gesto de sumisión? Volver a poner atención plena en Sus deseos…

Y qué dolor en el pecho volver a probar el frío suelo, volver a escuchar que me echaba de la cama. Qué curioso ver la dualidad dentro de mí, podía decir que no, que no tenía por qué aguantar eso, que podía dormir en mi cama. Pero no quería decirlo, un ardor interno me gritaba que me dejase llevar, que volviese a ese lugar, ese en el que acatas, en el que asumes que no es tu cama. Es Su cama.

No fue una semana fácil, la mente tiene mil argumentos, me gustaba mi comodidad, me costaba renunciar a ella…

Y hablé con Azul, que me conoce tan bien y tiene siempre las palabras mágicas para darme la clave de lo que me pasa. No olvidaré su “ Ya era hora de que se rompiese ese equilibrio de mentira que te habías montado. Llevas esperando que sea Él el que te haga sentir sumisa desde el verano pero sin soltar las riendas” que me hizo ver que, no solo había ignorado el deseo auténtico de mi Amo, sino también el mío. Y no pasa nada, era algo que debía vivir pero no podía seguir ignorando mi naturaleza, la Suya, la nuestra…

Las semanas siguientes han estado llenas de ruido emocional por otras circunstancias, así que aturullada no había podido reflexionar sobre todo esto hasta ahora que me siento a escribirlo. Por no variar, teclear es la mejor terapia, la mejor manera de conocerme y comprenderme. Hasta que no me he parado ante la hoja en blanco no me he dado cuenta de que lo que quiero es formalizar mi decisión, entregar de nuevo todo de mí, dejar salir a la Ángela sumisa y confiar en que no saldrá del área que le corresponde.

Antes me preocupaba cómo podía funcionar una Ds con una relación poliamorosa vainilla. Es decir, nosotros somos Amo y sumisa, pero solo entre nosotros, con las otras dos personas mantenemos relaciones vainilla. Me preocupaba que fueran incompatibles, pero ahora veo que precisamente esta peculiaridad puede ser uno de los factores que nos favorezcan. Que la vida nos ha dado la oportunidad de tenerlo todo. Aunque esto se merece una reflexión más larga y profunda.

Empezar una y otra vez, cambiar, porque todo cambia y esa es la base de todo. Redescubrirnos. Volver a poner consciencia en lo que siento, apagar el ruido para poder ver lo importante. Respirar, soltar, confiar… Volver a abandonar el control, lanzarme al vacío de Su dominio, renunciar a una aparente libertad mundana para reconquistar la libertad más maravillosa que hay: la de poder ser auténtica y llevar esa autenticidad a su máxima expresión.

Así que aquí, tras un viaje lleno de aventuras y experiencias vitales increíbles. Tras un viaje que era necesario pero transitorio, puedo volver a gritar a los cuatro vientos que vuelvo a ser la sumisa plena y orgullosa de serlo que fui… Sonriente y mirándolo a los ojos, desde abajo puedo decir:

Amo, he vuelto

1 thought on “Amo, he vuelto

  1. mrTalios says:

    Hola. Yo que solo te conozco por las redes sociales o alguna charla cuando hacías directos en Twich, últimamente no me parecías la misma que hace unos meses. Esta reflexión es muy reveladora. Si eso es lo que quieres me alegro mucho de tu «vuelta».
    Me he leído el libro. Refleja mucho sentimiento. Ahora estoy haciendo apuestas conmigo mismo sobre lo que es vivido y lo que es inventado, je,je, je.
    Saludos

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