El pecado del orgullo

A veces releo mi blog y en los primeros tiempos seguía una línea de mostrarme totalmente, casi se podría decir que usaba este blog para expiar mis pecados, reflexionar sobre las cosas y descubrir qué tenía que cambiar en mí. En estos últimos meses no lo he estado pasando muy bien y no me nacía escribir por aquí, quizá porque aún no estaba preparada para enfrentarme a mis errores de la forma tan directa como lo hago cuando escribo. Lo bueno que hay en mí es que no me rindo, siempre estoy trabajándome y tratando de descubrir qué es lo que está haciendo que no me sienta feliz.

Esta mañana me desperté con la intención de que fuese la mañana definitiva, la que me diese la clave de lo que de verdad necesito para sentirme bien del todo. Tengo claro que una de las cuestiones más importantes es trabajar mi autoestima, volver a sentirme valiosa. Porque, por más que mi Amo y todo mi entorno me digan lo maravillosa que les parezco y lo mucho que les gusta tenerme en sus vidas, yo parezco estar sorda y sus palabras pasan por mi mente pero no parecen llegar al corazón. Así que me puse un par de canciones de esas sensuales que invitan a retorcer tu cuerpo y disfrutarte. Eso me ayuda muchísimo a conectar conmigo misma y al terminar noté que darme un poco de autoamor no me vendría nada mal. Lo consulté con el Amo y me dio permiso con la condición de poder verlo. Ya de por sí esto me parece de un morbazo total, pero no es eso lo que vengo a contar hoy. Lo importante, y a donde quiero llegar, es las imágenes que me vinieron mientras me masturbaba, las palabras que imaginaba y que me iban llevando al orgasmo. Cuando me masturbo no sé con qué voy a fantasear, simplemente surge y en muchas ocasiones me sorprende, como cuando imaginé que era una bruja en un bosque y paraba de barrer para restregarme con mi escoba… Sí, así de aleatoría es mi imaginación. El caso es que hoy las fantasías eran una respuesta, como si mi inconsciente quisiera mostrarme qué me iba a aliviar, como si me excitase tanto precisamente por ello. Me daban la solución. En mis fantasías mi Amo era especialmente duro conmigo para que dejase de estar mal, para recordarme que me había salido de mi lugar y tocaba recordármelo. Lo que me ha llevado a una realidad bastante dolorosa y es la que vengo a confesar: mi orgullo siempre está agazapado esperando el momento de ser “legítimo” para hacerse con el control de mí y de las situaciones.

Y es que todos cometemos errores, todos hacemos cosas que pueden dañar a alguien sin querer. Yo soy de las que más la cagan, para qué engañarnos, quizá por eso mi orgullo se venga tan arriba cuando el que comete el error es otro, aún más si es mi Amo. Y es que todo este malestar nació de un “error” de mi Amo, un error que no es nada grave en realidad, simplemente no supo comunicarme bien algunas cosas, y no supo ver que yo estaba a punto de romperme (esto de hecho se hubiese evitado con una palabra de seguridad aplicable a las emociones, porque nadie es adivino). Lo peor de todo es que es el único “fallo” que ha cometido en 18 años, y lo pongo entre comillas, porque si yo hubiese sanado algunas heridas ese fallo ni siquiera sería tal, no habría tenido repercusión alguna. Pero se alinearon los astros para que me rompiese, ojo, precisamente gracias a eso pude ver esas heridas a las que nunca les había echado cuentas, así que no dudo de que todo fue como tenía que ser. Pero aquí de lo que vengo a hablar no es de que Él hiciese algo o no lo hiciese, vengo a hablar de que yo no era consciente de esa tendencia a subirme, a querer controlar y castigar al que, bajo mi punto de vista, se ha equivocado. En este tiempo mi orgullo me ha estado diciendo cosas muy feas de mi Amo, me ha estado diciendo que no se merece mi entrega, ni mi confianza ciega, le ha dado una dimensión enorme a algo que en realidad no fue más que un malentendido. Pero lo he machacado mucho. Yo que siempre dije que lo adoraba como a un dios sin olvidarme de que era humano, a la hora de la verdad no le he permitido ser esto último y me he enganchado al único “daño” que me ha provocado en 18 años, incluso viniendo este de un descuido y no de una mala intención. Yo soy una persona muy fuerte, tengo muchas herramientas para salir de cualquier situación, así que estos últimos dos meses me he preguntado por qué me sentía tan mal y no podía salir de ese sentirme mal. Y es que no era ni el daño, este era fácilmente subsanable, de hecho Él enseguida se hizo responsable de Su parte y la revertió totalmente. Ni tampoco la confianza, en realidad no había hecho nada para romperla. Ni era que Él hubiese cambiado, Él seguía siendo el mismo amándome incluso estando yo en mi peor versión. No era la comunicación ya que gracias a todo esto mejoró aún más entre nosotros, no era nada externo… Era el orgullo, ese oportunista que me dijo “aférrate a estar mal porque eso te da poder” es un poder que me hace sentir fatal porque me hace sentir fuera de mí, de mi centro, de quién soy… Me hace querer controlar, pedir explicaciones de todo, avivar el fuego de la ira y el enfado, no me permite amar, ni entregarme. Pero es que ese es el Ego, el que prefiere sacrificar todo eso por tal de tener la situación controlada, para evitar cualquier peligro por muy improbable que sea. Y es que su lema es “Tú controla que más vale prevenir” y en ese prevenir, sufres.

Así que por muy feliz que sea siendo sumisa, tengo un ego y un orgullo como todos, que me juega malas pasadas, y esta ha sido especialmente larga y dura. Pero no pasa nada, porque de lo que se trata no es de ser perfectos y ser siempre seres de luz maravillosos y angelicales. Se trata de indagar en nosotros, descubrir nuestras sombras y, una vez descubiertas, decidir qué hacer con ellas. Eso es realmente lo que importa, qué hacemos con nuestras sombras. Yo lo que he elegido es ser honesta con mi Amo, decirle todo esto, ofrecérselo también, porque entregarte entera es entregar las sombras también, aunque eso conlleve unas consecuencias que no te gusten. Y es que claro, he tenido que asumir y estar a favor del plan a seguir. Un plan que me devolverá a mi sitio, que devolverá al Ego a su lugar y deje de tenerme secuestrada. Es un plan desde el amor, y es que eso es lo mejor de Él, que siempre prioriza el amor, siempre me mira con compasión y ternura, lo que no quita que sea duro e implacable cuando es necesario, y ahora lo es. Pero estoy muy contenta, sé que dolerá y lloraré, pero ya he dado con la clave que no me dejaba avanzar ni salir de este estado del todo. Confiaré en el método, en el proceso, en mí y en Él.

Todo esto me ha hecho reparar en las diferencias de “poder”. Porque cuando soy sumisa, cuando estoy en mi ser de dar, entregar… no me siento despojada de poder, al contrario, me siento más poderosa que nunca. Y ahora que he ejercido mi poder desde el ego veía los resultados pero me sentía fatal, como nunca en mi vida me había sentido. Creo que es un tema interesante sobre el que escribir. También tengo pendiente el del apego, no se me olvida.

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